Fueron protagonistas de dos pasiones nacionales del siglo XX, pero debieron resignarse a brindar fuera de la Argentina. Aquel 25 de diciembre, Perón se encontraba en Panamá tras haber sido derrocado por militares que impedirían la democracia en la Argentina por 18 años, y entre sus leales, uno de ellos se había sumado de forma inesperada, Elio Rubén Montaño.
La historia fue rescatada casi tres lustros atrás por el periodista Miguel Ángel Lara, del diario deportivo español Marca, quien afirma a Caras y Caretas que la escuchó “a través de un amigo argentino de mi abuelo, ya fallecido, que fue el primero en hablarme de este futbolista”. Lara buscó algunos datos para complementar la historia, que encontró en viejas revistas de El Gráfico y otras publicaciones argentinas de las que ya no tiene memoria.
Lo cierto es que Lara pudo averiguar que dos días antes de la Navidad, Perón recibió una inesperada visita, por fuera de las habituales políticas, militares y protocolares. Y es que en la puerta del hotel Washington de la ciudad de Colón, donde residía bajo asilo político, se apersonó el “loco” Elio Montaño, goleador de Boca y también de Newell’s y Huracán. La casualidad quiso que con este último equipo estuviese de gira por Centroamérica, con lo que Montaño aprovechó la relativa cercanía para ver a su referente político, aquel que había ayudado a su madre con una máquina de coser y que le había permitido a él mismo tener su pelota de cuero, a través de la Fundación Eva Perón.
Un brindis menos triste y el estigma del peronismo
Si bien Montaño no llegó a triunfar en Boca, donde jugaría una sola temporada, y por otro lado el interés de Perón estaba en el boxeo antes que en el fútbol, ambos se habían conocido dos años antes, cuando en un superclásico en el Monumental jugado un 9 de julio, todos los jugadores fueron a saludar al presidente que se encontraba entre los espectadores, y al cual Montaño no solo le dio un abrazo, sino que pudo conversar brevemente.
Según relata el periodista Bruno Passarelli, tras aquel partido que Boca ganó 3 a 2 con un gol de Montaño, le fue consultado qué se habían dicho con Perón, a lo cual Montaño contestó fanfarroneando: “Como nos conocemos, me pidió que le hiciese un gol a los millos, yo lo tomé como una orden y me apuré en obedecer”.

Tal vez haya sido un gesto de agradecimiento frente a quien había hecho el esfuerzo de llegar hasta allí, o tal vez le haya interesado oír voces por fuera de la política, pero lo cierto es que Perón no solo lo recibió, sino que lo invitó a quedarse con él para hacer menos triste el brindis de Navidad. En sus conversaciones, rescata Lara, Perón le anticipó que sería excluido de la selección nacional para los próximos Juegos Panamericanos de México por su apoyo al peronismo, algo que luego se confirmó.
Luego, a sabiendas de que Montaño se había gastado toda la prima de Huracán en llegar desde la capital panameña hasta Colón, le pagó el pasaje de regreso a la Argentina.
Tal vez por su menor envergadura, Montaño no sufrió la persecución de la que fueron objeto celebridades que agradecieron y apoyaron públicamente al peronismo, desde el José María “el Mono” Gatica hasta Israel Zeitlin (César Tiempo), pasando por Mary Terán de Weiss o Hugo del Carril, pero también vio dificultada su carrera por el régimen militar. De hecho, ya al regreso a la Argentina fue retenido e interrogado durante más de doce horas y luego llevado a prisión por infringir la Ley 4.161, que prohibía mencionar a Perón. Recuperada su libertad, volvió a jugar en Huracán, pero sus ya conocidos incidentes hacían que los hinchas de la popular más de una vez lo alentaran al grito de “Perón, Perón”, mientras desde la platea, y de los equipos rivales, solían silbarlo e insultarlo por su abierta pertenencia al peronismo. Esto último, junto a la presión oficial, pareció hacérsele insostenible a Montaño, por lo que decidió emigrar a Uruguay para jugar en Peñarol durante tres años. “Peñarol contrata a un delantero peronista”, tituló uno de los diarios de la época.
Las andanzas de un loco
Sin duda, el brindis con Perón fue el punto cúlmine en las anécdotas de Montaño, pero si se lo apodó el “loco” fue justamente por muchas otras, que incluían salidas frecuentes a cabarets y casinos en las semanas entre los partidos, arrancar el pasto de la cancha para ofrecérselo a los rivales que le pegaban diciéndoles “tomá, caballo”, o imitar a un relator de fútbol “transmitiéndose” mientras hacía una jugada. También ofrecerse como reemplazo frente a la expulsión de un arquero de Boca… Y atajar un penal, lograr que expulsen a César Menotti –¡siendo este su compañero de equipo!– por una broma que le había hecho conociendo su carácter irascible, o llegar a encender un diario Crítica dentro de un avión, que se tradujo en la amenaza del piloto de no continuar el vuelo tras la escala obligada.

Finalizada su estadía en Peñarol, partió a Brasil para jugar en el Internacional, y luego a Portugal para militar en el Sporting de Lisboa, tras lo cual regresó a Uruguay para jugar una temporada en Nacional.
Su regreso a la Argentina fue para volver a Los Andes, pero al poco tiempo retornó a su Santa Fe natal –era oriundo de Casilda–, para jugar en Rosario Central, el rival del club que lo vio debutar. Sin embargo, lejos de afincarse, al poco tiempo regresó a Uruguay para jugar en Nacional y luego Danubio, tras lo cual recorrió varios países vistiendo las camisetas del Sporting Lisboa de Portugal, del Deportivo Galicia de Venezuela y del Cúcuta de Colombia. Allí se retiró en 1965, a los 36 años. Entonces, regresó al país para ocupar una pequeña pensión en Caseros y La Rioja, en Parque Patricios, subsidiada por la AFA, hasta su fallecimiento en 2015, ya en un geriátrico de Almagro, donde pese al Alzheimer aún contaba en algunas oportunidades su brindis con Perón.
