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Caras y Caretas

           

Los más ganadores

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A lo largo de sus 120 años de vida Boca disfrutó de técnicos de gran prestigio. Pero Juan Carlos Lorenzo y Carlos Bianchi marcaron un antes y un después multiplicando la mística y el renombre internacional del club.

De los 67 entrenadores que dirigieron a Boca desde que en 1930 se instaló ese cargo de manera más formal –entre los que se encuentran figuras de la talla de Menotti, Bilardo, Basile, Óscar Tabárez, Alfredo Di Stefano y Renato Cesarini, entre muchos otros–, hay dos nombres que sobresalen. No solo porque integran el podio de los que más partidos condujeron al equipo, sino porque son los únicos que lograron la gloria máxima: ser campeones de América y del mundo.

En estricto orden cronológico, Juan Carlos Lorenzo y Carlos Bianchi edificaron un vínculo único con el club y tallaron en la piedra sus nombres para toda la eternidad.

Se da una curiosidad que los une: mucho antes de ser entrenadores, ambos tuvieron un vínculo muy estrecho con Boca. El Toto fue futbolista del equipo xeneize. Según detalla el invaluable sitio http://www.historiadeboca.com.ar, jugó 31 partidos y marcó 9 goles entre 1945 y 1947. Jugaba de entreala (mediapunta actual).

Lo del Virrey resulta de una casualidad muy infrecuente. El implacable goleador debutó como delantero de Vélez el 23 de julio de 1967 en el estadio José Amalfitani en un 1 a 1 contra… Boca. En ese mismo escenario, se retiró del fútbol argentino el 1° de julio de 1984 en una derrota 2 a 1 ante… ¡Boca! Los caminos de los dos como entrenadores del club de la Ribera también son muy similares. Lorenzo llegó a Boca a comienzos de 1976 y menos de 12 meses después ya era bicampeón del fútbol argentino (logró los torneos Metropolitano y Nacional, este último ganándole la primera final de la historia a River con un golazo de tiro libre de Rubén Suñé).

Y dos años y medio más tarde se proclamó Campeón del Mundo, después de un parejísimo 2 a 2 con el Borussia Moenchengladbach en la Bombonera y un categórico triunfo por 3 a 0 en suelo alemán.

LA ERA BIANCHI

Carlos Bianchi, en tanto, asumió como DT xeneize a comienzos de julio de 1998 y menos de 12 meses más tarde ya era bicampeón del fútbol argentino (ganó el Apertura 98, invicto, y el Clausura 99). Y dos años y medio más tarde se coronó campeón del mundo después de un electrizante 2 a 1 sobre Real Madrid en Tokio. Bonus track: aquella fue la última derrota del club merengue en finales internacionales.

El Toto tuvo el enorme mérito de ser el primer entrenador que condujo a Boca a la cima de América (bicampeón de la Libertadores en 1977 y 1978, y subcampeón en 1979) y del mundo (edición 1977), mientras que el Virrey fue quien lo sucedió en ese altar solo para elegidos. El club azul y oro debió esperar 22 años para volver a levantar la Libertadores. Pero la espera valió la pena porque enhebró su era más gloriosa con Bianchi como DT: tres veces monarca de América (2000, 2001 y 2003) y dos del mundo (2000 y 2003, ante Milan) en solo cuatro años. A esa gesta se le suma un subcampeonato en la Libertadores de 2004. Cuando le preguntaron por qué su equipo no fue a recibir la medalla después de perder por penales con Once Caldas, respondió: “No sabía que le daban medalla al segundo…”.

Otro bonus track: el DT del último equipo argentino campeón del mundo es Bianchi (Boca 2003) y el anterior, Bianchi (Boca 2000). ¿Y el anterior? ¡Bianchi!, con Vélez en 1994. Único. Inigualable. Incomparable.

El único que puede sentarse en la misma mesa que ellos es Miguel Ángel Russo, el entrenador que condujo a Boca a la que hasta ahora es su última conquista de América, en 2007, con un Juan Román Riquelme superstar. Su actuación está considerada la mejor tarea individual en una Libertadores en toda la historia de la competencia.

Fue precisamente Riquelme quien “culpó” a Bianchi de aquellos años dorados. En su partido homenaje, en junio de 2023 y rodeado de una Bombonera efervescente, El 10 le dijo al Virrey: “Usted es el culpable de que todos los bosteros pensemos que ganar la Libertadores es fácil. La culpa es toda suya. Que la gente nos tenga cariño nosotros es porque nos enseñó a competir, a intentar ser los mejores”.

LAS OBSESIONES DEL TOTO

Trabajadores, ordenados, serenos, docentes, Lorenzo y Bianchi supieron desde el primer día la importancia de llevar a Boca a lo más alto. Sin fórmulas mágicas, sino con compromiso, dedicación y un mensaje creíble que el futbolista incorpore. Más allá de los cracks que pudieran haber tenido en sus planteles.

Dijo el Virrey alguna vez: “Uno tiene que tener buenos jugadores. No fenómenos, sino buenos jugadores e inteligentes. Si son inteligentes, usted puede llegar a lograr cosas. Ahora, usted puede tener grandes jugadores que no sean inteligentes y no va a lograr cosas”.

El Toto estaba en todos los detalles. Desde los futbolísticos hasta lo periférico. Por ejemplo, en los partidos que se jugaban en la Bombonera hablaba con los agentes que estaban cerca de las esquinas del ataque visitante para que tenga más suelta la correa de los perros policía cuando el rival debía patear un corner.

Fue el primero en enarbolar la bandera que asegura que Boca es “Deportivo Ganar Siempre”. A raíz de eso, en más de una ocasión le cuestionaron su estilo, poco vistoso, y las maneras de llegar a la victoria. Respondía rápido con dos frases que alternaba: “El que quiere espectáculo, que vaya al Maipo” y “El que quiere chiches, que vaya a la juguetería”.

Ambos también tuvieron experiencias menos exitosas: Lorenzo tuvo a mediados de los 80 una breve segunda etapa que fue en un contexto volcánico del club y no estuvo a la altura de lo realizado en la década anterior. Y Bianchi “se despertó de la siesta” a comienzos de 2013 cuando tanto la conducción xeneize como el fútbol en general habían cambiado demasiado.

Siempre ganador, apostó todo a la Libertadores de ese año, en donde con un equipo menos vistoso que a comienzos de siglo llegó hasta los cuartos de final, donde Newell’s lo eliminó por penales luego de dos parejísimos 0 a 0 en la Bombonera y en el Coloso.

Pero nada de lo que hicieron después de alcanzar la gloria máxima como entrenadores de Boca pudo opacar lo que son: próceres, leyendas, estatuas. Héroes de la historia escrita con tinta azul y oro.

Escrito por
Pablo Lisotto
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