Este lunes 11 de mayo terminó la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y su director, Ezequiel Martínez, celebra en su despacho: “Tuvimos entre un 10 y un 20 por ciento más de ventas que en 2025”. Desde el 23 de abril, la Feria 2026 rebasó todos los registros históricos: llegaron 1.340.000 visitantes –un 8 por ciento más que el año pasado–, como pudo verse en los pasillos abarrotados el 1º de mayo y los fines de semana. En sus 50 mil metros cuadrados hubo 380 stands, 480 expositores –locales e internacionales– y 1.587 editoriales. Como dice Martínez, “en un contexto complicado del país, este fue un año mejor que 2025”.
¿A qué lo adjudica? “La Feria del Libro es un oasis y no se explica muy bien por qué –analiza–. Hay crisis del libro, hay librerías que cierran, y sin embargo en la Feria está este fenómeno: cuando viene un autor, firma libros o presenta su novedad, o en algunas mesas intervienen determinados escritores, eso impulsa mucho la venta de títulos. Eso, que se da únicamente en la Feria, promueve mucho a los libros y a la industria editorial.”. Y también “sorprende bastante la cantidad de público juvenil: a todos los chicos que vinieron en visita escolar se les dio un chequelibro de diez mil pesos para que pudieran comprar lo que quisieran”.
Desde el foco de las grandes editoriales hubo ventas un 15 por ciento mayores que en 2025. Los libros más vendidos de Planeta fueron Montoneros. Una historia visual, de María O’Donnell; Un amigo gratis, de Inma Rubiales; El club del olvido, de Alice Kellen; La soledad, de Gabriel Rolón, y El eternauta, de Héctor Oesterheld y Francisco Solano López. En Penguin Random House los más elegidos fueron El buen mal, de Samanta Schweblin; Una casa sola, de Selva Almada; Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica; El método Briones, de Beltrán Briones; Los años locos, de Daniel Balmaceda; los libros de historia argentina de Eduardo Sacheri y Frená tu cabeza, de la psicóloga Marina Mammoliti. ¿Y las editoriales más chicas?
En medio de la caída de ventas en librerías y de disminución de tiradas, las editoriales medianas y pequeñas sostuvieron las ventas de 2025, o las aumentaron levemente, sobre todo el último fin de semana, del 9 y 10 de mayo, gracias al Programa Libro% de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares. “Vinieron cerca de mil bibliotecas de todo el país –calcula Martínez–, con un presupuesto cada una de dos millones de pesos y una gran política de descuento: uno veía bibliotecarios de todo el país con sus carritos y cajas repletas de libros. La Feria es un lugar de paseo, pero también de gran consumo cultural: este año sumamos la Pista Central de La Rural y hubo espectáculos musicales a lo largo de todo el evento”.
Al ser el 50º aniversario “hicimos una Feria bastante diferente –dice Martínez–. Dedicamos un pabellón de 2.750 metros cuadrados a homenajear a la propia Feria, y ahí un lugar central tuvo que ver con los cincuenta años del golpe de Estado: buscamos darles un lugar protagónico a todos esos libros y autores que no pudieron estar en 1976 por la censura y la represión. Todas las acciones que encaramos por los cincuenta años de la Feria también atrajeron al público: al de siempre y al nuevo”. Y brinda más números: hubo nueve pabellones, doce salas para eventos, nueve auditorios semiabiertos y participaron catorce países y 19 provincias.
También asistieron dos Premios Nobel de Literatura, el sudafricano J. M. Coetzee y el chino Mo Yan, y el viernes 8 de mayo más de dos mil jóvenes y adultos asistieron al concierto de la Orquesta de Cuerdas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. “Me puse a hacer filas como cualquier comprador –cuenta Ezequiel Martínez– y todos los expositores me decían que esta había sido una buena edición: en la Feria pasa de todo al mismo tiempo durante tres semanas.” Los números, entonces, fueron en general auspiciosos. ¿El balance negativo reside en el estado de la industria del libro, del que la Feria no puede escindirse?
Un contexto que no ayuda
El director de la Feria piensa unos segundos y dice: “Eso nos preocupa a todos. Hay muchas cosas que se tienen que mejorar: la compra de libros desde el Estado ha bajado drásticamente y eso también afecta mucho al sector. Más allá de que en esta época el libro compite con otros consumos, como las redes sociales, desde la Fundación El Libro tratamos de generar todas las acciones posibles para que el libro siga siendo un consumo cultural que no sea de lo primero que la gente resigne, como siempre ocurre con el cine o con el teatro”.
Por primera vez, en la apertura de la Feria, el 23 de abril, tres autoras conversaron sobre literatura, lenguaje y contexto social, con potentes definiciones políticas: Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada, quien dijo: “En estos días en los que la educación pública está cada vez más desmantelada y los sueldos de los docentes son miserables, eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”. Guerriero alertó sobre una “sociedad infectada por el desprecio” y sobre la promoción de discursos hostiles desde el poder. Y Cabezón Cámara caracterizó al presente como “necro grotesco”, entre otras definiciones.
Antes de ellas, el intempestivo discurso del secretario de Cultura de la Nación, Leandro Cifelli, había recibido abucheos y protestas. ¿La Feria del Libro sigue siendo un espejo en el que se proyecta la realidad actual? Ezequiel Martínez es consciente de ello: “La Feria es un gran escenario para el debate de lo que está sucediendo en la cultura y por eso es un lugar al que todos los políticos quieren venir. Es un amplificador de las voces, de las opiniones y del presente. La Feria es una caja de resonancia de la Argentina”. Y amplía: “El acto inaugural es casi un género literario, porque la gente siempre espera que algo interesante suceda”.
Pero esa es también la misión de la Feria del Libro, observa Martínez: “Tiene que ser un ámbito de discusión y de intercambio de ideas, mientras sea siempre con respeto”. Entre otras novedades de este año, Perú contó con un espacio de 500 metros cuadrados que incluyó una librería, una zona infantil, un auditorio, una zona de negocios y una muestra literaria. A cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges hubo un laberinto interactivo, un espacio inmersivo y una exposición –”Borges nacional y universal”–, y el ciclo Diálogos “50 años de lecturas y escrituras en Argentina” repasó cómo los libros fueron leídos desde la dictadura hasta hoy.
Y es indudable que el sector juvenil es, junto con el femenino, uno de los que vende más libros en la Feria. Para potenciarlo, entre los nueve auditorios volvió, ampliada, la Tribuna Joven; hubo36 actividades en YouTube y once programas transmitidos desde el Espacio Streaming. “Cada vez más streamers, tiktokers, instagramers y youtubers comentan las novedades de libros y lo que se lee –observa Martínez–. Así como nosotros antes íbamos a ver a un rockstar, los jóvenes vienen desesperados por escuchar a un autor o a una autora. Por eso buscamos que sientan que la Feria es también un lugar para ellos.”

