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Los números no mienten

Télam 16/03/2018 Buenos Aires: El presidente, Mauricio Macri recibió en la Residencia de Olivio a la directora del FMI, Christine Lagarde. Foto: Florencia Downes/ LAP.

La historia económica y política oficial de la Argentina oculta aquello que los poderes concentrados no quieren o no les conviene mostrar. Y lo oculto sorprende. Mostrar y difundir esa información es una forma de resistencia ante esos poderes, también una forma de mostrar realidades incontrastables. Para ello, se analizan los principales resultados económico-sociales y políticos alcanzados por las distintas presidencias desde 1942.

Comenzando con los datos duros disponibles, para el inicio de cada presidencia se muestra el valor en dólares del PIB por habitante, su variación porcentual total y el promedio anual en la duración de cada presidencia, el nivel de la deuda externa por habitante medido en dólares al inicio, su variación total de esa deuda para cada ejercicio, la tasa de desempleo y su variación, así como la distribución del ingreso per cápita al finalizar cada ejercicio. Los resultados que se muestran en la tabla comparativa deparan algunas sorpresas.

Los mejores y los peores gobiernos según variación del PIB

Foto NA:Marcos Adandia

Las mejoras en el PIB por habitante están encabezadas por la presidencia de Néstor Kirchner, con un promedio del 7,5 % de aumento anual del PIB por habitante. Continúan la presidencia de Illia, con 5,7 % de promedio anual; la dictadura autodenominada “libertadora”, con 4,9 %; los primeros gobiernos de Perón, con 4 %; la dictadura de la Revolución Argentina, con 3 %; las presidencias de Menem, con 2,7 %; las de Cristina Kirchner, con 0,9 %; Castillo, Farrell y otros con 0,8 %; Fernández con 0,6 %, y cierra la última dictadura cívico-militar con el 0,3 % de promedio anual de mejora durante su gestión.   

Del lado negativo y en sentido creciente, la presidencia de Frondizi mostró una pequeña caída del 0,01 % anual; seguido por las presidencias de Cámpora, Perón y otros con una caída anual promedio del 0,5 %; Macri, con -1,8 % anual; Alfonsín con -2,4 %; Duhalde con -3,5 %, y cierra De la Rúa con -3,7% de caída en cada año de su gestión.

Las dictaduras militares (la Libertadora y la Argentina) en materia económica mantuvieron políticas desarrollistas que en alguna medida dieron continuidad a las precedentes, con lo que lograron mejoras del PIB/habitante. En tanto, la dictadura cívico-militar de 1976 significó un viraje al neoliberalismo basado en la valorización financiera; pese a ello y como resultado de un inédito nivel de represión social logró mantener un mínimo margen de mejora del PIB per cápita que no pudieron mantener las presidencias civiles que la sucedieron y que mantuvieron sus políticas neoliberales. 

El desempeño según la variación de la deuda externa

En primer lugar conviene recordar que la deuda externa no es intrínsecamente mala. Puede ser positiva cuando se destina a la ejecución de obras o a la inversión productiva. En cambio resulta negativa cuando se destina a la especulación financiera o a la fuga de divisas.

Respecto del desempeño se destaca la segunda presidencia de Perón, toda vez que en 1952 la Argentina pasó de ser un país deudor por 12.500 millones de pesos moneda nacional a convertirse, por única vez en la historia, en acreedor por más de 5.000 millones de pesos moneda nacional (unos 230 millones de dólares de la época).

Recién a partir de 1973 se dispone de valores publicados por el Banco Mundial. Según esos datos, desendeudaron a la Argentina, en primer lugar la presidencia de Néstor Kirchner, con una reducción de la deuda por habitante del 29,2 %; Fernández, con una reducción del 11,1 %; Duhalde, con una reducción del 3,8 %, y De la Rúa, con una reducción de la deuda del 1,8 %.

Foto: Román von Eckstein/Archivo Télam.

