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“El Dibu me dijo que iban a salir campeones”

Miguel Ángel “Tití” Fernández es una excepción absoluta en la historia del periodismo deportivo argentino. Con sus casi cinco décadas de trayectoria, ostenta el récord de haber cubierto una decena de mundiales y es el único periodista que tuvo el privilegio de besar la Copa del Mundo. Amigo entrañable de Maradona y de Bilardo, es querido por futbolistas de todas las generaciones, que lo erigen como una leyenda viva.

En julio de 2014, mientras cubría el Mundial de Brasil, la tragedia asoló su vida: su hija, María Soledad Fernández, falleció en un accidente. Ocho años después, tras la victoria de la Argentina sobre Francia en Qatar, Messi hizo que le acercaran la Copa del Mundo y pudo besarla. Con sentimientos encontrados, pero atravesado por la emoción y la dicha del momento, Tití declaró: “Para vos, hija. Mirá. No pudieron antes, hoy sí pudieron. Somos campeones del mundo. Para vos, mi vida, preciosa. Te quiero, Sole. Te quiero, mi vida”.

–El fútbol acompañó toda tu vida tanto en el plano profesional como personal, a veces en circunstancias felices y otras trágicas. ¿Cuál es el primer mundial que recordás y por qué?

–El primer mundial que recuerdo con mucho cariño es el del 86. Yo en el 78 trabajé en el diario La Razón y en el 82 trabajé para Radio Mitre y para Canal 9, pero no viajé a España. El 86 fue el primer mundial fuerte dentro de la cancha. Es una emoción vibrante, imposible de transmitir con palabras. Encima brillamos en el campo futbolístico y ni hablar de la justicia poética del gol del siglo de Maradona a los ingleses. Yo además tuvimos una relación muy buena con Bilardo y con todos los jugadores del plantel, incluido Maradona, pero también Tapia y el “Negro” Enrique. Como me llevaba bien con todos, pude hacer un laburo muy lindo coronado con un campeonato espectacular.

–El ser amigo de Bilardo te permitió acompañar concentraciones y giras de los futbolistas durante los años 80 y 90. ¿Qué recordás de ese tiempo?

–Las concentraciones eran diferentes a las de ahora. Todo era mucho más artesanal. En esa época no existían la figura del jefe de prensa ni las conferencias de prensa. Era todo mano a mano, cara a cara. ¿Qué significaba eso? En mi caso, por ejemplo, yo tenía que hablar con Bilardo y Bilardo, que era un apasionado, me decía: “Vení a la habitación”. Iba a la habitación y me contaba de alguna reunión de la FIFA o de algún cambio de reglamento del Mundial. Al tener tan buena relación con todos los futbolistas, me permitían entrar a las concentraciones en horarios que no eran los que se abrían al resto de la prensa. Trabajaba con Antonio Prieto, que además era peluquero y les cortaba el pelo a varios jugadores. Entrábamos a cualquier hora.

Me acuerdo de que, cuando terminó el Mundial 86, tenía que hacer una producción con Víctor Hugo, el presidente Alfonsín y Maradona. Esperé a que dieran la vuelta olímpica en el estadio Azteca y le digo a Maradona que Alfonsín estaba esperando. Él me dice: “Lo lamento, que espere Alfonsín”, me agarró de un brazo y me llevó a festejar con ellos al vestuario. Hoy eso sería impensable. Éramos unas veinte personas festejando en el vestuario. Las delegaciones no eran tan numerosas. Había un solo utilero, Tito Benros; un médico; un kinesiólogo. Nada más. Hoy es, por lo menos, el triple de personal.

–Entre tantas, ¿qué otras anécdotas recordás de Maradona?

–Él tuvo gestos increíbles conmigo. El día que volvió a Boca, el día que se pintó el pelo de azul y amarillo, después del partido hacen una fiesta en el Soul Café, en lo del “Zorrito” Quintiero. Boca estaba concentrando en el Hindú Club. Fútbol de Primera empezaba siempre con imágenes espectaculares. Fui a grabar y tuve imágenes de Maradona cuando se levantaba, se lavaba los dientes… Era un tipo que para eso era especial. Terminamos y estábamos con Coppola. Me invitaron a la fiesta y pude hacer imágenes ahí sin que me cobraran un peso. Fue la primera vez que en Fútbol de Primera no se pasaron partidos: se mostró un resumen de todos y después el resto fue el programa en vivo desde el Soul Café con la fiesta de Maradona, donde cantaba Charly García.

El día que sale campeón con Napoli en el 90, nos consiguió hospedaje para Víctor Hugo y para mí en el Hotel Paradiso, en Nápoles. Maradona era Gardel en Nápoles. Tenía esa habitación para cuando llegaban su madre o sus amigos. Hay una foto que dio la vuelta al mundo donde yo aparezco fumando detrás de Maradona y Maradona está con la camiseta del Napoli. Si a Maradona le caías bien, era muy generoso. Con Maradona pegamos onda y tuvimos toda la vida una relación de puta madre.

–El de Maradona contra los ingleses fue el gol del siglo XX. ¿Cuál te parece el gol del siglo XXI?

–Es muy difícil. El gol que hace Messi contra México en Qatar es importantísimo porque sin ese gol el partido estaba muy cerrado. Si Messi no hacía ese gol se nos complicaba la clasificación. Después vino otro más de Enzo Fernández, terminamos ganando el partido y salimos campeones del mundo.

–Tres recuerdos del Mundial de Qatar que llevás en el corazón para siempre mientras cubrías el torneo para la Televisión Pública y tenías el privilegio del mano a mano con los jugadores.

–Voy a elegir uno con el “Dibu”, otro con Messi y otro con De Paul. Después de que el “Dibu” ataja los penales y la rompe en el partido contra Holanda, estaba con él y me aseguró que iban a ganar el campeonato del mundo. Yo lo jodí a Messi, le conté la afirmación del “Dibu”, y me dijo que el “Dibu” estaba loco. El día de Holanda termino la nota con el “Dibu” y me dijo que me iba a regalar la camiseta de la final de la Copa del Mundo. Le dije: “Estás loco, esa es para vos, tu hijo, tu vieja, tu esposa”. “Tenés razón”, me dijo. Se agachó, abrió la mochila y me regaló la que había usado contra Holanda.

En la nota con De Paul, me abrazaba y me miraba con cariño, como un padre. Me habló hasta de Tini. Yo no entendía por qué estos pibes siempre fueron tan afectuosos conmigo. Hasta que unos días después me cruzo con una mujer en el shopping y era la madre de De Paul. Ella me lo explicó: cuando eran niños miraban siempre Fútbol de Primera y soñaban con que un día les entregara el premio a la figura del partido.

La anécdota con Messi se hizo viral. Yo lo jodía siempre con lo que dijo el “Dibu” de que iban a ser campeones y le decía: “Supongo que cuando ganen la Copa me la van a traer para que la vea”. Entonces, cuando salieron campeones, estoy haciendo la nota a Messi y me traen la Copa, que pesa más de ocho kilos. Hay que bancársela cargarla todo ese tiempo. Messi le había pedido a Dady, el masajista de la Selección, que estaba a cuatro o cinco metros del lugar donde hacíamos la nota, que me acercara la Copa para que finalmente pudiera agarrarla y besarla. Algo que yo le había pedido antes y que Messi recordó en ese momento. Fue hermoso y me llena de orgullo.

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