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“La falla del peronismo fue intervenir en el sistema productivo”

Difícil caminar por Buenos Aires con Carlos Maslatón sin que interrumpa algún joven para tomarse una selfie, pedirle su opinión sobre inversiones y negocios o comentarle incluso alguna problemática familiar. Y es que si bien este abogado de la UBA comenzó su vida pública a través de la fundación del movimiento liberal universitario Unión Para la Apertura Universitaria (UPAU) en 1983 y luego como concejal porteño por la Unión del Centro Democrático (UCeDe) entre 1987 y 1991, fue en pandemia y a través de su intensa presencia en redes sociales que se convirtió en un influencer, no solo de finanzas y política local e internacional, sino también de las más variadas cuestiones, desde las formaciones de Boca Juniors hasta la gastronomía barrial, pasando por las relaciones amorosas o las características de los pingüinos. Rol desde el que además influyó en la fuerte difusión de Javier Milei, sobre el que años atrás se reconocía como su “puntero”, aunque luego intentó impedir su llegada al gobierno, acusándolo de no ser un demócrata sino un “sujeto dictatorial y totalitario” que en caso de llegar al poder dejaría a Mauricio Macri “como dueño real del Estado y de la política del Estado”.

Un liberal peronista

Según señala Maslatón a Caras y Caretas, conoció a Milei doce años atrás y compartió con él “cientos de horas”. Y aclara: “Ya tenía mis diferencias en temas económicos, pero me pidió apoyo para su lanzamiento político y yo lo hice, seguro de que iba a ser presidente por los fracasos de los gobiernos anteriores y sus características personales que lo hacían muy llamativo para el acceso al poder”. Consultado sobre cómo imaginaba entonces un gobierno de Milei, afirma que creyó que haría “un saneamiento financiero y una mayor desregulación de algunas cuestiones básicas como controles de precio o de cambio, pero finalmente no hizo ni siquiera eso”. Ya en su campaña presidencial del año pasado “advertí que la dolarización que proponía era una mentira y una falsedad, como también que la centralización de su diagnóstico en el gasto público como causa central de todos los males era incorrecto, porque el problema argentino está en el sector financiero del Estado”. Y agrega: “Cuando Milei confirmó en noviembre pasado que su ministro sería Luis Caputo, ya no tuve dudas de que se iban a hacer las cosas mal, por lo que si tuviera que volver atrás, no lo hubiera apoyado”.

Maslatón afirma también que desde siempre fue un fuerte crítico del movimiento libertario, al que considera parte de una “escuela loca norteamericana, cuya concepción no tiene nada que ver con el liberalismo, ni con la escuela clásica ni austriaca”. Al respecto, explica: “Creo que el Estado debe existir y tener el monopolio de la fuerza interna y externa, así como de la justicia, la salud y la educación, junto a políticas sociales para transferir recursos a quienes les va mal”.

Incluso definiéndose como liberal, es elogioso de muchas políticas peronistas. “Milei rechaza la idea de justicia social. Yo estoy totalmente de acuerdo con la distribución y el pago de impuestos para dar al que no tiene, eso es fundamental y el peronismo estuvo perfecto con esto, especialmente en los primeros tiempos y con Eva Perón y su Fundación, que fue excelente, con las colonias de vacaciones, el pan dulce y la sidra para fin de año, la idea de que toda la sociedad argentina y sobre todo los niños puedan disfrutar del país, pero la falla del peronismo fue intervenir en el sistema productivo”, sostiene.

–¿No cree necesario un apoyo al empresariado argentino, sobre todo el pequeño y mediano?
–No, puedo apoyar la idea de crear condiciones especiales para el buen desarrollo de la empresa, pero los subsidios, transferencias y créditos deben ser para el consumidor pobre, porque si es para el empresario vienen los acomodos, los criterios políticos y la malversación de fondos.

–¿Respalda entonces la política social peronista pero no la productiva?
–Para ser justos con la historia, el peronismo por lo menos no incidió en la decadencia productiva argentina, porque fueron gobiernos no peronistas los que generaron los grandes saltos hacia abajo del aparato productivo, en gran medida por las crisis financieras que generaron por el mal manejo de la deuda pública, no sé si por intereses complotados o mera desorganización, pero que llevaron siempre al país a fundirse. Y cuando el peronismo se enfrentó a estos desquicios de la deuda fue por herencia, no por acciones propias.

–¿Cómo evalúa esta cuestión desde su liberalismo?
–Para mí ninguno de esos gobiernos fue liberal, porque sin hablar de Bernardino Rivadavia, para no ir tan lejos, en 1973 la deuda argentina era de tres mil millones de dólares, y cuando terminó el gobierno de facto del Proceso, en 1983, llegaba a los cincuenta mil millones, toda intencionadamente creada para la bicicleta financiera y por la estatización de la deuda privada, sin ninguna inversión para la mejora productiva. Y ni hablar de los términos políticos y de derechos humanos, donde hubo un antiliberalismo durante todo el gobierno del Proceso. Quiero ser justo con la historia, porque la gran caída industrial que sufre el país desde los 80 es por el Proceso y su política antiindustrial, que también estuvo en los últimos años del gobierno de Raúl Alfonsín, en el gobierno de Mauricio Macri, que fue la repetición de ese proceso económico, y ahora con Milei.

