El gobierno nacional busca “monetizar” la economía, seduciendo a los ahorristas individuales para que saquen sus dólares del colchón, blanquearlos e ingresarlos en el circuito económico vía consumo. Sin exageración, la búsqueda de billetes verdes podría parafrasear al tango “Dónde hay un mango”, estrenado en junio de 1933 y popularizado por la voz inconfundible de Tita Merello.
Esto se da en momentos en que la principal fuente de ingreso de divisas del último año, que fue el saldo superavitario del comercio exterior, se está reduciendo de manera muy relevante y nada hace suponer que esa tendencia pueda revertirse en los próximos meses.
Así, una vez más el frente externo enciende las alarmas en una economía que genera menos dólares que los que necesita para sostener la actividad económica y atender sus compromisos de deuda.
La semana pasada fue lanzado el Plan de Reparación Histórica de los Ahorros, iniciativa que busca atraer dólares no declarados de los particulares. Es un virtual blanqueo, aunque el Gobierno lo niegue, dado que permite meter en el circuito económico legal dólares que fueron o bien mal habidos y bien comprados en el circuito cambiario informal.
Al respecto, un dato de color da cuenta de la infinita creatividad de los argentinos. Mientras en todo el mundo los inversores marginales buscan blanquear dinero negro comprando bienes registrables, en la Argentina se da la particularidad de que la gente que tiene dinero blanco, registrado, de sus salarios o de sus actividades económicas declaradas, corre a comprar dólares blue en el mercado paralelo. Es decir, “negrean” pesos que están en blanco.
Ahora, con la iniciativa del Gobierno podrán blanquearlos nuevamente en una segunda operación. El objetivo de la medida es inyectar dinero a la economía vía la compra de bienes durables nuevos o usados –autos, motos, embarcaciones, maquinaria agrícola–, inmuebles y hasta pueden usarse para “pagar el supermercado”, según aseguró el propio ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
Desde el Gobierno insisten en que nadie va a preguntar de dónde salieron esos ahorros, pero por el momento su implementación genera muchas dudas y la gente pide aclaraciones antes de tomar la decisión de sacarlos del “canuto”.
En este contexto, la posición frente a los dólares del colchón no es unánime. Este lunes el director ejecutivo de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, salió a aclarar que se trata de un “blanqueo encubierto” y que el organismo continuará con los controles habituales, sin dispensas ni relajamiento de la fiscalización.
El imán de los dólares
Los economistas sostienen que en cualquier economía hay tres formas de conseguir divisas: a través del saldo superavitario de la balanza comercial, a través de la toma de deuda en moneda dura (dólares, euros, yuanes) o vía inversión extranjera directa (IED).
El gobierno libertario de Javier Milei hasta ahora utilizó el primero de esos canales en 2024 y en menor medida en lo que va de este año. Ya veremos por qué esa menor medida. Y la tercera caja, por el momento y por un rato largo, deberá esperar a que mejoren las condiciones para atraer inversores externos.
En cuanto a la segunda vía, sumó 15.500 millones de dólares a las reservas internacionales del Banco Central cuando acordó un nuevo programa de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional por 20.000 millones de dólares en abril pasado, de los cuales ingresaron inmediatamente 12.000 millones y otros 3.000 millones llegarán durante el año.
A esto se suman 1.500 millones de dólares de organismos multilaterales de crédito (BID, Banco Mundial) y otros 2.000 millones de dólares de un “repo”, un préstamo de activos financieros de bancos internacionales. Pero aún así y en función de la estrategia del Gobierno al flexibilizar el cepo cambiario, al no intervenir en el mercado las reservas internacionales del Banco Central no crecen, están estancadas en torno a los 38.000 millones.
Palanca de crecimiento
No es mucho para una economía como la argentina, que además pretende crecer. Por eso es clave observar qué está pasando con la principal fuente de ingreso de divisas, que es el comercio exterior.
En abril el saldo de la balanza comercial, que es la diferencia entre las exportaciones y las importaciones, arrojó un superávit de 204 millones de dólares y un acumulado de 1.265 millones de dólares en el primer cuatrimestre. Es un resultado magro y preocupante, si se lo compara con los 6.208 millones de dólares que se habían acumulado en el período enero-abril de 2024.
“En abril 2025, Argentina tuvo un superávit comercial de 204 millones de dólares, marcando el 17° mes consecutivo de saldo positivo luego de una serie de déficits en marzo-noviembre 2023”, señala un informe de la Cámara de Exportadores de la República Argentina.
Agrega que este registro “es el segundo más bajo” desde diciembre de 2023. Y explica que “la reducción del excedente se debe al sustantivo crecimiento de las importaciones que aumentaron un 35,7 por ciento, mientras que las exportaciones ralentizaron su crecimiento, registrando un 5,8 por ciento”.
Varios analistas aseguran que el tipo de cambio está atrasado, lo que hace menos competitivas las exportaciones y favorece las importaciones que, por otra parte, tienden a crecer en momentos de expansión económica como los actuales, dada la alta demanda de insumos y bienes intermedios importados para la fabricación de bienes en el país.
El potencial de Vaca Muerta
En este contexto de escasez de divisas, pese al último paquete de financiamiento FMI-BID-Banco Mundial, que en conjunto supondrá un aporte de 42.000 millones de dólares en cuatro años, el Gobierno puede verse beneficiado por inversiones privadas en el sector hidrocarburífero, que según las estimaciones puede dar vuelta la balanza energética y, con ello, la balanza comercial.
El pasado 26 de mayo se realizó la primera soldadura automática en Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), el ducto que a través de 437 kilómetros y una terminal de exportación en Punta Colorada será vital para motorizar exportaciones de petróleo de Vaca Muerta, la formación no convencional que hoy atrae el 76 por ciento de todas las inversiones en el sector hidrocarburífero en el país.
La obra está siendo construida por una UTE (unión transitoria de empresas) integrada por YPF, Techint y Sacde y según los analistas, para 2030, es decir en solo cinco años, las exportaciones de shale oil podrían alcanzar los 15.000 millones de dólares anuales.
Solo para tener una referencia, según datos del Indec en 2024 las exportaciones de petróleo alcanzaron los 8.215 millones de dólares, pero considerando las cinco cuencas (Noroeste, Cuyana, Neuquina, Golfo de San Jorge y Austral).
En el caso del nuevo oleoducto serían 15.000 millones de dólares solo provenientes de Vaca Muerta, una parte importante, pero parte al fin de la Cuenca Neuquina. Sin duda, esto representa un giro muy importante teniendo en cuenta que las exportaciones totales del país en 2024 llegaron a 79.703 millones de dólares.
Para ello es vital el aporte que hacen las siete empresas que integran el consorcio VMOS: YPF, Pan American Energy, Vista Energy, Pampa Energía, Chevron Argentina, Pluspetrol y Shell Argentina.
Todas están entre las principales operadoras de Vaca Muerta. Se espera que oleoducto esté operativo a fines de 2026, con una capacidad inicial de transporte de 180 mil barriles de crudo al día, que crecerá a 550 mil barriles diarios en 2027.

