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Caras y Caretas

           

Del caos al título mundial

La Selección de Bilardo llegó golpeada y discutida a México 86. Terminó levantando una copa atravesada por Maradona, Malvinas y la redención futbolera.

El largo y espinoso camino que condujo al segundo título mundial de la Argentina empezó a recorrerse el jueves 24 de febrero de 1983, cuando Carlos Salvador Bilardo asumió como DT de la Selección Nacional. El discípulo de Osvaldo Zubeldía le ganaba así la pulseada al DT de Ferro, Carlos Griguol, para convertirse en el sucesor de César Luis Menotti al frente del equipo argentino. En la decisión de Julio Grondona pesó el campeonato de Primera División que diez días antes había logrado Estudiantes de La Plata con Bilardo como DT. Su debut oficial ocurrió el 12 de mayo, con un amistoso que finalizó 2-2 ante Chile en Santiago y en el que jugaron por primera vez en la Selección mayor cuatro futbolistas que serían campeones mundiales tres años después: Oscar Ruggeri, Julio Olarticoechea, Ricardo Giusti y Jorge Burruchaga.

En septiembre tuvo lugar la primera gran frustración, con una temprana eliminación de la Copa América tras un 0-0 con Brasil en el Maracanã, que dejó al local en el primer puesto. En el partido de ida, en River, la Argentina había interrumpido una larga racha negativa ante los brasileños: ganó 1-0, con gol de Ricardo Gareca. Hacia diciembre ya se conocían quiénes serían los rivales de la Argentina en las Eliminatorias sudamericanas para el Mundial de 1986 en México, según el sorteo llevado a cabo el día 7 en Zúrich: Colombia, Perú y Venezuela. El continente tenía cuatro plazas por ocupar. Pero aún faltaba mucho tiempo.

Durante 1984 la Selección de Bilardo disputó varios amistosos, incluida una gira europea en la que derrotó a Bélgica, Suiza y Alemania Occidental por 3 a 1, subcampeona mundial en España 1982. Los amistosos de preparación de 1985 de cara a las Eliminatorias fueron cuatro, y en el tercero tuvo lugar el regreso más esperado: el 9 de mayo volvía Diego Maradona a jugar para la Selección (1-1 con Paraguay, gol del 10). El ídolo del Napoli no se calzaba la blanquiceleste desde el 2 de julio de 1982, cuando Brasil había eyectado a la Argentina del Mundial. El debut en las Eliminatorias fue en la ciudad de San Cristóbal el 26 de mayo de 1985, con una victoria 3-2 frente a Venezuela y dos goles de Diego Maradona y uno de Daniel Passarella. La marcha triunfal argentina continuó en los siguientes tres partidos: ante Colombia en Bogotá y frente a esos dos países en Buenos Aires.

LOS FANTASMAS DE PERÚ

Sin embargo, lo que parecía una tranquila clasificación se complicó. El 23 de junio Perú vencía al equipo de Bilardo en Lima por 1 a 0, con gol de Juan Carlos Oblitas y una inflexible y viscosa marca personal de Luis Reyna que anuló a Diego. El resultado aportaba un gran suspenso para la revancha en River una semana más tarde, ya que una derrota clasificaría a los peruanos. Tras una brutal patada a los cinco minutos de Julián Camino al peruano Franco Navarro, apenas sancionada con tarjeta amarilla por el juez brasileño Arnaldo Coelho, Pedro Pasculli puso en ventaja a la Selección. La visita pudo remontar y cerró el primer tiempo con un 2-1. El fantasma de Perú, que en 1969 en La Bombonera había eliminado a la Argentina del Mundial de 1970 en México, comenzó a sobrevolar el Monumental. Hasta que en el minuto 81 Ricardo Gareca conectó a la red un rebote otorgado por el arquero peruano ante un disparo de Daniel Passarella. Faltaría una agónica y memorable atajada de Ubaldo Fillol a Uribe para que quedara sellado el dramático empate 2-2, que clasificó a la Argentina. Fue el último partido del Pato Fillol en la Selección, ya que Bilardo no lo convocaría para el Mundial.

