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Caras y Caretas

           

El mundo a sus pies

Ilustración: Gabriel Hernán Ramírez.

Fangio nació en Balcarce, se consagró en la Argentina y entró en la historia global en Europa. En Nürburgring escribió su capítulo final y se transformó en leyenda indeleble.

El 4 de agosto de 1957, en el Gran Premio de Alemania en Nürburgring, Juan Manuel Fangio alcanzó la cúspide de su carrera con una clase magistral de manejo. El mítico trazado germano, conocido como “El Infierno Verde”, fue el escenario justo donde el balcarceño demostró todo su talento y capacidad para alcanzar su quinta corona en la Fórmula 1.

Ese quinto título mundial, logrado en una época en la que la competencia era feroz, con máquinas al límite de la tecnología y pilotos dispuestos a arriesgarlo todo, consolidó a Fangio, para muchos, como el mejor piloto de todos los tiempos. Aquella victoria, histórica por donde se la mire, no solo significó la consagración definitiva de un talento excepcional, sino que marcó un antes y un después en la historia del automovilismo.

Nürburgring ‘57 fue una obra maestra que se gestó a lo largo de los años, pero que llegó al clímax en una pista que conocía como la palma de su mano. Aquel día, el Chueco no solo se enfrentaba a sus rivales: se enfrentaba a su propia historia, a las expectativas de quienes lo veían como el hombre que llevaba el nombre de Argentina a lo más alto del podio. Con una mezcla de elegancia, técnica y audacia, Fangio logró algo que muchos pensaban inalcanzable: llevar su número de campeonatos a cinco, superando a cualquier otro piloto de su época. Y por varias décadas. Una marca que tardó 45 años en ser igualada, cuando en 2002 el alemán Michael Schumacher logró el quinto de sus siete títulos.

Pero para entender la grandeza de ese momento, hay que volver al principio. Volver a 1951, cuando comenzó la leyenda.

1951 – ALFA ROMEO: EL NACIMIENTO DE UN CAMPEÓN

Fangio logró su primer título mundial el 28 de octubre de 1951, en el Gran Premio de España, disputado en Pedralbes, Barcelona. Corría para Alfa Romeo, una marca que ya era potencia en los inicios de la Fórmula 1. A lo largo de la temporada ganó tres carreras: Suiza, Francia y el GP de España. En una lucha cerrada con Alberto Ascari (Ferrari), Fangio se consagró campeón en la última fecha. Una victoria y un título que daban comienzo a la leyenda.

1954 – MERCEDES-BENZ Y MASERATI: EL REGRESO SOÑADO

Después de una dura lesión en 1952 y un año de recuperación, Fangio volvió con hambre de gloria y con ganas de volver a demostrar todo su potencial. Así fue que, en 1954, tras comenzar el campeonato con Maserati –ganando en Argentina y Bélgica–, a mitad de temporada se sumó al poderoso equipo Mercedes-Benz. A bordo de un revolucionario Mercedes-Benz W196, el argentino ganó en Francia, Alemania, Suiza e Italia. Logró seis triunfos en los nueve GP del año, una marca brutal para la época que lo fue convirtiendo en el hombre récord por décadas.

1955 – MERCEDES-BENZ: LA MÁQUINA PERFECTA PARA SU TRIPLE CORONA

Al año siguiente de su segundo título, Fangio continuó demostrando todo su poderío y dominó de principio a fin. Mercedes le dio un auto insuperable, pero lo que hizo la diferencia fue él, con su manejo. Así se impuso en Argentina, Bélgica, Holanda e Italia. Cuatro triunfos y dos segundos puestos en siete competencias disputadas. El título lo aseguró el 11 de septiembre, en el Gran Premio de Italia, en Monza, donde cruzó la línea de meta primero, como en un guion perfecto. Fue su tercer campeonato, y el mundo entero ya empezaba a hablar de él como el mejor.

1956 – FERRARI: CAMPEÓN EN MEDIO DEL CAOS

En 1956, Mercedes ya no estaba, así que Fangio se unió a Ferrari, aunque el auto era el heredado Lancia D50. Fue un año inestable: muchos abandonos, autos compartidos, decisiones al límite. Aun así, el Chueco ganó en la apertura del calendario en Argentina, en Reino Unido y en Alemania. El campeonato se definió el 2 de septiembre en Monza, cuando Fangio rompió su coche y Peter Collins, su compañero, le entregó el suyo. Con el segundo puesto alcanzado, Fangio sumó lo necesario para ser campeón. En total, fueron tres victorias y otro título en el bolsillo: el cuarto. Y lo había logrado con su tercera marca distinta.

1957 – MASERATI: EL ÚLTIMO GRAN BAILE

A sus 46 años, Fangio alcanzó su quinta y última consagración mundial, un título que fue épico de verdad. Ese 1957 manejó para Maserati y ganó cuatro carreras: Argentina, Mónaco, Francia y el mencionado GP de Alemania. Cuatro grandes victorias, pero lo que hizo en Nürburgring quedó grabado a fuego. En aquel Gran Premio germano, tras una parada fallida en boxes, perdió casi un minuto con la punta. Faltando diez vueltas, empezó una remontada que parece sacada de una película. A puro coraje y talento, voló sobre el
Infierno Verde, rompió el récord de vuelta ¡nueve veces! y superó a Hawthorn y Collins en la última vuelta. Esa carrera es considerada la mejor de la historia de la F1. Con ese triunfo, el 4 de agosto en Nürburgring, aseguró su quinto y último título en la que sería su última función. Al año siguiente, como un caballero, sin escándalos y con el reconocimiento de propios y extraños, Juan Manuel Fangio, el Chueco, se retiró del automovilismo. Simplemente, se fue en la cima.

EL LEGADO ETERNO

Fangio no solo dejó una huella en la Fórmula 1, sino en la cultura popular de la Argentina y en el corazón de todos los amantes del automovilismo. No solo por sus cinco títulos mundiales, sino por su forma de ser, su humildad, su habilidad para conectar con el público y su profesionalismo en cada carrera. “Fangio era un hombre que no hacía ruido, pero sus actuaciones eran estruendosas. Cuando él pilotaba, parecía que todo lo demás quedaba en segundo plano”, dijo alguna vez el gran Ayrton Senna, amigo y admirador del Chueco. Y vaya si tenía razón… Hoy, 68 años después de su última consagración, el legado de Juan Manuel Fangio sigue presente. Su nombre sigue siendo sinónimo de excelencia, y su historia continúa inspirando a nuevas generaciones de pilotos y aficionados. En cada circuito, en cada vuelta, en cada emoción que nos produce este deporte, están presentes su espíritu y su enseñanza.

Escrito por
Juan Manuel Danza
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