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EL LEGADO BAJO LA LUPA

Durante su extenso recorrido artístico, el Polaco registró múltiples grabaciones en las que lo acompañaron muchos de los músicos más importantes de la historia del tango. A continuación, un repaso y análisis de sus trabajos más destacados.

La discografía del Polaco Goyeneche es tan vasta y variada como atractiva. Podríamos dividir las más de 300 grabaciones por épocas para ponerle algo de perspectiva a la escucha. En 1952 comienza a grabar con la orquesta de Horacio Salgán. Sus versiones de “Alma de loca” y “Siga el corso” son acaso las más representativas de su correctísimo y algo tímido estilo de aquel entonces. También hay que mencionar las hermosas versiones del vals “Un momento” y el tango “Pan”. En 1956, Goyeneche ingresa a la orquesta de Aníbal Troilo, logrando la consagración a través de grabaciones como “Bandoneón arrabalero”, “Un boliche” y “Barrio pobre”. De esta primera época con Troilo (luego graba- ría en numerosas ocasiones como cantor invitado) también se destacan “La flor de la canela” y “Malón de ausencia”, ambos temas a dúo junto al cantor Ángel Cárdenas. Hablamos ahora de un Goyeneche con más experiencia, más fraseador y con una personalidad más marcada, ya más pícaro, con la voz perfecta y explorando un rango expresivo más amplio.

En los años 60, ya solista, la producción de Goyeneche fue muy prolífica. Entre los distintos socios musicales que tuvo debemos mencionar al Trío Los Modernos en 1960 (“Cuesta abajo”, “Lejana tierra mía”), el trío de Luis Stazo, Armando Cupo y Mario Monteleone en 1963 (“No nos veremos más”, “Carrousel”), a Armando Pontier en 1966 (“Mi canción de ausencia”, “La novia ausente”), la orquesta Baffa-Berlingieri en 1967 (“Berretín”, “Ese muchacho Troilo”, “Contramarca”) y la Orquesta Típica Porteña, con arreglos y dirección de Raúl Garello, a partir de 1968.

ROBERTO GOYENECHE, MENSAJE DE TANGO (1968 – RCA VICTOR)

En la difícil tarea de elegir un disco de la etapa solista del Polaco, muchos nos quedamos con Mensaje de tango. El disco es extraordinario, Goyeneche está en su mejor momento, con la voz radiante, el fraseo perfecto y la emotividad justa. El Polaco es el gran fraseador del tango, su forma de adelantar o atrasar las melodías es de una belleza y un virtuosismo inigualables. Su sentido del ritmo es envidiable, con una capacidad para jugar con el tempo capaz de poner celoso a cualquier músico. Goyeneche es el arquetipo del cantor al que el músico admira, porque se siente identificado con ciertos guiños interpretativos generalmente reservados para quienes tocan un instrumento. Todos esos guiños están aquí. Los arreglos de Garello y la orquesta –con el pianista Osvaldo Berlingieri, el contrabajista Fernando Cabarcos y el violinista Fernando Suárez Paz– son el mejor marco para este momento de Goyeneche. Según sabemos, Goyeneche y el productor Aquiles Giacometti se habían propuesto buscar para el disco un sonido con reminiscencias a la orquesta de Alfredo Gobbi. Coincidencias y diferencias aparte, hay que destacar que, como aquella dirigida por Gobbi, esta orquesta tiene mucho swing. Presten atención al trabajo del piano: Berlingieri conduce con una autoridad y elegancia maravillosas. Aquí hay versiones definitivas –si algo así existiera– de superclásicos como “Fuimos”, “El motivo”, “Mimí Pinzón” y una versión imperdible de “Mensaje”. Todo funciona en este disco; no tenerlo es perderse una de las mejores grabaciones que tuvo el tango en los años 60. Durante la década del 70, el Polaco realiza varios discos más con la Típica Porteña, dejando versiones notables como “Almita herida”, “La luz de un fósforo”, “El gordo triste” y “Nieblas del riachuelo”, por nombrar unas pocas. Sin embargo, algunas de sus grabaciones más recordadas las grabó con arreglos y dirección del pianista Atilio Stampone. Sus versiones de “Íntimas”, “Afiches”, “Chau… no va más” y “En un recodo del tiempo” son excelentes ejemplos de los tres discos que grabaron juntos entre 1972 y 1974. Pero es apenas antes, en 1971, que Goyeneche vuelve a cantar con Troilo para realizar un disco que aún hoy es referencia ineludible para propios y ajenos.

