Casi una década atrás, luego del ascenso del primer gobierno de Donald Trump, no fueron pocos quienes plantearon que el peronismo había llegado a los Estados Unidos, fundamentalmente por el explícito proteccionismo industrial de este presidente norteamericano, que en su actual segundo gobierno profundizó con la imposición de aranceles a sus socios comerciales para proteger la industria y el trabajo estadounidenses. Todo ello llevó a una nueva ola de comparación que incluyó a medios norteamericanos como The Washington Post, The Economist, The Atlantic o The Wall Street Journal o informes de la consultora financiera JP Morgan, incluso pese a las enormes diferencias entre el gobierno trumpista y el peronismo en materia de políticas impositivas, migratorias y sociales, que, por caso, estudió el investigador del Conicet Sebastián Etchemendy.
Por eso, mucho más potente aún fue la comparación de un presidente norteamericano con el peronismo durante la asunción en 2021 de Joe Biden, cuando en su discurso del Estado de la Unión, por los cien días de gobierno, ante al Congreso en abril de aquel año, anunció un plan de inversión que implicaría un 40 por ciento del presupuesto federal para el estímulo económico, sustentado en buena parte con una suba de impuestos a los más ricos, para incentivar la obra pública y el gasto social en los segmentos vulnerables, además de encomiar la labor de los sindicatos y criticar a Wall Street. De hecho, la entonces vicepresidenta Cristina Kirchner publicó 27 tuits citando diversos párrafos del discurso de Biden, en los que contrastó el programa de desarrollo industrial y de protección a los trabajadores estadounidenses con las políticas neoliberales del macrismo.
Una comparación lejana
Pero la comparación del peronismo con presidentes estadounidenses que incentivaron la protección de la industria y el trabajo norteamericano no es ninguna novedad. En su edición 17 del año 1949, la revista partidaria Hechos e Ideas salió con el rimbombante título “Truman adopta la doctrina social peronista”, donde se llegaba a plantear que su política de Fair Deal (Trato Justo) enunciada en noviembre de 1948 en Saint Paul, que buscaba extender el fuerte intervencionismo estatal del New Deal de Franklin D. Roosevelt para incentivar no solo la industria y el empleo, sino la educación, la salud y el bienestar social general, era en parte consecuencia de un peronismo que se había convertido en “centro de referencia para el estudio de las reformas sociales en todo el continente”, al punto de señalar que “precisamente en los Estados Unidos, baluarte del liberalismo ortodoxo que importa la libertad y opulencia de los menos a costa de la sujeción y pobreza de los más, la Justicia Social tal como la propugna nuestro primer mandatario ha encontrado eco nada menos que en la persona del presidente Truman”.
Sin temor a la exageración, añadía que los doce puntos que había enunciado Truman “no son sino simples extractos de los principios peronistas”, y para intentar justificarlo, comparaba estos doce puntos con los artículos de la Constitución de 1949.
Allí reseñaba citas textuales de uno y otro documento para exhibir aspectos similares entre los postulados del Fair Deal y la nueva Constitución argentina, como la participación equitativa en la riqueza del país, la promoción del bienestar general de la población antes que de una minoría privilegiada, ingresos justos para empresarios y trabajadores, restricción a los monopolios, uso estratégico de los recursos naturales para el beneficio de las mayorías y no grupos reducidos o injerencia del gobierno para asistir a la ancianidad, los desempleados, los minusválidos, la educación, la salud y la vivienda, así como la igualdad de derechos civiles.
Si bien muchas de las comparaciones eran muy precisas y otras algo forzadas, lo cierto es que la revista parecía no dudar en la inspiración peronista hacia el Fair Deal, al que incluso describía como un intento “tímido” en comparación con “el pensamiento revolucionario peronista (…) Hasta ahora no son más que buenos propósitos, mientras aquí la Constitución es una realidad”, y cuestionaba algunas acciones que había llevado adelante el entonces gobierno estadounidense.
Pese a ello, le deseaba a Truman que, “frente a la plutocracia yanqui”, pueda “contemplar y rever muchas de sus acciones de gobierno, con el espíritu de justicialismo que lo ha inspirado esta oportunidad”, con lo que sentaba el primer antecedente en la comparación entre gobiernos norteamericanos orientados a la protección social, productiva y laboral, con los lineamientos del peronismo.

