Puede una banda que siempre sonó como una catástrofe planeada buscar la redención sin perder su filo? Garbage, los maestros del pop industrial de laboratorio, apuestan en su octavo disco por cierta forma de luz al final del túnel. Let All That We Imagine Be the Light es, en palabras de Shirley Manson, una “máquina de esperanza”. Aunque, como casi toda máquina, a veces funciona muy bien y otras no tanto.
Concebido a distancia, en medio de una recuperación física devastadora de su cantante, el álbum es tanto un ejercicio de resiliencia como un documento de época. Shirley Manson grabó las voces postrada, mientras Butch Vig, Duke Erikson y Steve Marker –verdaderos ases del sonido y la producción– le mandaban demos por correo electrónico. El resultado es una pieza de relojería suiza sonora, que oscila entre el synthpop helado, el drama noir distópico y ráfagas de nostalgia alternativa.
El disco abre con una ironía: “There’s No Future in Optimism”. Un título provocador, un riff casi glam y letras que desafían al cinismo. “Future love, love future”, canta Manson, como si repitiera un mantra hasta convertirlo en acto de fe sobre una melodía difícil de olvidar. Ese tono –entre la convicción y la duda– recorre buena parte del álbum.
En “Chinese Fire Horse”, la cantante se despacha con sarcasmo contra el machismo, el edadismo y la insistencia en preguntarle si piensa retirarse. “Wait a fucking minute”, lanza, invocando el mismo fuego y encanto que la hacía peligrosa en los 90. “Get Out of My Face AKA Bad Kitty” es puro desenfado dance-rock con distorsión y plumas. Y “Sisyphus”, con su título mitológico y su melodía luminosa, podría estar firmada por los Pet Shop Boys en un brote de existencialismo. Es cierto que no todo es brillo entre los escombros. Let All That We Imagine Be the Light presenta algunos desniveles en la calidad de las composiciones: “Radical” y “Love to Give” le quitan solidez a un disco que golpea desde el primer segundo y no siempre logra mantener la misma intensidad. Pero cuando Garbage acierta, lo hace con precisión quirúrgica y como pocos.
“Hold” retoma los riffs industriales de Version 2.0, pero con una madurez emocional inesperada. “R U Happy Now” combina groove y melancolía, y en “Have We Met (The Void)” aparece ese tono lyncheano que Manson aborda como nadie: una niebla de angustia existencial con sintetizadores en clave Stranger Things. “The Day That I Met God”, el cierre del trabajo, funciona casi como una confesión/ epifanía narcótica: “Encontré a Dios en el Tramadol. ¡Tramadol, Tramadol!”. Se trata de una de las medicaciones que ayudaron –y parece que bastante– a Manson a transitar una doble operación de cadera. La cantante y compositora asegura que es la mejor canción que escribió en su vida.
Garbage volvió con un diario íntimo en busca de respuestas. Desencanto, lucidez y belleza se combinan con –otra vez– una producción brillante que suena contemporánea sin contradecir la historia de la banda, y con algunas melodías exactas. En un mundo cada vez más horrible, cierta esperanza genuina mientras todo se va a la mierda no parece, en este caso, un acto de ingenuidad. Todo lo contrario: hasta podría entenderse como un llamado a la resistencia.
