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Caras y Caretas

           

Soy de la esquina

Convertir desde esa posición es una rareza que exige precisión quirúrgica, descaro y algunos condimentos extras. El iniciático Cesáreo Onzari, Jorge Comas, Diego Maradona, Juan Román Riquelme y Benjamín Rollheiser en el plano local, y Bernd Nickel, Ferenc Puskás, Davor Šuker, Roberto Carlos y Álvaro Recoba, en el internacional, son algunos de los iluminados que supieron conjugar ese mix para quedar en la historia.

Lionel Messi convirtió goles apilando rivales, picándosela al arquero, gambeteándolo, tirándosela por encima y de caño. También después de una doble pared. Y de pecho, de tijera, de chilena y de volea. Pero nunca un gol olímpico. En el Torneo de Verano de 1988, Jorge Comas, “Comitas”, puntero izquierdo de Boca, metió dos goles directos desde el tiro de esquina, primero a Racing y luego a River, en la Copa Ciudad de Mar del Plata. O, dicho de otro modo: al Pato Ubaldo Fillol y a Nery Pumpido, arqueros campeones del mundo con la Selección Argentina en 1978 y 1986. El paralelismo sirve para poner en perspectiva el grado de dificultad del gol olímpico. De una especialidad de los futbolistas-artesanos.

    El último gol olímpico de Boca, según registra la notable web La historia de Boca, alimentada por Guillermo Schoua, historiador e integrante de la Subcomisión de Historia del club, lo anotó Juan Román Riquelme, el 9 de mayo de 2007, ante Vélez en Liniers en la vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores, la última que ganó Boca. Diez años más tarde, el rapero Acru tiró en unas barras de la canción Román: “Escribir con hambre me llevó a ganarme el pan / Con la actitud descarada de picarla en un penal / En días como hoy quiero ganar un Mundial / Goles olímpicos, joven Román”.

    Hay registros en la Argentina de goles directos desde el córner entre 1915 y 1924, convalidados y anulados, porque recién el 14 de junio de 1924 la International Football Association Board (IFAB) modificó la regla: el tiro de esquina pasó a ser un tiro libre directo cinco días después de los Juegos Olímpicos de París. Ninguno gol fue “olímpico”, ya que sucedieron antes del gol de Cesáreo Onzari, el 2 de octubre de 1924 en la cancha de Sportivo Barracas, en el amistoso de la Selección ante Uruguay, el campeón “olímpico” en París. El primer gol olímpico en un campeonato porteño de primera división, entonces, fue el de Héctor Rivas, el tercero en el 3-2 de Argentinos Juniors a Porteño, el 5 de abril de 1925, durante la primera fecha de la nueva temporada. El término “gol olímpico” se extendió hacia América y parte de Europa (España, Italia, Portugal).

    EN LA BUNDESLIGA TAMBIÉN

    El alemán Bernd Nickel jugó 534 partidos en el Eintracht Frankfurt de Alemania entre 1967 y 1983, levantó tres Copa de Alemania y, en la temporada 1979/80, la Copa UEFA. Nickel, uno de los mediocampistas icónicos de la Bundesliga, marcó 178 goles con el Eintracht. Es el jugador que clavó goles olímpicos desde las cuatro esquinas, siempre en el Waldstadion de Frankfurt. Uno, con el revés zurdo de su pie izquierdo, a Sepp Maier, arquero campeón con Alemania del Mundial 1974. A Nickel lo apodaron “Doctor Martillo”.

    En el fútbol de la Primera División de la Argentina, en el Torneo Nacional 1973 que ganó Rosario Central, Daniel Aricó, su puntero izquierdo, convirtió tres goles olímpicos en las primeras cuatro fechas: en la primera ante Belgrano, en la segunda contra Atlético Tucumán y en la cuarta frente a Chaco For Ever. El último gol olímpico en la Primera División argentina, al cierre de esta edición, lo anotó el 22 de julio de 2023 Benjamín Rollheiser, con Estudiantes ante Belgrano por la Liga 2023, el noveno en lo que va del siglo XXI.

    Entre lo bizarro y las historias de color: a principios de la década del 90 se jugaron triangulares en los que, en caso de empate en partidos de solo 45 minutos, la definición incluía tiros de esquina sin arquero y no penales. Es decir, goles olímpicos. Como la Copa Libertad 1993 que Racing le ganó a San Lorenzo y a Peñarol de Uruguay en la cancha de Vélez. La idea del torneo “relámpago” había sido del periodista Fernando Niembro, quien se la había “vendido” a Alejandro Romay, empresario de medios, dueño del viejo Canal 9.

    No hay registros oficiales de goles olímpicos. En el blog Trequartismi, el historiador italiano Diego Marongelli elaboró una tabla de los futbolistas con más goles olímpicos tras horas y horas de navegar por Internet y cruzar y chequear datos. Primero y segundo aparecen los turcos Sükrü Gülesin (32) y Mustafa Denizli (18). El tercer lugar lo comparten el libio Ali Zgouzi y el italiano Massimo Palanca (13). Y en el cuarto puesto hay un argentino: el mendocino Víctor Legrotaglie, un 10 de leyenda que prácticamente no salió de la provincia de Mendoza pero que, cuentan, lo buscaron el Real Madrid, el Inter de Italia y el Santos de Pelé, y que él eligió quedarse. Legrotaglie anotó 116 goles en su carrera: se estima que, a partir de su pegada artesanal, 60 de tiro libre y, claro, 12 olímpicos.

    DIEGO, SIEMPRE PRESENTE

    Si Messi todavía no convirtió un gol olímpico, Diego Maradona metió apenas uno en su trayectoria. Fue el 24 de febrero de 1985, el tercero en el 4-0 del Napoli a la Lazio por la Serie A en el estadio San Paolo, que hoy lleva su nombre. Otros genios del juego del fútbol que marcaron goles directos desde el córner fueron el húngaro Ferenc Puskás, el croata Davor Šuker y el brasileño Roberto Carlos. Mix de talento, imaginación, descaro y precisión.

    El uruguayo Álvaro Recoba, zurdo de pegada excelsa, anotó seis goles olímpicos en su carrera. Jugó entre 1997 y 2007 en el Inter de Italia y el Mundial de Corea del Sur-Japón 2002: en los festejos de sus goles olímpicos, los compañeros simulaban lustrarle el botín. “Muchas veces que voy a patear el córner, me pongo un poco más en diagonal a la pelota. Y cuando ya veo que voy a patear al arco, más recto –reveló una vez el Chino–. Para patear un córner lo fundamental es que la pelota gire, y para eso tenés que pegarle con la parte interna tirando al empeine, pero no de empeine porque no gira. Te vas perfeccionando para patear una pelota a la que puedas darle potencia y, al mismo tiempo, efecto”. En 2016, en su partido homenaje en el Parque Central de Nacional, a Recoba le regalaron un cuadrado de cemento con dos líneas blancas en 90 grados y un palo clavado en la unión con una banderita roja: un tiro de esquina.

      Escrito por
      Roberto Parrottino
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