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Colombia en la mira de la ultraderecha

Abelardo de la Espriella y su esposa Ana Lucía Pineda. Foto: (Xinhua/Str)

Las elecciones presidenciales del pasado domingo en Colombia arrojaron algunos resultados sorpresivos: la ubicación del candidato ultraderechista, Abelardo de la Espriella, en primer lugar, con un 43,7 por ciento, y una muy baja votación, 6,9 por ciento, para la derechista del Centro Democrático, Paloma Valencia, quien se dice “hija” del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. El candidato oficialista, Iván Cepeda, quedó dentro del rango que anticiparon las encuestas, con un 40,9 por ciento. Ningún sondeo predijo que De la Espriella fuese a liderar el podio. Ese sitio lo ocupaba Cepeda. Tampoco indicaron que Valencia fuera a obtener menos de 13 puntos.

Si el análisis se limitara a lo cuantitativo, podría decirse que derecha y ultraderecha acumulan lo mismo que sumaron en las elecciones de 2022, en primera vuelta, la derecha tradicional, representada por Federico Gutiérrez, y la del empresario Rodolfo Hernández, que se presentaba como outsider. También que Cepeda obtuvo más votos que Petro hace cuatro años.

Pero un cuatrienio atrás, el personaje estrafalario de Hernández obtuvo un 28 por ciento, lejos del respaldo alcanzado por De la Espriella, y en un contexto muy distinto, puesto que aún no habían asumido ni el argentino Javier Milei, ni el ecuatoriano Daniel Noboa, ni el hondureño Nasry Asfura, ni el boliviano Rodrigo Paz, ni el chileno José Antonio Kast. El giro a la derecha en América latina no tenía el grado de consolidación del presente. Más allá del histórico vínculo de alianza y subordinación de la política colombiana a la norteamericana, tampoco se estaba ante el desenfrenado accionar del Trump 2.0 con la doctrina “Donroe” a todo vapor.

De hecho, el acto eleccionario estuvo precedido por una videollamada entre Noboa y De la Espriella, en la que el candidato le solicitó al presidente ecuatoriano que levantara los aranceles que le impuso a Colombia en enero. El mandatario deseó que el candidato ultra tuviese suerte el fin de semana y anunció el levantamiento de la medida a partir del 1° de junio. La presidencia y la cancillería de Colombia denunciaron este acto como una injerencia y el intento de imponer una falsa narrativa pues Noboa debía levantar los aranceles, no por afinidad con el candidato, sino por lo dispuesto por la Comunidad Andina, organismo que ambos países integran.

Otro hecho que habrá que analizar con detenimiento tras la baja votación de Valencia es el papel que juega hoy Uribe, quien marcó el panorama político de, por lo menos, los últimos veinte años. No podría decirse que ya no tiene ningún peso porque, como lo explicó muy bien De la Espriella en la previa a las elecciones, el uribismo es más un “legado” que una persona y sus bases no respondían a la candidata del Centro Democrático sino a la opción de ultraderecha. Todo parece indicar que el electorado de la derecha dura no toleró que Valencia armara fórmula con Juan Daniel Oviedo, un hombre abiertamente gay que la llevó a aplacar, mínimamente, su discurso en relación con la nueva agenda de derechos y a hacer campaña bajo la consigna de sumar entre distintos. Pero, en cualquier caso, la derecha ya no es patrimonio exclusivo de Uribe. Tiene al frente y como cara visible a un empresario, ateo hasta hace poco tiempo, que actualmente dice tener una única alianza, “con el pueblo y con Dios”, que celebra los votos alcanzados agradeciendo a Cristo Rey y defiende tener una “familia estable”. Léase, una joven esposa y cuatro hijos. Tiene al frente a un hombre que hace de sus actos un espectáculo y que, en un paralelismo un tanto burdo, adecua el león de Milei a su persona, al hacerse llamar “tigre”.

