Carlos Bilardo estaba nervioso y se entendían las razones. La Selección Argentina afrontaría la primera eliminatoria bajo su mando, después de un 1984 con algunos buenos resultados en partidos amistosos ante rivales de categoría, como en los triunfos sobre Alemania Federal y Bélgica, por dar dos ejemplos. Ya había quedado atrás la desazón por no haber llegado a las semifinales de la Copa América en 1983 y el sorteo entregó tres rivales de diferente nivel, como Colombia, Perú y Venezuela, para 1985.
El 26 de mayo tocó visitar a los venezolanos en San Cristóbal, la región del país donde más se sentía la pasión por el fútbol. La Argentina ganó 3-2, Diego Maradona no tardó más que dos minutos en clavar un tiro libre y parecía fácil el trámite. Seis minutos después, Orlando Torres lo empató con un golazo desde lejos y antes del final de la primera parte, fue Daniel Passarella quien tomó otro tiro libre y su zurda mortífera venció al arquero local.
En la segunda parte, Maradona metió la cabeza para el 3-1 y el descuento de Hebert Márquez poco importó. Triunfo 3-2, pero sin brillar ni mucho menos. Una semana después hubo visita a Bogotá y una buena victoria 3-1 sobre los 2640 metros de altitud. Dos goles de Pedro Pasculli y uno de Jorge Burruchaga situaron al equipo en la cima. El 9 de junio tocó Venezuela en campo de River. Fue fácil en el resultado, pero no tanto en el trámite. Miguel Ángel Russo se anotó haciendo el primer gol con un derechazo esquinado, algo poco común, y el equipo se enredó cerca del área, para recién poder definir el partido en los momentos finales, gracias a Néstor Clausen y al incansable Maradona, que otra vez de cabeza aprovechó un tiro de esquina.
La cuarta victoria seguida se produjo el 23 de junio en el Monumental. Colombia estaba dispuesto a vengar la derrota en Bogotá, pero no pudo convertir. Jorge Valdano los madrugó con un perfecto cabezazo antes de la media hora y sentenció el resultado. Cuatro partidos, cuatro triunfos.
Todo se complicó. Siete días después, la Argentina visitó a Perú en Lima y no la pasó bien. Rápido gol del extremo izquierdo Juan Carlos Oblitas y algo inusual: Luis Reyna, mediocampista defensivo peruano, le hizo marcación personal a Maradona. Fue tan asfixiante y áspera, que no le permitió generar juego ni lucirse. Amonestado en el inicio del segundo tiempo, Reyna se las ingenió para reducirlo a un jugador común, algo que no había ocurrido antes. Maradona se quejó siempre y recordó aquella persecución de Reyna como una de las peores tardes que vivió en una cancha. La Argentina se clasificaba si empataba, pero Perú lo ganó y festejó con locura el triunfo.
EL PARTIDO FINAL
La última fecha del Grupo 1 era el desquite de Lima y así pasó, el 30 de junio de 1985. Argentina había sumado 8 puntos y Perú solamente 7, aunque si ganaba lo superaba. El cuadro dirigido por Roberto Challe no había podido vencer a los colombianos, cosechando un empate y una caída. Por esa razón, no llegaron juntos en el primer lugar con los argentinos. El triunfo, recién diez años después, se recompensaría con tres puntos y no existía todavía.
Challe fue el responsable de diagramar la marcación de Maradona para anularlo y lo consiguió con Reyna, un jugador que llevaba un semestre sin actuar, pero que en los dos partidos dejó su sello en el estilo agresivo y una suma de agarrones, golpes, insultos y empujones que sumó para anular al crack argentino. Si bien la marcación fue más “suave” en el Monumental, también sumó para los nervios del equipo local.
El partido empezó mal: la cancha de River estaba muy embarrada y la pelota no corría libremente. La esperada dureza del juego apareció al primer minuto, cuando Julián Camino le pegó una tremenda patada a Franco Navarro, sacándolo del juego. Era para tarjeta roja pero el juez brasileño Arpi Filho apenas utilizó la amarilla.
Doce minutos después, Maradona se le escapa a Reyna, centro desde la izquierda y gran definición de Pasculli, un zurdazo al palo lejano inatajable. Fiesta en las tribunas y la sorpresa a los 23, porque César Cueto lanzó un tiro libre desde 30 metros, Uribe bajó la pelota en el área chica y José Velázquez anticipó a los defensores con el pie zurdo, anulando la reacción del Pato Fillol. En el minuto 38, llegó el cachetazo. Jugadón armado por Velázquez y Cueto, pase filtrado sensacional para Gerónimo Barbadillo, que hizo la diagonal, gambeteó a Fillol y desde la derecha metió el remate cruzado, que las estiradas en el suelo de Enzo Trossero y Passarella sirvieron para darle más espectacularidad. Perú 2-1.
El segundo tiempo fue un electrocardiograma. Masivos ataques argentinos que tomaron bien armada a la defensa peruana. Apenas un bombazo de Pasculli que se fue arriba del travesaño, un cabezazo de Passarella salió junto a un poste y un zurdazo de Maradona lo contuvo Eusebio Acasuzo con esfuerzo. A ocho minutos del final, con los nervios argentinos en estado desesperante, llegó el empate que daba la clasificación: Passarella bajó con el pecho un centro, dentro del área y sobre la derecha. Siendo zurdo, optó por pegarle con su pierna menos hábil y el bombazo se estrelló en el poste más lejano. La pelota recorrió la línea de gol y apareció Gareca para meterla en el arco peruano. Fiesta y descontrol en las tribunas.
Hubo tiempo para dos emociones fuertes adicionales: un defensor sacó el toque sutil de Maradona que se metía junto a un palo y, a un minuto del final, fue Ubaldo Fillol quien evitó lo que parecía seguir, un golazo de Julio Uribe, el crack peruano. Sin esa atajada, no hubiese habido mundial. Ni Copa del Mundo en la Casa Rosada.

