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Crisis económicas: el factor 1976

En el último siglo, las crisis económicas experimentadas por los argentinos de duplicaron a partir de 1976: pasaron de las diez que se registraron hasta el año del golpe cívico-militar a veinte a partir de esa fecha.

Y es que, en efecto, desde el abandono del modelo agroexportador y comienzo de la etapa de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) en 1930, los argentinos sufrieron dos crisis cada diez años. Pero finalizada la ISI y con la implementación del modelo neoliberal en 1976 por parte de la dictadura cívico-militar, la frecuencia de las crisis en la economía argentina se duplicó.

Los datos surgen del estudio “La punta del ovillo de la economía argentina: ¿fuga de capitales o déficit fiscal?”, del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra), de la CTA, realizado por el investigador Pablo Manzanelli.

Allí se especifica que entre 1930 y 1948, en los inicios del desarrollo industrial argentino, la economía sufrió solo cuatro años de contracción económica, mientras que entre 1949 y 1975, en la etapa de mayor crecimiento industrial, hubo solo seis años recesivos, incluso cuando a partir de 1964, gracias al fuerte desarrollo productivo y exportador, ya no se produjeron caídas de la actividad (PBI negativo), sino solo desaceleración (PBI positivo pero menor al del año anterior).

Sin embargo, a partir de 1976 y hasta la actualidad, se produjeron veinte años de caída económica sobre un total de 48 años, lo que convierte esta etapa en el período con mayor intensidad de recesiones, al producirse cuatro cada diez años.

De esta forma, el estudio exhibe el dañino legado de las políticas neoliberales implementadas durante la dictadura y continuadas luego por los períodos menemistas, de la Alianza y Juntos por el Cambio, identificando además las diferentes causales de estas crisis, antes y después de 1976.

Dos formas de crisis

Según se desprende del estudio, desde 1930 hasta previo al golpe de Estado, las crisis se vinculaban con la gran cantidad de importaciones de insumos y maquinarias para sostener el proceso industrial, pues siete de las diez crisis tuvieron que ver con el déficit de la balanza comercial. Sin embargo, en las veinte crisis posteriores a 1976, solo cuatro (1981, 1999, 2018 y 2023) se explicaron por mayores importaciones de bienes antes que exportación de los producidos localmente.

La explicación es que, a partir de la implementación de las políticas neoliberales, la toma de deuda externa y el modelo de centralización en las finanzas antes que la industria llevó a privilegiar al dólar como inversión, optando además por su atesoramiento fuera del sistema bancario argentino, es decir “en el colchón”, cajas de seguridad o en bancos del exterior, lo que condujo a que incluso cuando las importaciones no consumieran más dólares que lo recaudado por exportaciones, se experimentaran faltantes de dólares para su amplia demanda y salida del sistema bancario, lo cual conducía a crisis económicas.

El estudio también permite observar que, atravesados la dictadura y el menemismo, este comportamiento se hizo ya estructural en las grandes empresas y los ahorristas de clase media, incluso cuando se abandonó el modelo neoliberal, como en el kirchnerismo. Entonces, los dólares que ingresaban al país ya no provenían mayormente de deuda externa sino del superávit comercial, es decir, de mayores exportaciones que importaciones, pero a diferencia de la etapa previa a 1976, los agentes económicos mantuvieron intacta la conducta de demandarlos para asesorarlos fuera del sistema financiero argentino, lo que volvió a provocar crisis económicas, que en este último caso se intentó morigerar mediante la imposición del “cepo”.

Otro de los aspectos que se pueden hallar en el trabajo es que la masiva toma de deuda efectuada en los gobiernos neoliberales es la mayor causa de salida de dólares, incluso por sobre el déficit fiscal (mayores gastos del Estado que ingresos por impuestos).

Esta visión confronta con la del establishment económico y con la del actual presidente Javier Milei, quien en un tuit de septiembre de 2019 atribuyó la toma de deuda a la necesidad de financiar “la fiesta del gasto público”, pues el déficit fiscal haría necesaria la toma de deuda para suplir la diferencia entre mayores gastos del Estado que lo recaudado vía impuestos.

Sin embargo, según el trabajo de Cifra, mientras que a partir de 1976 la sumatoria de este déficit fiscal primario consolidado –que incluye a Nación, provincias y municipios– totalizó 99,4 mil millones de dólares, la toma de deuda fue por 286 mil millones de dólares, en tanto que la salida de dólares por fuera del circuito financiero nacional sumó 382,4 mil millones.

Con todo, en aquella declaración Milei planteaba una visión alternativa a la clásica neoliberal, pues señalaba que la toma de deuda debía ser luego pagada “por generaciones que no solo no han votado sino que no han nacido. Así, la generación actual se roba los ingresos de generaciones futuras. Por ende, un gobierno que endeuda jamás podrá ser liberal”.

Las recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre recibir “nueva plata” del FMI parecen exhibir que, por el contrario, la continuidad económica de la mayor parte de los planes implementados a partir de 1976 está a la orden del día. 

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