Por otro lado, es probable que muchos votantes, bajo la presunción de que el progresismo pudiese ganar en la primera vuelta, hayan optado por el voto útil e ido por quien marcaba más alto en la derecha.

A todos estos elementos, se sumó otro ingrediente que generó fuerte controversia con la oposición, pero también señalamientos a la interna. El actual presidente, Gustavo Petro, anunció que no reconocía los resultados del conteo preliminar. Ese discurso fue replicado por Cepeda. Parece difícil que hubiese podido no hacerlo siendo el candidato oficialista. Sin embargo, no fue un planteo común dentro del Pacto Histórico. Por tomar solo un ejemplo, el expresidente Ernesto Samper, dijo esa misma noche entrevistado por Telesur, que sería “temerario” hablar de un fraude.

El candidato oficialista Iván Cepeda.

Un giro hacia la segunda

Como es habitual cuando los resultados no son los que se esperan, pues parte del oficialismo sobreestimaba la votación que iba a alcanzar y nadie adelantó, a su vez, que la ultraderecha creciera tanto, rápidamente empezaron las autocríticas a la interna del Pacto Histórico. Que el camino correcto no fue el de la “campaña austera” que reivindicó Cepeda durante los últimos meses mientras De la Espriella gastó grandes cantidades con una fuerte apuesta en las redes. Que Cepeda no debía haber leído sus discursos sino apuntar a conectar de otra forma con la ciudadanía. Que si la fórmula con la lideresa indígena Aída Quilcué fue sumar más de lo mismo cuando los votos de quienes la acompañan ya estaban asegurados para el Pacto Histórico. Que si debería haber asistido a debates. Y, finalmente, si había sido un error plantear dudas sobre los resultados.

Pasada la noche, la campaña oficialista dio un vuelco. Cepeda publicó el lunes a tempranas horas en sus redes que llamaba a De la Espriella a debatir. El medio Semana rápidamente recogió el guante e invitó a los candidatos a enfrentarse la próxima semana. El candidato del Pacto Histórico convocó, a su vez, a una conferencia de prensa donde empezó por sostener que, si bien se tenía que analizar si había diferencias entre el conteo preliminar y el escrutinio final, debía decir, “como persona seria y honesta, que el dispositivo de control y verificación de resultados” de su partido había trabajado intensamente en las últimas horas, sin haber detectado “evidencia sobre hechos de una profundidad que mereciera pronunciarse sobre eventuales irregularidades”.

En otro orden, reiteró la invitación a De la Espriella a debatir, pero con la condición de que no fuese en Semana ni con sus candidatos a vicepresidentes, como propuso su contrincante, sino en un mano a mano. Este medio había realizado una extensa entrevista al ultraderechista y su esposa dos días antes de las elecciones, en la que no se lo había cuestionado por sus vínculos con narcotraficantes, paramilitares y delincuentes condenados por la justicia, a los que, también como abogado, defendió. En cuanto a la participación de los candidatos a vicepresidentes, eso podría favorecer a De la Espriella, puesto que no tiene conocimiento del funcionamiento del Estado ni de políticas públicas, a diferencia de su compañero de fórmula, Juan José Restrepo, que fue ministro de Hacienda y Comercio del expresidente Iván Duque.

Ahora, de cara a los veinte días para el balotaje, toca que cada quien vaya a buscar los votos que le faltan. Valencia, una vez conocidos los resultados, anunció su respaldo a De la Espriella, 48 horas después de acusarlo de “estar en Italia tomando ron”, donde vive, mientras ella “defendía” al país de Petro. Mientras tanto, su candidato a vice, como los dos candidatos de centro, Sergio Fajardo (obtuvo un 4%) y Claudia López (1%), han dicho que no acompañarán a un “machista, homófobo”, pero en su discurso posterior a los resultados tampoco dieron su apoyo a Cepeda. Desde el oficialismo se apela también a ir a buscar al 42 por ciento de los habilitados para votar que resolvieron abstenerse.

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