–Con Carlos Menem también se experimentó crecimiento de la deuda y caída del aparato industrial. ¿Qué visión tiene de este gobierno?
–Fueron brillantes los primeros años de Menem, hasta 1996, con enormes tasas de crecimiento, pero después empieza el déficit y los vencimientos de los servicios de la deuda reestructurada, junto a una dificultad para renovar vencimientos por el contexto mundial, lo que finalmente llevaría a la corrida bancaria, aunque ya con De la Rúa. Con respecto a la desocupación sí creo que el gobierno no tuvo un tratamiento correcto, ni desde el punto de vista económico, donde tendría que haber habido un buen seguro de desempleo, ni social, porque mucha gente quedó arruinada.

–Con los gobiernos de los Kirchner, en cambio, se redujo la deuda y creció la economía, pero usted fue muy crítico…
–No voy a negar el bullmarket (crecimiento del mercado) partiendo desde un piso hasta octubre de 2011, pero en 2012 y 2013 se equivocan en todo y se autodestruyen en lo político y económico. Hicieron las macanas del control de cambios y el cepo, y luego con las lebac, es decir la remuneración de los depósitos bancarios por parte del Banco Central, algo más propio de los gobiernos no peronistas que critiqué antes, porque generan un endeudamiento al Estado muy complicado de resolver.

–¿No pudieron ser medidas obligadas frente a la coyuntura para evitar corridas cambiarias, devaluaciones y caída del poder adquisitivo en un país carente de dólares?
–La mejor manera de frenar estas cuestiones es con el mercado libre de cambios, la devaluación solo la operan los gobiernos que manejan del tipo de cambio, y hay hasta un error jurídico en pensar que solo el gobierno puede comprar y vender dólares mediante el Mercado Único y Libre de Cambios, porque en ninguna parte del mundo es así, son los privados los que compran y venden.

–¿En que modificó su visión aquel Maslatón de UPAU y el actual?
–Cuando estaba en la universidad no operaba en el mercado financiero y la visión de las finanzas me hizo incorporar un elemento de análisis que es el ciclo económico, algo poco visto en las escuelas liberales, pero necesario para entender porque a veces son necesarias políticas anticíclicas, remediadoras de los efectos de ciclos negativos mediante la intervención estatal. El liberalismo no puede explicar el crack de 1929, porque la riqueza sube pero luego se puede destruir, y cuando pasa esto y queda todo quebrado, no hay que dejar que nadie se funda, hay que intervenir.

–¿El actual es un Maslatón keynesiano?
–La palabra “keynesiano” se utiliza como insulto, pero Keynes no estaba equivocado en el análisis del ciclo ni en las políticas para aplicar al ciclo negativo, y así es como se salió de la crisis mundial de 2008. Y lo cierto es que se exagera mucho con las etiquetas, pero nada es tanto una cosa u otra, y Keynes fue uno de los economistas más importantes, no dijo estupideces, era un tipo del mercado financiero, interesado como Perón en salvar al capitalismo del comunismo.

–¿Cómo se lleva con la popularidad entre los jóvenes?
–Yo no la busco, se dio por las redes sociales, sobre todo a partir de la pandemia, y habrá que preguntarles a los jóvenes porque me siguen, pero en lo que siempre soy cuidadoso es en advertir, por razones morales y legales, sobre el riesgo de operar en el mercado. Como abogado financiero, redacto prospectos para cada inversión, donde se pone toda la parte negativa, es decir, los peligros de la inversión, porque es como como cualquier herramienta, como por ejemplo la energía nuclear, hay que estudiar y tener experiencia para evitar sus peligros y saber beneficiarse.

El conflicto Israel-Palestina

Con parte de su familia residiendo en Israel y visitas frecuentes a ese país, Maslatón es un gran seguidor del conflicto en Medio Oriente, sobre el que a diferencia de muchos analistas, no cree que esté en su punto más álgido. Según afirma, “desde el 7 de octubre y con esa fotografía parecería que la convivencia de Israel con el mundo árabe es imposible, pero –sostiene– el clímax del conflicto árabe-israelí fue en octubre de 1973, con la guerra de Yom Kipur, y desde ese momento se está desacelerando, con los acuerdos de Camp David con Egipto y de Oslo con Jordania y Palestina, aunque esto último fracasa por los extremistas que no quieren la paz. Pero en los últimos años, los Acuerdos de Abraham entre Israel y varios países árabes, que están interrumpidos pero no desactivados, mostraron que el proceso de convivencia seguía en pie, incluyendo a los dos millones de árabes que viven dentro de Israel, por lo que no tengo una perspectiva de agravamiento, más allá de este enemigo de Israel inesperado en la creación del Estado en 1948, que es Irán y su búsqueda de demostrar que sunitas como ellos pueden lograr lo que los chiitas no pudieron, que es la desaparición de Israel”.

–¿No ve posible un conflicto ampliado que lo involucre?
–Israel no puede atacar a Irán si no hay previamente una agresión directa de este país, porque se ve que no hay una autorización norteamericana para hacerlo, ya que eso le generaría muchos problemas a Estados Unidos, con lo que podría llegar a desautorizar a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU, y en ese caso no habría vuelta atrás para Israel. Pero también el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, pidió expresamente no entrar en la guerra, porque la verdad es que nadie la quiere, creo que Netanyahu tampoco, porque eso es un desorden tremendo en términos humanos, políticos, económicos y del derecho internacional. Tanto quería evitar la guerra Netanyahu que permitió a Hamas financiarse en todos estos años a cambio de su no agresión a Israel, hasta que se le vino encima el 7 de octubre.

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