A los 26 años, Rita Payés busca la belleza “en lo que tenemos al alcance”. La cantautora y trombonista catalana, una de las artistas más singulares de la escena española del jazz, los sonidos autóctonos y lo inaprensible, expande su vibración en su tercer disco solista, De camino al camino, y visita Buenos Aires, por primera vez, para presentarlo los días 23 y 24 de abril a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460). ¿Qué sentidos ve aquí? “Es una llamada al querer vivir aprendiendo –dice–. El camino al camino es el aprendizaje infinito. Es una manera muy bonita de vivir; ya no tanto de hacer música sino de estar presente en la vida.”
Allí se encuentra Rita Payés con los sonidos de su infancia, con su desarrollo en el jazz como trombonista y con su despliegue como creadora de canciones: tras haber grabado con su madre, la guitarrista Elisabeth Roma, los discos Imagina (2019) y Como la piel (2021), en los que –con gran repercusión internacional– aunaron versiones y composiciones suyas con aires de jazz, de bossa nova, de bolero, de canción popular y de música clásica, en De camino al camino (2024) dio un salto adelante con creaciones propias para observar la belleza en lo cotidiano, en el propio origen, en sus desvelos y en las raíces cercanas.
¿Qué siente allí? “Aunque al disco De camino al camino lo hayamos hecho rodar durante dos años, sigue estando súper presente. Hay cosas que son diferentes a nivel musical, por esa soltura de haber tocado tanto, pero en el escenario estamos como en casa y eso es muy gustoso”, dice. Y en el álbum no estuvo sola: allí participaron figuras como Sílvia Pérez Cruz, Yerai Cortés, Lau Noah, La Tania, Toni Vaquer y Lucía Fumero, y también estuvieron su madre, Elisabeth Roma, con su guitarra, y su hermano Eudald Payés, con su fliscorno. “Es mi primer disco de canciones originales: todas ellas nacieron casi por necesidad y fue revelador.”
Entonces Rita Payés se queda pensando: “Muchas veces es fácil pensar que no hace falta que hagamos canciones, porque ya hay muchísimas increíbles, pero en este autoconocimiento me dejé jugar con ello y me atreví a enseñarlas: ya lo había hecho antes, pero no en forma de disco completo”. En Buenos Aires se presentará en quinteto con los músicos que integran su recorrido desde sus inicios: su madre en guitarra acústica; el argentino Horacio Fumero en contrabajo; su compañero de vida, Pol Batlle, en guitarra eléctrica, y el productor de De camino al camino, Juan Rodríguez Berbín, en batería.
Como dice la promoción oficial del disco, “será una invitación a un viaje sonoro donde la emoción, la maestría y la conexión con las raíces convergerán de manera exquisita”. Visitar Buenos Aires –irá además a Chile y Uruguay– es también revelador para Payés: “Son países en los que observo que es muy bien recibida nuestra música. Aunque no estuve nunca, con toda la expansión por las redes sociales y todas esas locuras estaba el deseo de ir a la Argentina. Y siento que vamos a ser bienvenidos. Cuando vas a un nuevo lugar siempre se agradece. Ir con nuestra música es una manera muy bonita de conocer un sitio”.
Y enseñar De camino al camino es, además, proponer un estado de contemplación: “Siento que el disco también bebe mucho de la cotidianeidad, de la cosa pequeña, de buscar la belleza en lo que tenemos al alcance”, dice Payés. Y en ese proceso, algo central del álbum es la presencia de las cuerdas: “Ponerlas en el disco fue revelador, porque se empapan muy bien con lo que hacemos nosotros, y yo escribí esos arreglos: fue un gran aprendizaje. Cuando tenemos la suerte de que las cuerdas puedan venir en directo es muy hermoso, porque finalmente consigo que toda la gente escuche lo que yo tengo en la cabeza”.
Las perlas del álbum
De las trece canciones de De camino al camino, varias respiran en castellano y otras en catalán. ¿Cómo se expone Rita Payés al crear y cantar en su lengua materna? “En ellas sentí que me desnudaba por completo –cuenta–. No paro de hacer canciones en castellano porque también en ese idioma me siento identificada: supongo que compongo más en castellano porque he escuchado muchísima más música en español. Muchas cosas me salen así y me parecen bellas. Me dejo guiar bastante por el instinto. No soy rígida con eso.”
