“Tengo 15 años y soy, prácticamente, titular de la tercera como número 10. Juan Carlos Montes ya me tiene en cuenta para el banco de primera. Además, jugué dos partidos en primera. Cinco minutos frente a Estudiantes de La Plata y veinte contra Atlanta. Ambos amistosos. En estos momentos no salgo en el banco porque estoy suspendido. Me echaron por protestar al referee en un partido de séptima. ¡Claro! Porque yo por edad soy jugador de esa división.”
Un Diego Armando Maradona con look informal llegó a la redacción de Crónica acompañado por su amigo y representante, Jorge Cyterszpiler, para que le hicieran una típica nota de relleno. “Maradona, por ahora… una promesa ¡pero cómo pinta!” apareció en la página 12 de las ediciones matutinas del diario del 17 de septiembre de 1976, rodeada de noticias futbolísticas de coyuntura. La foto del juvenil de Argentinos Juniors acompaña al texto, que recuerda su consagración como campeón con Los Cebollitas en el torneo infantil porteño de 1973 y en el certamen nacional del año siguiente. Faltaba poco más de un mes para su debut oficial en el fútbol grande.
La política del bolsillo flaco y la represión fácil
Pocos días antes de que se cumplieran seis meses de la implementación del plan neoliberal de la dictadura, el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, usó la cadena nacional para hacer una evaluación de su gestión. “Aflojar ahora es perder todo lo ganado”, advertía en la noche del 22 de septiembre a una sociedad que no percibía en su vida cotidiana las supuestas bondades que el funcionario prometía. “El año que viene recogeremos los frutos de este esfuerzo”, auguraba.
Las ilusiones de un nuevo aumento salarial quedaban postergadas para fin de año, según anticipó en su discurso. Los trabajadores públicos y privados y los jubilados y pensionados debieron contentarse con el 12 por ciento más anunciado a principios de mes.
Para el ministro, la inflación no era para preocuparse. Las alzas en la canasta básica y las tarifas de servicios se debían a “reajustes o reacomodamientos de precios a niveles relativos normales”. Insistía: “No existe rebrote inflacionario”. Pero los números del Indec mostraban lo contrario: en agosto, la inflación había tocado el 5,5 por ciento, y al mes siguiente se había disparado al 10,6.
Su optimismo se repitió a fin de mes en un mensaje desde Córdoba. “El futuro no pertenece a los pesimistas”, sentenció, y predijo un 1977 “mejor para todos”.
Días antes del mensaje en cadena de Martínez de Hoz, el Ministerio de Trabajo había publicado una solicitada en los medios gráficos en la que le recordaba al “obrero argentino” que el régimen cívico-militar había prohibido las huelgas y que cualquier intento de protesta sería reprimido: “Toda acción de fuerza que atente contra la seguridad y los intereses de la comunidad vulnera disposiciones de la Ley Nro. 21.400”.
Reconocía que el país atravesaba una “difícil situación económica”, que “seguirá exigiendo muchos sacrificios”. “Ese esfuerzo –sermoneaba– no puede ser destruido por la acción subversiva, que pretende explotar la buena fe de los trabajadores alentando huelgas y paros para quebrar el orden, disminuyendo el ritmo de producción y crear nuevamente el estado de caos que ha provocado las dificultades actuales.”
“El Gobierno nacional tiene sensibilidad social y ha procurado preservar al máximo las fuentes de trabajo. Advierte con honda preocupación el comportamiento irresponsable de ciertos sectores empresariales que con sus políticas de precios deterioran los ingresos de todos los asalariados, con lo cual se arriesga el enorme y exitoso esfuerzo realizado por todos los sectores, especialmente por los de menores recursos, para alcanzar en el menor tiempo posible el nivel al que los argentinos aspiran”, concluía.
La cartera que dirigía el general Horacio Tomás Liendo eligió para encabezar la solicitada unas palabras del dictador Jorge Rafael Videla al asumir la presidencia: “Este proceso de reorganización nacional demandará tiempo y esfuerzo, requerirá una amplia disposición para la convivencia, exigirá de cada uno su personal cuota de sacrificio, necesitará contar con la sincera y efectiva confianza de los argentinos”.
Y en medio de rumores sobre una privatización de YPF, el secretario de Hacienda, Juan Alemann, alentaba la venta de empresas públicas y la reducción de la planta de trabajadores del Estado.
