Pocos días después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, las redacciones recibieron una notificación de la Secretaría de Prensa y Difusión de la Nación, “Principios y procedimientos a los que deben ceñirse los medios de comunicación masiva”, con 16 puntos que reforzaban el andamiaje de censura desplegado por la flamante dictadura cívico-militar desde el día del levantamiento.
El director de la revista Cuestionario, Rodolfo Terragno, desobedeció la directiva de no publicar ese engendro cargado de moralina y lo llevó a la página 5 de la edición de abril, la número 36, debajo del staff y el índice. Y no se privó de dejarle la firma: Luis Jorge Arigotti, capitán de navío I. M. (Infantería de Marina).
Seguramente esa desobediencia y la negativa a someter los artículos al “Servicio Gratuito de Lectura Previa” montado por el régimen incidieron en que la revista solo durara dos números más, hasta junio, y haya costado el exilio a gran parte del equipo: Terragno recaló en Venezuela, junto con el subdirector, Miguel Ángel Diez; Aída Bortnik, encargada de Artes y Medios, y el redactor Alberto Szpumberg se refugiaron en España, y Carlos Ulanovsky, otro de los redactores, partió hacia México.
–Sométase a la lectura previa si no quiere sufrir las consecuencias de la lectura posterior –fue la amenaza que el capitán de navío Carlos Corti, a cargo de aquel Servicio, le lanzó a Terragno, quien recordaría el incidente años después.
La transcripción de aquellos “Principios y procedimientos” da cuenta del pensamiento de los burócratas uniformados que se hicieron cargo de controlar a la prensa.
“PRINCIPIOS
1. Inducir a la restitución de los valores fundamentales que hacen a la integridad de la sociedad, como por ejemplo orden – laboriosidad – jerarquía – responsabilidad – idoneidad – honestidad, etcétera, dentro del contexto de la moral cristiana.
2. Preservar la defensa de la institución familiar.
3. Propender los elementos informativos y formativos que hacen al patrimonio cultural de la Nación en su más amplio espectro.
4. Ofrecer y promover para la juventud modelos sociales que respondan a los valores mencionados en 1, para reemplazar y erradicar los actuales.
5. Respetar estrictamente la dignidad, la intimidad, el honor, la fama y la reputación de las personas.
6. Propender a la atenuación y progresiva erradicación de los estímulos fundados en el sexualismo y la violencia delictiva.
7. Sostener una acción permanente y definida contra el vicio en todas sus manifestaciones.
PROCEDIMIENTOS
8. Propagación de información verificada en sus fuentes y nunca de carácter sensacionalista.
9. No incursionar en terrenos que no son de debate público por su incidencia en audiencias no preparadas (no educadas) o ajenas a su edad física y mental.
10. Eliminación total de términos e imágenes obscenas, procaces, chocantes o descomedidas, apelaciones eróticas o de doble intención.
11. Eliminación del empleo de recursos efectistas y truculencia en el uso de la palabra y la imagen.
12. Propender al uso correcto del idioma nacional.
13. Se reitera la absoluta prohibición de efectuar propaganda subliminal en todas sus formas.
14. Eliminar toda propagación masiva de la opinión directa de personas no calificadas o sin autoridad específica para expresarse sobre cuestiones de interés público. Esto incluye reportajes y/o encuestas en la vía pública.
15. No publicar ni difundir notas periodísticas pagas de ninguna naturaleza sin que figure en forma destacada la frase ‘Espacio de publicidad’ ni que omita la entidad o persona responsable que la solventa. Este tipo de publicidad no deberá ser incluida en primera plana o tapa de publicación.
16. No incluir publicidad ni notas pagadas dentro de los espacios periodísticos de radio, TV, cine, teatro o cualquier otro medio cultural o informativo.”
“El progresivo retorno a la normalidad”
Desde el 24 de marzo hasta fines de abril, seis periodistas fueron detenidos-desaparecidos por la dictadura, según el registro realizado por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba), que contabiliza 223 trabajadores víctimas del terrorismo de Estado. La dictadura había prohibido a los medios informar sobre el accionar represivo de las Fuerzas Armadas; solo podían publicar las versiones oficiales.
El mismo día del golpe fue secuestrado Gastón Gonçalves, que trabajaba en el periódico El Actual, del partido bonaerense de Escobar. Dos días más tarde, le tocó al poeta Tilo Wenner, director de esa publicación, mientras estaba en la redacción. Y el 29 de marzo fue asesinada María Elena Amadio, periodista de la revista Discusión.
El 1 de abril, fue llevado Pablo Gelstein, estudiante de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. El 15, Jorge Alberto Basso Santos Mota, colaborador del periodista suizo Luc Banheret, de Radio Suiza Internacional, quien también fue detenido y luego expulsado del país. Y cuatro días después, Mario Waldino Herrera, quien se había desempeñado en la agencia de noticias Saporiti, la editorial Atlántida y las revistas Confirmado, Análisis y Panorama.
“La rígida censura de prensa impuesta el 24 de marzo duró solo 36 horas. Desde entonces, el progresivo retorno a la normalidad en todos los órdenes y la fluida comunicación entre el gobierno y los diarios la han reducido al cumplimiento de normas indicativas. Pero la experiencia, plena de matices, bien vale la pena ser contada como otro testimonio del actual proceso”, editorializaba Clarín desde la tapa de la edición del 22 de abril.
Mientras el matutino desplegaba su incondicionalidad con el régimen, Cuestionario destacaba en un suelto que durante el 25 y el 26 de marzo “los diarios entraron en cadena” y agregaba que el 27 “se levantó la cadena, pero los diarios siguieron –salvo en lo formal– indiferenciados”. “Los diarios argentinos, en general, suelen ensañarse con los gobiernos débiles y volverse exageradamente dóciles ante los gobiernos fuertes”, graficaba.
Y si se trataba de “docilidad”, un ejemplo emblemático fue la revista Extra, fundada y dirigida por Bernardo Neustadt, a quien la dictadura le había devuelto su programa de televisión Tiempo Nuevo, que celebraba las “virtudes” de las nuevas autoridades de la Secretaría de Información Pública: “tacto y discreción”.
“Se pensó en una ley de prensa, pero es posible que no sea necesaria”, conjeturaba el anónimo redactor, y destacaba que el capitán de fragata Carlos Corti, uno de los marinos apadrinados por el almirante Eduardo Massera que coparon el área de Prensa, “expuso los objetivos en conferencias con los representantes de los medios de comunicación masiva: evitar el sensacionalismo, olvidar el pasado y procurar, en la medida de lo posible, el análisis sereno de versiones y trascendidos. Y algo muy importante: imparcialidad. Se entiende, con razón, que tanto los elogios como las censuras deben hacerse con limitado uso de adjetivos calificativos”.
Para Extra, el flamante secretario, capitán de navío Carlos Pablo Carpintero, era “enemigo del ‘revanchismo’. Sabe la diferencia que hay entre olvido y perdón. Y sabe que el olvido es, aun para los recalcitrantes, el comienzo del perdón”. Una advertencia final: “Los periodistas, por su parte, saben la diferencia que existe entre información masiva e información pasiva. Discreción y tacto no significan pasividad”.

