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El obispo de los pobres

Enrique Angelelli.

León XIV anunció el 5 de agosto pasado su visita a la Argentina, Uruguay y Perú para noviembre próximo. La noticia llegó al día siguiente de cumplirse medio siglo del asesinato del obispo riojano Enrique Angelelli a manos de la dictadura militar instalada en el país desde el 24 de marzo de 1976.

El dato es elocuente si se tiene en cuenta que el antecesor de León XIV, el papa Francisco, fue amigo de Angelelli y quien promovió su beatificación en 2019, junto a sus compañeros de ruta los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, asesinados en Chamical el 18 de julio de 1976, y el laico Wenceslao Pedernera, muerto a balazos una semana después frente a su familia en su casa de Sañogasta, el 25 de julio.

El 4 de agosto de 1976, Enrique Angelelli conducía un automóvil entre Chamical y La Rioja capital después de enterrar a los curas Murias y Longueville, brutalmente asesinados tras haber sido torturados en la base aeronáutica local. Iba con otro cura, Arturo Pinto, llevando documentación que probaba la participación de los oficiales de la Fuerza Aérea y del jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Menéndez, en el crimen de ambos sacerdotes y de Pedernera. Los documentos iban a ser entregados al nuncio apostólico Pío Laghi para ser llevados al Vaticano con la esperanza de una denuncia internacional sobre los crímenes de la dictadura argentina.

Cerca de las dos de la tarde, otro automóvil comenzó a perseguirlos, los encerró en plena ruta desierta e hizo volcar el vehículo. Angelelli fue sacado, arrastrado sobre el asfalto y su nuca molida a golpes, según confirmó casi diez años después –ya en democracia– la autopsia solicitada por el juez a cargo de la causa, Aldo Morales. Pinto quedó inconsciente dentro del vehículo y pudo sobrevivir.

Angelelli era cordobés, había sido párroco en barrios populares en la capital provincial, asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) a comienzos de los años 60, cuando el papa Juan XXIII abrió las puertas de la Iglesia católica al convocar al Concilio Vaticano II. Entre la efervescencia social, los movimientos de liberación en América latina y la descolonización de África, Angelelli entendió que era el momento de predicar el Evangelio como Cristo y entre los pobres. Empezó a ser una molestia para la jerarquía y los poderosos en Córdoba porque el Papa lo había nombrado obispo auxiliar en la ciudad. Su amigo, el también obispo Raúl Primatesta, negoció una salida decorosa y logró que lo pusieran a cargo de la diócesis de La Rioja, pensando en silenciarlo. Pero fue ahí donde mostró toda su capacidad de plantear una nueva iglesia comprometida.

El Evangelio y el pueblo

Llegó a La Rioja en agosto de 1968 y organizó a los campesinos en cooperativas de trabajo, a las empleadas domésticas les propuso un sindicato y a los jóvenes les ofreció espacio de trabajo social en las parroquias de toda la provincia. Denunció las injusticias de los gobiernos provinciales durante la dictadura de los militares Juan Carlos Onganía y Alejandro Lanusse, y se apoyó en la CGT de los Argentinos para movilizar a los trabajadores de la provincia. En 1973 llamó a votar al peronismo pero al poco tiempo se dio cuenta de que las fuerzas conservadoras locales harían lo imposible para frenarlo. En especial la familia Menem, que organizó una pueblada en Anillaco de donde echaron a pedradas al obispo en 1973.

Tuvo como aliados hasta el último día a los hermanos Alipio y Mario Paoletti, que desde el diario El Independiente, convertido finalmente en cooperativa, lo acompañaron amplificando sus denuncias y reclamando otro país posible, más solidario, digno y justo.

La brutalidad del golpe del 24 de marzo encarceló, asesinó y arrojó al exilio a buena parte de la sociedad riojana que tiene el triste récord de ser la provincia con el porcentaje más elevado de perseguidos durante los casi ocho años de la dictadura. La redacción de El Independiente, con los Paoletti a la cabeza, terminó encarcelada y exiliada, el obispo asesinado y toda la provincia convertida en una cárcel.

Recién en 2014 los responsables intelectuales del asesinato de Angelelli terminaron condenados a perpetua. El comodoro Luis Fernando Estrella y el general Luciano Menéndez recibieron prisión perpetua por los cuatro asesinatos. Cada año los riojanos recuerdan a su pastor y desde 2019, cuando el papa Francisco impuso la beatificación de Angelelli, la provincia ganó, en realidad, un santo.

León XIV reivindica a Angelelli en la encíclica “Magnifica Humanitas”, publicada en mayo pasado, en la que advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial mutilando la dignidad humana. El 4 de agosto pasado el Papa recordó al obispo riojano que predicaba “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo” y lo mencionó junto a otros referentes populares como Nelson Mandela, Martin Luther King y Teresa de Calcuta, como referentes de un mundo en busca de dignidad humana.

Cincuenta años después de su asesinato, en el mismo año de la instauración de la dictadura más sangrienta de la historia argentina, Angelelli sigue mostrando el camino como semilla para un mundo nuevo, más humano y justo. La llegada del papa León XIV en noviembre próximo para visitar Buenos Aires, Luján y Córdoba será también la confirmación de la palabra de Enrique Angelelli, el obispo de los pobres.

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