“A cincuenta años del inicio de uno de los períodos más trágicos de nuestra historia, me parece vital e indispensable revisar ese pasado que por momentos sentimos que se hace presente”, sostiene Felipe Pigna.
Por eso este libro. 1976 marcó un antes y un después en la historia reciente de la Argentina. Un año signado a fuego por un golpe de Estado cívico-militar que desencadenó la noche más oscura: el Estado nacional vuelto verdugo de su propio pueblo.
Como señala el autor en la introducción, para poder comprender lo que pasó en ese año de triste memoria para la mayoría de los argentinos, se hace necesario un recorrido exhaustivo sobre los años previos y el complejo proceso que se inauguró el 25 de mayo de 1973, cuando regresó la democracia –palabra poco usada y mucho menos valorada por entonces– después de 18 años de dictaduras y gobiernos ilegítimos, pues el peronismo estuvo proscripto todos esos años.
El trabajo detalla los pormenores menos conocidos de la conspiración, los jefes civiles del golpe y cómo se gestó su desarrollo paso a paso. Luego se adentra de lleno a través de cinco capítulos dedicados enteramente al primer año de la dictadura más sangrienta y devastadora de la historia argentina.
Con su lúcida mirada, y apelando –entre otras fuentes y testimonios– a documentos y archivos recientemente desclasificados, Felipe Pigna analiza en 76 los hechos más importantes de este primer año de la dictadura militar. Sin dudas, y nodal: el trazado de un plan económico empobrecedor que no podía llevarse adelante sin una feroz represión centralizada y sistematizada. Una maquinaria de muerte que se venía gestando desde mucho antes del golpe, incitado por una parte de la sociedad civil en complicidad con las Fuerzas Armadas. Pero también, y en esto 76 se vuelve un libro necesario, este minucioso trabajo echa luz sobre aquello que latía en las sombras: la resistencia de la cultura, del movimiento obrero, de las organizaciones estudiantiles y de derechos humanos.
Cerca de la idea de “comprender” más que de “justificar”, Felipe Pigna mantiene viva la memoria de quienes, pese a todo, sabían –y saben– que siempre existe un mañana.