En orden creciente los endeudadores fueron las presidencias de Cámpora, Perón y otros con un 22,8 % de aumento, seguidos por Alfonsín con 27,4 %; Cristina Kirchner, con 35,29 % de aumento; Macri con 53,1 %; Menem con 103, 4%, y la dictadura cívico-militar con un aumento de la deuda per cápita de 341 %.

El endeudamiento con el FMI merece una consideración especial, en tanto sus créditos están sujetos a fuertes exigencias que condicionan fuertemente a la política económica doméstica.

Según el Observatorio de la Deuda Pública, en 1958, Frondizi acordó con el FMI el primer préstamo stand-by por 75 millones de dólares, seguidos de tres nuevos préstamos por US$ 100, cada uno. Guido acordó un nuevo stand-by por US$ 100 millones. La dictadura de la Revolución Argentina añadió dos stand-by por un total de US$ 250 millones. La dictadura cívico-militar sumó tres nuevos préstamos por un total de US$ 2.694 millones. Ya en democracia Alfonsín gestionó dos stand-by por un total de US$ 2.850 millones y Menem hizo lo propio con tres créditos por un total de US$ 3.800 millones. De la Rúa agregó un nuevo stand.by por US$ 7.200 millones y Duhalde sumó otro por US$ 8.522 millones.

En septiembre de 2003 Néstor Kirchner acordó un crédito por 12.500 millones de dólares, aunque en enero de 2006 canceló anticipadamente el total de la deuda con fondos del Banco Central, y puso un fin temporario a la relación con el FMI y los compromisos a que obliga el organismo. Esta independencia respecto del FMI se mantuvo durante las dos presidencias de Cristina Kirchner.

En junio de 2018, en un contexto de corrida cambiaria y una extraordinaria fuga de capitales, Macri acudió al FMI, donde obtuvo crédito por hasta 57.000 millones de dólares, de los cuales se recibieron US$ 44.000 millones, una cifra que no solo es récord histórico para el organismo, sino que además violenta sus propias reglas internas.

Con el gobierno de Fernández se llegó a un acuerdo de refinanciación a largo plazo, sin aumentar el monto de la deuda. Al cierre de este análisis, Milei había incrementado la deuda con el FMI hasta 57.250 millones de dólares, un aumento del 30 por ciento respecto de la presidencia de Fernández.

El desempeño según la variación del desempleo

La presidencia que logró la mayor reducción de la tasa de desempleo fue la de Néstor Kirchner, con una baja del 44,8 % en su ejercicio. En orden descendente le siguen la presidencias de Fernández, con una reducción del 37,8 %; las de Cámpora, Perón y otros, con una reducción del 19,6 %; las de Cristina Kirchner con el 15,3 %, y las presidencias de la dictadura cívico-militar, con una reducción de la tasa de desempleo del 6,6 %.

En sentido contrario, los niveles de desempleo aumentaron en el gobierno de Duhalde con el 13,3 %; en el de Macri, con el 21% de aumento; De la Rúa con el 22,7%; Alfonsín con el 73,8%, y culminando con las presidencias de Menem con un aumento del desempleo del 157,5 % durante su gestión.

En los dos primeros años de la gestión Milei el desempleo creció un 23 por ciento.

El desempeño según la variación en la distribución del ingreso

Como se muestra en la tabla comparativa, según los datos solo disponibles a partir de 1999, lograron mejorar la distribución del ingreso –medida como la relación de los ingresos del 10 por ciento más rico de la población respecto del 10 por ciento más pobre– los gobiernos de Duhalde, en un 36,1 %; de Néstor Kirchner, con una mejora del 35,2 %; Cristina Kirchner con una mejora de 25,1 %, y el de Alberto Fernández en 12,4 %.

En sentido contrario, desmejoraron la distribución del ingreso las presidencias de De la Rúa, con una caída de 43,5 %, y Mauricio Macri, con una caída del 3,9 %. En los primeros dos años del gobierno de Javier Milei esa distribución empeoró con una caída del 9,8 % en favor de los más ricos.

