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Bolsillos flacos, consumo deprimido 

La receta es simple y conocida, pero no por eso menos nociva para el ciudadano de a pie. Ni que hablar para quienes tienen ingresos fijos, como es el caso de jubilados, pensionados, asalariados en blanco, en negro o del color que sea, y quienes perciben algún tipo de asistencia de parte del Estado, vía prestaciones o programas sociales. 

Desde hace varias décadas en la Argentina, cada vez que un gobierno pone en marcha un plan antiinflacionario, la orientación del programa o las medidas específicas apuntan en el mismo sentido, un brutal “apretón monetario”, como el país vivió con intensidad a mediados de este año, con las consecuencias conocidas. Obviamente, no fue el único apretón o ajuste que sufrieron los argentinos, aunque sí el que está más fresco en la memoria por el ser el más reciente. 

La estrategia consiste en sacar pesos de circulación, literalmente “secar la plaza”, que es equivalente a vaciar los bolsillos de la gente y achicar el “disponible” de las empresas, bajando en la práctica las posibilidades de consumo para que, ante la notoria reducción en las ventas, industrias y comercios eviten trasladar los aumentos de costos a los precios y así aplacar la inflación, o al menos cortar de algún modo la inercia. 

Si bien es la receta clásica, que se usó también en otros países, la Argentina aplicó numerosas veces y ciertamente es la que produce resultados más rápidos y visibles, con efectos electorales casi inmediatos, la estrategia virtuosa para bajar la inflación, que iría más por el lado de incrementar la oferta de bienes y servicios. 

Así, siguiendo la conocida ley de la oferta y la demanda, al haber más productos, marcas y presentaciones en góndolas y estanterías, o mayor cantidad de oferentes de servicios, la competencia haría que los precios bajen. 

El problema es que la estrategia virtuosa necesita, casi por definición, una inyección de inversiones para incrementar la capacidad productiva, ampliar plantas de producción y locales, sumar personal, incorporar tecnología, eficientizar procesos, etcétera, que además de insumir dinero, algo no menor en épocas de falta de financiamiento y tasas de interés elevadas como las actuales, también requiere de tiempos más largos para que se vean resultados, porque las inversiones tienen necesariamente que madurar. 

Hueso duro de roer 

En este contexto, y en la Argentina del corte de presupuesto sin anestesia y con motosierra y del “todo vale” y “hay que hacerlo ya”, la inflación vino bajando especialmente en 2024, desde los niveles estratosféricos iniciales, pero está virtualmente estancada desde hace meses y sin poder perforar el piso del 2 por ciento. 

Tras el salto de la inflación en diciembre de 2023 por la devaluación del 54 por ciento del peso dispuesta por el presidente Javier Milei ni bien asumió, el salto cambiario se trasladó casi mayormente a precios y la inflación de ese mes llegó al 25,5 por ciento y a 20,6 en enero de 2024, para ir bajando gradualmente hasta quedar en 2,7 por ciento en octubre del año pasado. 

Lo que ocurrió desde entonces es que la inflación navegó entre 2,2 y 3,7 por ciento entre octubre de 2024 y abril de este año. Entre mayo y agosto pasado se mantuvo por debajo del 2 por ciento, aunque cada mes unas décimas más que el anterior, para subir a 2,1 en septiembre y 2,3 en octubre. Los analistas anticipan que en noviembre y diciembre el índice de precios al consumidor se ubicará por encima del 2 por ciento, con estimaciones que la ubican en torno a 2,5 o 2,7 por ciento. 

Sin duda, son niveles muy elevados en un contexto de política monetaria restrictiva, y fuera de registro en comparación con los países vecinos. La tasa de inflación de la Argentina sextuplica la de países como Chile, Uruguay, Paraguay o Brasil. 

Pero incluso en ese escenario, la inercia inflacionaria que traía el país, que algunos analistas colocan al borde de la hiperinflación, le permitieron al equipo económico que comanda Luis “Toto” Caputo y al propio Javier Milei sacar pecho y presentarse ante la sociedad como artífices de la baja de la inflación, algo que fue clave para el triunfo electoral del 26 de octubre. 

NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, JULIO 17: (ARCHIVO) La caída del consumo en supermercados y autoservicios se profundizó en junio, al retroceder un 12,5% interanual a nivel nacional, frente a la merma del 10% registrada en mayo, según reveló un relevamiento elaborado por la consultora Scentia.Foto NA

Luces de alerta 

En este contexto, dos datos sirven para graficar la actualidad del consumo. El último fin de semana extralarge, entre el 21 y el 24 de noviembre, en la Argentina se movilizó para hacer turismo un 21 por ciento más de personas que en el mismo fin de semana de 2024. Fueron 1.694.000 personas, de acuerdo con un relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en un escenario que se vio beneficiado por la combinación del factor climático favorable y el formato de cuatro días frente a tres del año pasado, que impulsó a muchos a salir a la ruta. 

Sin embargo, la estrechez de los bolsillos se hizo clara. En primer lugar, viajaron por el fin de semana largo casi 1,7 millones de personas sobre una población total de 46,4 millones, según el Indec, esto es apenas un 3,6 por ciento de los argentinos. 

“El gasto promedio diario por turista fue de 91.317 pesos, un 3,7 por ciento menor en términos reales a 2024, reflejando un comportamiento más austero, pero sosteniendo el consumo básico en gastronomía, alojamiento y transporte”, concluyó CAME, tras hacer el balance del fin de semana XXL de noviembre. 

Según este relevamiento, el gasto total pasó de 196.233 millones de pesos en este fin de semana de 2024 a 355.789 este año, un incremento de 34 por ciento real frente al año anterior (descontando el efecto de la inflación), pero con un día más en la escapada. 

Consumo deprimido

El otro dato interesante es lo que está ocurriendo con el consumo masivo, esto es, la venta de alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene personal, que es lo que el ciudadano común denomina productos de primera necesidad y, por lo tanto, mayormente inelásticos ante una eventual menor demanda. 

El último relevamiento de la consultora Scentia, especializa en consumo masivo, indica que este rubro registró en octubre un incremento de 2,2 por ciento respecto del mismo mes del año anterior, sumando el total de seis canales, es decir, supermercados de cadena, autoservicios independientes, mayoristas, kioskos y tiendas, farmacias (tomando solo productos de cuidado personal, higiene y alimentos, no medicamentos) y compras online. 

Pero al analizar el desempeño de cada uno de ellos, se observa que de los tres canales que mueven mayor volumen en este rubro, dos terminaron el décimo mes del año con números en rojo versus octubre de 2024, supermercados se contrajo -4 por ciento y mayoristas -4,9, mientras que los autoservicios independientes exhibieron un incremento del 6,9 por ciento. 

En el acumulado de los primeros diez meses del año se repite la matriz, con un incremento del total de canales de 2,4 por ciento versus el mismo período de 2024, pero caídas de -5,1 por ciento en supermercados, mayoristas -5,3 y autoservicios independientes bajando -0,5. 

En este contexto, no sorprende el fuerte endeudamiento que hoy tiene la gente. El último Informe sobre Bancos que elabora Banco Central de la República Argentina (BCRA) revela que la mora en créditos a las familias se triplicó el último año, pasando de 2,6 por ciento en septiembre de 2024 a 7,3 en septiembre de este año. A nivel de todo el sistema la mora pasó de 1,6% en 2024 a 4,2 en el noveno mes del año. 

Desde el Gobierno sostienen que ese incremento responde a un aumento en el número de tomadores y el monto total de los créditos, sin embargo, con tasas de interés del 82 por ciento (tasa nominal anual) y por encima de eso sumando el costo financiero total (CFT), el golpe al bolsillo de quienes deben pagar un préstamo es letal. La tasa es positiva (por encima de la variación general de precios de la economía) y supera holgadamente la inflación anualizada, que hoy ronda el 31,3 por ciento. No hay mucho que agregar. 

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