Don Diego y Francis
“En realidad todavía no he notado grandes diferencias en mi forma de ser y sentir. Tuve y tengo la suerte de tener un ‘viejo macanudo’ que me guía muy bien y un técnico, ‘Francis’, que sabe conducirme y aconsejarme en lo relacionado con el fútbol. Todo se lo debo a ellos y a Argentinos Junior. Miren, les voy a dar un ejemplo. Antes de fichar oficialmente para el club, representantes de River fueron a hablar con ‘mi viejo’ y le ofrecieron cualquier cantidad de plata para que firmara para ellos. Con ese dinero, podríamos habernos comprado una casa tranquilamente –la que tenemos en Villa Fiorito es muy humilde–, sin embargo, ‘el viejo’ les respondió que no. No podía fallarle a ‘Francis’.”
En su nota, el anónimo redactor de Deportes de Crónica transcribió este testimonio de Dieguito, que no perdió la oportunidad de elogiar a dos personas que marcaron su vida: su padre, don Diego, conocido como “Chitoro”, y Francisco “Francis” Cornejo, su “descubridor”, con más de dos décadas de trabajo en las divisiones inferiores del club del barrio porteño de La Paternal.
Con objetivos, pero sin plazos
La dictadura aprovechó el 24 de septiembre, conmemoración del aniversario de la batalla de Tucumán, para montar un acto en medio del Operativo Independencia por el primer semestre de gobierno. El general Videla entregó medallas a los familiares de los “caídos en combate contra la subversión” e hizo un balance de la gestión: “Todos conocemos la desastrosa situación económica existente el 24 de marzo. En apenas seis meses hemos logrado superar el estrangulamiento del sector externo, disminuir sustancialmente el déficit fiscal, reducir la tasa de inflación y revertir las expectativas en materia de inversiones. El peso argentino volvió a merecer la confianza de los ahorristas”.
“Hemos impedido la desocupación masiva, pero –reconocía– se ha producido un inevitable descenso del salario real.” Hablar de un futuro para el país con “una democracia republicana, representativa y federal” era una quimera: “No caeremos en la tentación de salidas electorales apresuradas ni reiteraremos combinaciones políticas de cuyo fracaso tiene memoria el país”. Días antes, a un canal de TV uruguayo le había dicho que “el proceso iniciado el 24 de marzo tiene objetivos a cumplir. No tiene plazo calendario, sino que la consecución de estos objetivos está determinada como fin de este proceso”.
En el acto en Tucumán, el dictador reivindicó la lucha contra la “guerrilla marxista esclavizante”: “Las armas que hasta ayer eran serenas custodias de nuestros sagrados valores debieron desenfundarse cuando un enemigo sin fe, sin patria y sin Dios quiso arrancarnos de la historia con una aventura de sangre y terror indigna de nuestras viriles tradiciones”.
Y como cada 16 de septiembre, los nostálgicos del golpe de Estado de 1955 se reunieron para evocar la caída del gobierno de Juan Domingo Perón. Por la mañana, la “Comisión de Afirmación de la Revolución Libertadora” fue a oír misa a la Iglesia el Pilar y a visitar los mausoleos de los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu en el cementerio de la Recoleta. Por la noche, hubo un acto con cena en el Luna Park. Entre quienes se sumaron a las actividades estuvieron la “Cruzada Aramburiana”, la “Agrupación Democrática Argentina”, la “Federación Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas” y el “Centro Argentino de la Civilidad”.
Un fenómeno de verdad
“[El debut en un partido amistoso] Fue ante Estudiantes y en La Plata. Montes me dijo que me tirara sobre el lateral izquierdo, para no permitir el avance de Pagnanini. Después me dijo que lo había hecho muy bien. Me considero habilidoso y me gusta arrancar desde atrás, así como Bochini, que es mi jugador preferido (se sonroja, y nos aclara que es hincha de los ‘rojos’). Pero eso no quita que también llegue al gol. Siempre hice goles. En mi debut en octava, convertí cinco…”
Para su debut en primera, tuvo que esperar hasta el 20 de octubre de 1976, en un partido frente a Talleres de Córdoba en La Paternal por el Campeonato Nacional. Entró en el segundo tiempo por Rubén Giacobetti. Esa tarde, Argentinos perdió 1 a 0.
Su intervención más importante la consignó el periodista de Crónica al que le tocó cubrir el encuentro. A los 22 minutos del segundo tiempo “el habilidoso Maradona superó las marcas de Avellaneda y Galván. Avanzó más dentro del área y remató. Galván, que se había recuperado, llegó a tiempo para despejar”.
Para el cronista que había recogido el testimonio de Maradona en aquella nota a un mes del debut, el caso del juvenil jugador de Argentinos “no es común. Más en estas épocas. El fútbol argentino ha tenido muchos casos de ‘prodigios’ y ‘niños precoces’. Los que llegaron a cracks integrales… a fenómeno de verdad, fueron menos”. Y presagiaba: “Es de esperar que Diego Armando Maradona no se quede”.