Un ensayo de evaluación más integral

Una evaluación más integral de los desempeños presidenciales hace necesario tener en cuenta el acuerdo de Bretton Woods de 1944, que aseguró un período de treinta años de crecimiento sostenido de la economía mundial, que en la Argentina se reflejó en políticas destinadas a favorecer el desarrollo productivo, en especial el industrial. También es necesario tomar en consideración el auge del neoliberalismo que se registra desde 1976.

Una evaluación más acabada hace imprescindible considerar las principales medidas y legislaciones promulgadas en las distintas presidencias, así como el impacto de las seis grandes crisis internacionales que se sucedieron en el período –la crisis del petróleo (1973), la crisis de la deuda latinoamericana (1982), la crisis financiera asiática (1997), el “efecto Tequila” y la crisis rusa (1994-1998), la gran recesión (2008), la crisis del covid-19 (2020)– y los principales hechos nacionales que afectaron o favorecieron su desempeño integral, según se pasa a revisar someramente para las gestiones que se sucedieron a partir de 1963.

Algunas conclusiones

La más evidente es que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y de Fernández lograron mejorar el PIB por habitante y simultáneamente mejorar la distribución del ingreso, reducir el desempleo y generar nuevos derechos. Aunque no se dispone de datos publicados, todo indica que la presidencia de Arturo Illia siguió ese mismo sendero. La presidencia de Duhalde, si bien no logró mejorar el PIB/habitante ni reducir el desempleo, pudo reducir la deuda externa y mejorar notablemente la distribución del ingreso.

En la vereda opuesta, los gobiernos de la dictadura cívico-militar, De la Rúa, Macri y Milei, regidos por políticas neoliberales y por el abandono de políticas de desarrollo fundamentadas en la producción y el trabajo, aumentaron el desempleo y la deuda por habitante, por lo general reduciendo y en solo dos casos mejorando levemente el PIB por habitante y aplicando en todos los casos políticas represivas en favor de los intereses concentrados.

Los casos de Alfonsín y de Menem son especiales. Alfonsín porque, a pesar de su mal desempeño económico, contra viento y marea logró restituir la democracia, el ejercicio de los derechos humanos y enjuiciar a las Juntas. Menem porque ganó la presidencia con propuestas cercanas al peronismo pero, una vez asumido el poder gobernó, con un programa contrario a los intereses de las grandes mayorías y muy similar a los ensayos neoliberales que, como los demás de esa orientación, finalmente terminó fracasando.

Otras conclusiones refieren al ocultamiento y la estigmatización perpetrados en modo sistemático por los medios de comunicación masiva respecto de las presidencias de Arturo IlIia y de Alberto Fernández, así como el ocultamiento de realidades en la actual presidencia de Javier Milei.

En el caso de Illia ocultando los resultados económicos y sociales de su gobierno en favor de los trabajadores y su lucha contra los poderes concentrados, en especial de los laboratorios, que al acusarlo de lento e indeciso encabezaron una contraofensiva que finalmente concluyó en su derrocamiento. 

Respecto de Alberto Fernández haciendo resaltar el escándalo de las reuniones sociales en Olivos durante la pandemia sin destacar algunos importantes logros en materia económica y social.

Sobre la actual gestión de Javier Milei se destaca el ocultamiento de la falsedad de los superávits que, en la realidad, están fundados en la eliminación de la obra pública, la reducción indiscriminada de la estructura gubernamental y de los presupuestos de salud y educación, que son celebrados y justificados por la gran mayoría de los medios mientras se beneficia a los sectores más ricos con crecientes reducciones impositivas y se castiga a los trabajadores con mayor desempleo y menores salarios.

Posiblemente lo más grave es el ocultamiento de la degradación institucional que ejerce la presidencia de Milei mediante la compra de favores con gobernadores aliados y con el desconocimiento de leyes aprobadas por el Congreso.

Para finalizar este recorrido se destaca la necesidad de exponer, poner en discusión y difundir los resultados de las distintas políticas aplicadas por las presidencias que se sucedieron en los últimos 84 años, en modo que, en lo sucesivo cada uno respalde aquellas propuestas y planes de gobierno que respondan a sus intereses reales y no a las fantasías que promueven los poderes concentrados.     

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