Los primeros diez días de Javier Milei como presidente electo muestran dos caras desconocidas del economista, el primero que logra acceder al sillón de Rivadavia y que, sin duda, tendrá una parada difícil en el cargo, precisamente por la economía.
En primer lugar, tuvo una moderación en sus propuestas, que se traducen en arriar las principales banderas de campaña. Y en segundo término, es un presidente electo que, a diferencia del candidato, se muestra dubitativo y sin un plan de gobierno claro, que decía tener en junio pasado, cuando se oficializaron las candidaturas.
El cambio de estilo y la incertidumbre que eso genera no solo responden a la compleja situación económica y social que heredará Milei, sino también a la excentricidad de algunas de sus propuestas, que ya muestran sus limitaciones para la implementación.
La economía en modo Milei hace recordar, en algunos aspectos, a la convertibilidad de Domingo Cavallo, y en otros, a la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz, aquel desabrido ministro de Economía de la dictadura militar, que impuso con el poder de las botas un cambio radical en la economía argentina, trocando el foco en la producción por el eje financiero.
Pero tal vez el dato más llamativo sea que incluso, en algún punto, hace recordar a la gestión de Roberto Lavagna durante la presidencia de Néstor Kirchner, en lo que se refiere al orden de las cuentas públicas, que apuntaría a lograr –nuevamente, como a partir de 2003– el modelo virtuoso de superávit gemelos, aunque Milei no lo mencione de ese modo. Es decir, cuentas ordenadas y con resultado positivo en lo fiscal y saldo comercial favorable, generador de dólares para “engordar” las reservas del Banco Central.
Todo eso junto parece ser hoy Javier Milei, aunque tendrá que revalidarlo cuando asuma formalmente, por aquello de que “en la cancha se ven los pingos”.
La cruda realidad
Justamente la primera reacción del Milei presidente es su “baglinización”, como recuerda esta semana un informe de la Fundación Capital, al poner prioridad en la gobernabilidad futura y moderar mucho las propuestas más extremas.
Su caballito de batalla durante la campaña que lo llevó a la Rosada, y que sin duda le aportó millones de votos, fue la dolarización, rescatando todos los pesos circulantes y cambiándolos por billetes verdes. Pero como decía el ex diputado radical Raúl Baglini, a medida que los candidatos se acercan al poder, sus propuestas se moderan en pos de la gobernabilidad. Y esto es lo que está pasando hoy con el líder libertario.
Eso es lo que liquidó el proyecto de dolarización. El propio Javier Milei dejó de hablar de dolarización desde que ganó el balotaje el 19 de noviembre y hasta bajó a Emilio Ocampo, su número puesto para ir al Banco Central, impulsor de la dolarización y convocado para cerrar al organismo rector en materia monetaria y de contralor del sistema financiero.
En realidad, Ocampo se bajó solo, pero decidió dar el paso al costado cuando Milei dio señales de que el ex ministro de Finanzas y ex presidente del Banco Central de Mauricio Macri, Luis “Toto” Caputo, sería designado al frente de Economía.
Caputo tiene como misión principal desarmar la bola de nieve de las Leliq (Letras de Liquidez) que emitió el Banco Central y están en poder de los bancos. Son en total 23 billones de pesos y según Javier Milei es el primer paso para luego avanzar en la unificación cambiaria y el levantamiento del cepo cambiario.
Justamente, la decisión de poner a un especialista en el sector financiero al mando del timón de Economía sorprende en momentos en que hay un desajuste en la mayoría de las variables económicas y se requiere una mirada macro.
“Hacia delante, los desafíos e incertidumbre de cara a 2024 son muchos y faltan importantes definiciones sobre el equipo económico, el plan de gobierno y el soporte político, que podrían generar algo de tensión en las próximas jornadas”, explica la Fundación Capital.
Apuesta por el shock
Si hay algo que define los primeros pasos que quiere dar el presidente electo es la política de shock. En la cabeza de Milei madura la idea de un primer semestre del año, donde se hagan rápidamente un fuerte ajuste del gasto público, el “sinceramiento” de precios de las tarifas de servicios públicos (electricidad, gas, agua, transporte), que no es otra cosa que la contracara de la reducción o eliminación de subsidios, y el fin de la asistencia del Banco Central al Tesoro para cubrir el déficit fiscal.
Estas son las marcas en el orillo de un modelo que, al menos en principio, impulsará la inflación unos escalones más arriba. “El presidente electo ratificó que llevará adelante un fuerte ajuste fiscal, apuntando a conseguir un equilibrio fiscal financiero”, indicó el citado informe.
Javier Milei viene hablando de un recorte de quince puntos del PIB, aunque diez puntos son las Leliq, Pases y otros pasivos monetarios. El resto corresponde a tres puntos del PIB de déficit primario (antes del pago de deuda) y otros dos puntos de intereses.
Como fuera, la gran tijera se espera que venga por la obra pública, que representa un 2,4 por ciento del PIB, desagregado en 1,8 del producto en “gastos de capital”, o sea, inversión en obras a cargo del Estado nacional, y 0,6 como transferencias a las provincias.
Fuentes del sector de la construcción afirman que es virtualmente imposible detener la obra pública, así que habrá que ver qué es lo que hace Milei con eso. Ya declaró que no habrá más obras a cargo del Estado “porque no hay más plata”.
En primer lugar, hay contratos firmados y vigentes que, en caso de pararse, generarían demandas judiciales y costos adicionales. Además, hay trabajos ya realizados y con certificación de obra y facturados por cobrar, de manera que eso es una acreencia difícil de soslayar, además de trámites por redeterminación de precios en curso.
La mirada externa
En este contexto, aparecen algunas señales positivas, tras la confirmación de que Javier Milei será el próximo presidente. Por un lado, los mercados reaccionaron con euforia, tanto en la Bolsa de Comercio local como en los papeles de empresas argentinas y bonos que cotizan en Wall Street, al considerar que viene una época market friendly en la Argentina.
Sin embargo, hay dos cosas que preocupan y mucho. Faltan definiciones a nivel de nombres que ocuparán los puestos clave. Por lo general se avanza en los nombramientos para que los designados se pongan a trabajar y vayan armando sus equipos y definiendo los primeros trazos de su gestión. Es decir, no llegar “crudos” al 10 de diciembre, sino aprovechar la transición para prepararse.
Y, por otro lado, y tal vez lo más importante es que no se conoce la estrategia ni los detalles de un plan antiinflacionario para bajar la inflación de niveles de 150 por ciento anual como está hoy, ni mucho menos cómo hará para reducir la pobreza, que supera el 40 por ciento. Es decir, muchas finanzas y poca economía real y empatía con los que más sufren.