En la canción “El cervatillo”, uno de los momentos más bellos del disco, ella relata un encuentro con ese animal, un día, en el camino. Es uno de los instantes mágicos que no necesitan definiciones: “No tengo ninguna fórmula única a la hora de escribir. Voy tirando de los hilos: a veces son unos acordes, a veces unas melodías, una idea, una imagen o una palabra. Y en el ‘El cervatillo’ tuve esa imagen y me vinieron los acordes. En las canciones hay una parte medio mágica y que nadie puede explicar, como cuando se crea la vida. Y en cómo surgen ellas es como si te tocaran desde arriba, te iluminaran y naciera algo al fin”.
Otra canción luminosa en De camino al camino es “Por qué será”: se refiere al amor y también a la incomunicación que generan los celulares. “La letra dice: ‘¿Por qué será que ya no hay ojos que me miran al pasar?’. Te subes al metro y la gente no te mira a la cara porque está con el celular. Es una especie de crítica. Después dice: ‘¿Por qué será que ya no hay tiempo de tomarse un buen café?’. O sea, siempre tenemos prisa por llegar a algún lado y hemos decidido que vivimos así. Entramos en una especie de bucle con una cosa que nos hemos inventado, simplemente por esa individualidad y por ese querer hacer y hacer, y claramente no nos está yendo bien. Pero solo hace falta mirar un poco hacia afuera.”
Y detrás de la obra “El panadero” hay una inspiración argentina: la “Zamba de Juan Panadero”, de Manuel J. Castilla y el Cuchi Leguizamón. Lo explica Payés: “Esa zamba habla de don Juan Riera, una persona que siempre tenía las puertas abiertas en pro del pueblo, con la bondad y la humildad de dar de comer a la gente. Yo muchas veces sentí que fui a parar en brazos de panaderos: de gente que te abre las puertas de su casa, te cuida y te brinda. Y pienso qué bonito sería que hubiera muchísimos más Juan Riera por el mundo, ¿no? Ojalá fuéramos un poco más generosos y miráramos un poco más para afuera”.
Así, cada tema de De camino al camino despliega una emoción reveladora: “En un punto, hice cada canción pensando en los músicos que tocan conmigo siempre y en todas las colaboraciones que convoqué. Por ejemplo, en la obra ‘No És la Llum’ está invitada la cantante, instrumentista y compositora Lau Noah, a quien admiro mucho. Esa canción la imaginaba con ella. También fue emocionante tener cantando conmigo a la enorme Sílvia Pérez Cruz en ‘El panadero’: nos conocemos hace muchos años y por ella siento una admiración muy fuerte. Hubo mucha generosidad de su parte y también mucha alegría”.
Rodearse bien
La compañía es parte del goce musical de Rita Payés: en las giras, además de su madre y de su pareja, la acompañan sus hijas Juna, de cuatro años, y Loara, de dos. “Y hay otro en camino –revela sonriendo–. Estoy muy agradecida de poder viajar con mis hijas gracias a un equipo que me ayuda. Ya tenemos nuestros trucos, pero al final no deja de ser una actividad muy intensa. Mis dos hijas tienen necesidades distintas y vamos intentando adaptarnos a todo eso. Por suerte hay un equipo que entiende nuestras particularidades. La maternidad es una fuente de inspiración inacabable.”
Rita Payés aprende de las edades primeras y también de la experiencia: su contrabajista, el argentino Horacio Fumero, tiene 77 años. “Él vive con la honestidad de querer aprender y de querer vivir –cuenta–. Se levanta por la mañana y se pone a estudiar para irse de gira con la máxima onda. Es una manera muy bonita de afrontar la vida. Y hay muchísima gente de 77 años que se levanta y no encuentra el sentido de su vida. Siento que como sociedad estamos cayendo ahí cada vez más, por cómo está funcionando todo. Pero me inspira mucho ver que hay gente así, para poder tenerla cerca y sentir al final que también es parte de mi familia.”
Y en esa cercanía también está la hija del contrabajista, la pianista y cantante Lucía Fumero, de 35 años, con quien Riya Payés tiene una relación muy especial. De hecho, ya grabaron un disco a dúo, que va a salir “más pronto que tarde”: “Lucía es como una amiguita del alma –dice–. Nos reímos mucho, me ha enseñado muchísima música y la entendemos de manera muy similar”. Ahí estará el núcleo del íntimo sonido entre las dos: en el camino una vez más. “Son canciones originales, la mitad suya y la mitad mía –describe–. Es bonito, porque al final es otro homenaje a la canción. Así, la música me sigue deparando sorpresas inagotables”.
Fotos: Lorena Dini

