Desde que se convirtió en ley nacional, en octubre de 2014, el Día Nacional de la Juventud se conmemora cada 16 de septiembre en todos los colegios del país en homenaje a los jóvenes detenidos y desaparecidos en la denominada Noche de los Lápices ocurrida en 1976. Pero la iniciativa había nacido varios años antes, en 2006, por impulso del entonces presidente Néstor Carlos Kirchner, y sus antecedentes son muy anteriores, y se remiten a los primeros años desde la recuperación de la democracia.
Cuando Kirchner repuso en la opinión pública la importancia de reivindicar la gesta por los Derechos Humanos y la valoración de la militancia política, retomó el espíritu de aquellos primeros años posdictadura y propuso llevar al plano de la legislación nacional una norma que ya regía en la provincia de Buenos Aires. En los fundamentos del proyecto, que firmó él mismo refrendado por sus ministros Alberto y Aníbal Fernández, exponía la necesidad de establecer “un día en particular en el que en la República Argentina los jóvenes puedan reflexionar, a partir de ellos y de nuestra historia, saber quiénes fueron, quiénes son y quiénes quieren ser”.
Por distintas razones perdió estado parlamentario y fue varias veces repuesto hasta que recién el 22 de octubre de 2014 alcanzó la sanción definitiva. En ese recorrido, ganó dos artículos, ya que el proyecto original solo establecía la fecha. El vigente artículo 2° ordena al Ministerio de Educación de la Nación, en el marco del Consejo Federal de Educación, promover “la incorporación de la fecha mencionada en el artículo precedente en el calendario escolar e implementará actividades tendientes a difundir entre los alumnos el conocimiento y significado de la conmemoración”. El artículo 3° invita a las jurisdicciones educativas provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la ley.
“Se propone, así, instituir un Día Nacional de la Juventud que tenga por objeto que los jóvenes de nuestro país se reconozcan como protagonistas de su propia historia, sujetos de deberes y de derechos, ejerciendo plenamente su libertad y sus potencialidades, y manteniendo la lucha, siempre interminable, por una patria para todos”, sentenciaba la fundamentación final.
LA INICIATIVA ORIGINAL
Pero antes de convertirse en una ley nacional, la conmemoración tuvo su antecedente provincial muchos años antes, casi 26 antes de la sanción y 18 antes de la presentación de Kirchner. Fue por iniciativa del entonces diputado provincial de la Unión Cívica Radical, Carlos Fernando Acedo. Este ingeniero químico de La Plata, mejor conocido en el ámbito político por su segundo nombre, había militado en la Juventud Radical durante la dictadura y, siguiendo a Federico Storani, fue parte de la Junta Coordinadora Nacional que trabajó en la campaña que llevó a Raúl Alfonsín a la presidencia de la Nación en 1983. Su proyecto se convirtió en ley en la sesión del 24 de marzo de 1988. La firma estaba acompañada por los diputados también radicales Ernesto Elías y Horacio Ravenna. Este último, un abogado con destacada actividad en los Derechos Humanos, llegó a participar de la redacción de la Convención Internacional sobre Desaparición Forzada de Personas y hoy es vicepresidente del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la Oficina para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.
El proyecto recordaba los trágicos episodios que tuvieron como víctimas a jóvenes estudiantes durante los días oscuros. “Así podemos citar el secuestro y desaparición de Pablo Fernández Meijide, Eduardo Oscar Muñiz, María y Leonora Zimmerman, todos estudiantes del Colegio Nacional de Vicente López entre el 20 y 23 de octubre de 1976, o también a Horacio Ungaro, Daniel Alberto Racero, Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Víctor Treviño, Claudio de Acha y María Clara Ciocchini, quienes formaban parte de un grupo de 16 jóvenes, que había tomado parte de una campaña pro boleto estudiantil desaparecidos el 16 de septiembre de 1976”, apuntaba en los fundamentos. “A fin de englobarlos a todos en el recuerdo se ha elegido esta última fecha, ya que a partir de su conocimiento masivo durante el proceso dispuesto por el D.N. 158/83, se ha convertido en un símbolo de esta tragedia. La opinión pública ha designado el 16 de septiembre de 1976 como ‘la Noche de los Lápices’”, señalaba.
La Ley 10.671 que instauró el “Día de los Derechos del Estudiante Secundario” estableció que los colegios dependientes de la Dirección General de Escuelas y Cultura de la Provincia de Buenos Aires debían desarrollar una clase de “una hora” sobre “el tema Democracia y Derechos Humanos a los efectos de la recordación del 16 de septiembre de 1976”. Fue modificada nueve años después con la Ley 12.030, que amplió las actividades habilitando a que se desarrollen “clases alusivas a esta conmemoración, al tema Democracia y Derechos Humanos, brindando información sobre los sucesos acaecidos el 16 de septiembre de 1976, remarcando la importancia de los valores democráticos en contraposición a la arbitrariedad de los regímenes dictatoriales”. Esta nueva ley también incorporó el 16 de septiembre al calendario escolar y autorizó a los Centros de Estudiantes a realizar actividades culturales y deportivas alusivas. Esta es la ley que rige hoy día en la provincia, en perfecta sintonía con lo establecido en todo el país, que tuvo también sus correlatos en las provincias. Fernando Acedo pudo ver cómo aquel proyecto que reivindicaba a la militancia y reclamaba un homenaje al nivel de los mártires de Chicago alcanzaba el estatus de ley nacional. Murió poco después, el 18 de noviembre de 2017.