TROILO-GOYENECHE, TE ACORDÁS… POLACO? (1971 – RCA VICTOR)

Años después de la desvinculación del Polaco Goyeneche de la orquesta, Troilo y Giacometti idearon realizar un disco en el cual Goyeneche cantase viejos éxitos de los años 40: Troilo sugirió el título Te acordás… Polaco? Sin saberlo, grabaron un disco que fue y sigue sien- do modelo para muchos. Aquí hay tanta información resumida sobre cómo se canta el tango que realmente se convierte en una suerte de “manual de procedimiento”, al menos si nos referimos al tango tradicional. El sonido clásico, grande y lírico de Troilo, la voz impecable del Polaco, su fraseo justo y un repertorio imbatible son los elementos que, combinados, crearon la magia e hicieron historia. Muchos de los arreglos del disco fueron escritos por Garello, quien por entonces integra la orquesta de Troilo y se ha convertido en su principal arreglador. Las orquestaciones son sencillas, ¡pero qué bien suenan! Garello fue un verdadero maestro a la hora de escribir poco y que suene mucho. Aquí también hay arreglos de Julián Plaza, Astor Piazzolla y algunas cosas del archivo de la orquesta. El disco se realizó entre abril y junio de 1971 y, sin que nadie lo sospechase entonces, se convirtió en la última grabación de Aníbal Troilo. Todo el disco es fantástico; Goyeneche parece estar estrenando el repertorio como si lo hubiesen escrito para él. Incluso un tango como “Sur”, que tenía la marca a fuego de Edmundo Rivero, o “Barrio de tango”, recordado por todos en la versión de Francisco Fiorentino, suenan aquí con una frescura y originalidad sorprendentes. Otras versiones sobresalientes son las de “Fueye”, “Tinta roja” y “Una canción”. Ya en la década de los 80, con su voz profundamente castigada por las intensas circunstancias de su vida, realizó muchos y muy variados discos en los que se destacan versiones junto a Berlingieri en 1980 (“Nada”, “Ventarrón”), nuevamente la Orquesta Típica Porteña en 1981 (“Será una noche”, “Tu piel de jazmín”), Piazzolla en 1982 (“Balada para un loco”, “La última curda”, “Garúa”), el Sexteto Tango en 1984 (“Cautivo”, “Recuerdo malevo”, “Estrella”), Carlos Franzetti con una gran orquesta “a lo Sinatra”, como dijo alguna vez Goyeneche en 1985 (“Como la cigarra”, “Los ejes de mi carreta”). Es la época en la cual el Goyeneche cantor va dejándole paulatinamente el lugar al Goyeneche decidor. Desde 1989 y hasta su muerte, en 1994, el Polaco grabó varios discos bajo la producción de Litto Nebbia para su sello Melopea. Son años en los cuales su capacidad vocal está en su momento más crítico si se lo escucha con una mirada técnica, pero su estilo interpretativo está por las nubes, más alto que nunca. Amado por muchos y rechazado por otros, el último Polaco es casi otro artista, aunque claramente es la evolución de una vida como intérprete.

ROBERTO GOYENECHE, TANGOS DEL SUR (1989 – MELOPEA DISCOS Y MILÁN SUR)

De aquel último tramo de su catálogo se destaca este disco con arreglos y dirección de Néstor Marconi, viejo cómplice de Goyeneche en mil y una aventuras. Aquí, Marconi crea un marco ideal para esta última versión de nuestro héroe: los arreglos son modernos, llenos de florituras en el aire y crean el espacio justo para que el Polaco haga un despliegue total de sus posibilidades interpretativas. Con todo, con nada. Se des- tacan además los enormes Osvaldo Tarantino en el piano y Suárez Paz en el violín, embelleciendo cada tema con perlitas llenas de personalidad y buen gusto. Desde las versiones de “Buenos Aires conoce” y “Ventanita florida” hasta el estremecedor “Solo”, este disco es un verdadero capolavoro donde el último Polaco suena más creíble y conmovedor que nunca.

Escrito por
Ignacio Varchausky
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