A mediados de diciembre se conocieron los futuros rivales en México. El sorteo determinó que la Argentina competiría en el Grupo A, junto con Bulgaria, Corea del Sur e Italia. Ya en el año del Mundial, 1986, el nivel futbolístico mostrado en los amistosos y la conformación de la lista de convocados generaron un clima adverso hacia Carlos Bilardo. Duros cuestionamientos de la prensa, declaraciones de jugadores y del anterior DT César Luis Menotti y presiones de la Casa Rosada signaron los meses previos al inicio del Mundial. Bilardo había decidido no exponerse a mayores presiones y resolvió que todos los amistosos se jugaran en el exterior –salvo uno disputado en Mendoza frente a un seleccionado local– y no solo ante selecciones nacionales. Así, hubo dos incursiones por Europa: en la primera, derrota 0-2 con Francia y victorias ante Napoli y Grasshopper Club Zürich; en la segunda, caída ante Noruega y goleada 7-2 a Israel. El último partido antes de llegar a México fue una igualdad sin goles con Junior de Barranquilla, en Colombia. En cuanto a los convocados, además del citado Fillol, Bilardo dejó afuera a Gareca y a Miguel Russo. Apuntalado ante las críticas por el titular de la AFA, Julio Grondona, sorprendió con las citaciones de Ricardo Bochini, Héctor Enrique y Carlos Tapia.

UN DEBUT SIN SORPRESAS

El debut mundialista fue sin sorpresas: el 2 de junio, en el Estadio Olímpico Universitario de México DF, la Argentina venció 3-1 al rival más flojo del grupo, Corea del Sur. Para la segunda presentación hubo que viajar a Puebla, donde con un tanto de Diego empató 1-1 con Italia. De regreso en el DF, venció 2-0 a Bulgaria y terminó primera en el grupo con un punto de ventaja sobre Italia. En la segunda fase el equipo argentino se trasladó a Puebla para el clásico rioplatense ante Uruguay, que venía de ser tercera en su zona, detrás de Dinamarca y Alemania Occidental. Pedro Pasculli marcó el gol de la victoria. En la segunda etapa se vio lo mejor del equipo de Bilardo hasta ese momento.

El gran choque, a cuatro años de la guerra de Malvinas, tuvo lugar en cuartos de final, en el estadio Azteca. El partido fue el de la “mano de Dios” y el del “barrilete cósmico”: la Argentina avanzó a semifinales venciendo 2 a 1 a Inglaterra, con dos inolvidables goles de un Diego en su mejor nivel y la aparición como titular de Héctor Enrique en lugar de Pasculli. Consolidado el equipo como gran protagonista, en el 2 a 0 a Bélgica por semifinales –con dos goles de Diego– tuvo lugar la mejor actuación blanquiceleste. Bilardo repitió el equipo titular, ya bien estructurado desde el fondo, con orden en el mediocampo y una ofensiva implacable. En la otra semifinal, Alemania Occidental doblegó 2-0 a Francia.

El 29 de junio de 1986, en el estadio Azteca, se disputó la gran final entre la Argentina y Alemania Occidental. Un partidazo en el que, con goles de José Luis Brown y Jorge Valdano, la Selección se había puesto en ventaja. Sin embargo, Alemania pudo igualar el marcador hasta que, faltando dos minutos, una gran definición de Jorge Burruchaga desniveló el resultado y le dio a la Argentina su segunda Copa del Mundo. Culminaba exitosamente un proceso caracterizado por cuestionamientos y desconfianzas. Un título que fue muy festejado y sobre el cual no recayeron las sospechas y reticencias que habían enmarcado la conquista anterior en 1978, en plena dictadura cívico-militar.

Escrito por
Edgardo Imas
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