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¿Qué buscan los kurdos de Irán?

Dentro de la diversidad étnica y cultural de Irán, el pueblo kurdo destaca como el más importante, ya que está conformado por entre ocho y diez millones de personas, lo que equivale al diez por ciento de la población total del país de mayoría persa. En el territorio iraní, habitado por noventa millones de personas, también hay azeríes, luros, baluches, árabes, turcomanos y hasta una pequeña comunidad judía.

Durante el siglo XX, los kurdos sufrieron una división impuesta de su territorio histórico. Después de la Primera Guerra Mundial, ese pueblo, que en la actualidad reúne en total a más de cuarenta millones de hombres y mujeres, fue desperdigado en cuatro Estados nación: Turquía, Irak, Siria e Irán. En todos los casos, los diferentes gobiernos que controlaron esos países les negaron sus derechos culturales y políticos. Además, los Estados aplicaron métodos de asimilación o, si esto no se lograba, de represión abierta. En Irán, tanto en la época del sha Mohammad Reza Pahleví, como desde 1979, cuando fue proclamada la República Islámica, el poder estatal se encarnizó con una sociedad que desciende del pueblo medo y reconoce sus orígenes en la civilización sumeria. En Irán, el mayor porcentaje de presos políticos proviene de Rojhelat (Kurdistán iraní) y los kurdos también son blanco de ejecuciones públicas.

La región kurda de Irán, recostada sobre los montes Zagros, es rica en recursos naturales. En sus tierras hay petróleo, gas, cobre, oro, hierro, cuencas hídricas importantes y zonas donde se desarrolla la agricultura. Las montañas que conforman los Zagros son la frontera natural con Bashur (Kurdistán iraquí). A lo largo de las décadas, esas montañas se convirtieron en la principal línea de defensa del pueblo kurdo.

Los kurdos en los cuatro países en que están divididos son, en su mayoría, musulmanes sunitas, pero en el caso de Irán —donde la corriente islámica principal es el chiismo— muchos de ellos profesan esta confesión. En realidad, el pueblo kurdo tiene sus orígenes religiosos en el zoroastrismo o mazdeísmo, algo que comparten con los persas, la principal nación que habita el territorio iraní. El Newroz, el año nuevo kurdo, que se celebra todos los 21 de marzo para dar la bienvenida a la primavera y recordar el mito de la epopeya del herrero Kawa, también es compartido con los persas.

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En los primeros días de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, los kurdos quedaron bajo fuego cruzado mediático. Cadenas internacionales como CNN o Fox News difundieron que los partidos kurdos iraníes y sus brazos armados —ilegalizados y perseguidos por Teherán— se convertirían en la “fuerza de choque” por tierra para derrocar al régimen de los ayatolás. En Irán, en total existen seis partidos políticos kurdos, que formaron unos días antes de la guerra una coalición que tuvo casi un año de discusiones previas. Todos los partidos kurdos rechazaron las declaraciones de Donald Trump, que dio como verdadera la versión de los grandes medios. Días después, el propio presidente estadounidense descartó la posibilidad de que los kurdos se sumaran a la guerra.

La coalición formada por los partidos kurdos tiene líneas generales en común. La mayoría de las organizaciones busca que los derechos de la población sean respetados, que la región que habita alcance un modelo de autonomía o federalización y que se aplique una democratización en todo el país. Las diferencias entre estos partidos son históricas, pero en los últimos meses se priorizó la unidad para avanzar en una lucha que muchas veces es difícil de explicar.

LOS TERRITORIOS VECINOS

La guerra actual también se expandió hacia Bashur. Esa región, que es semiautónoma desde 2005, fue blanco de decenas de bombardeos por parte de Irán y de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), un grupo proxy de Teherán que tiene sus bases en territorio iraquí y está legitimado por el gobierno de Bagdad. Los ataques tuvieron como prioridad las sedes de los partidos kurdos iraníes exiliados en Bashur tras un acuerdo alcanzado años atrás entre el Gobierno Regional de Kurdistán (GRK) y el régimen iraní. El Partido por la Vida Libre de Kurdistán (PJAK) es el único de la coalición que tiene presencia en las montañas de Rojhelat.

El GRK rechazó desde los primeros momentos las versiones de un avance militar desde su territorio hacia Irán. La segunda fuerza en importancia en Bashur, la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK), se sumó al rechazo del rumor. Ambos partidos mantienen vínculos estables con Irán, al punto tal que sostuvieron conversaciones telefónicas con el canciller persa, en las cuales manifestaron su disposición a mantenerse neutrales.

La situación en Rojhelat es de tensa calma. Los bombardeos estadounidenses e israelíes tuvieron a esa región como blanco, debido a que las fuerzas militares iraníes tienen cientos de bases y depósitos de armamento. A su vez, los kurdos sufrieron el recrudecimiento de la persecución. La organización de derechos humanos Hengaw, que trabaja sobre el terreno en Rojhelat, publicó un breve informe en el que aseguró que al menos 1.700 personas fueron arrestadas en todo el país desde el estallido de la guerra. “Las autoridades judiciales y de seguridad iraníes han clasificado las acusaciones contra los detenidos en varias categorías principales, entre ellas espionaje, delitos contra la seguridad nacional y actividad mediática”, indicaron desde la institución.

En medio de una crisis mundial impulsada por Washington y Tel Aviv, el pueblo kurdo en Irán es un factor importante a tener en cuenta, aunque continúa caminando en soledad. Pero al mismo tiempo, esa sociedad acumula décadas de organización silenciosa, clandestina y constante. El futuro de los kurdos, como dicen ellos mismos, está en sus propias manos.

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