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No privarse de Sabato

Ilustración: Mauro Maccio

Ernesto Sabato fue discutido por décadas: el legado literario del autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador se volvió un enigma en la Argentina. Hoy parecería que la literatura existencial de Sabato no tuviera continuadores y que su legado fuera poco nítido. Pero aunque el canon literario argentino actual no parece recoger las influencias estilísticas y temáticas de Sabato, una estela de autores pone en perspectiva su obra y reivindica los universos oscuros que supo abordar: Sabato espera por delante.

La escritora María Rosa Lojo, de 72 años, autora del libro Sabato. En busca del original perdido, de 1997, le dice a Caras y Caretas: “No sé si hay un legado aceptado y reconocido. No veo referencias a Sabato en declaraciones de las nuevas generaciones. Sin embargo, su obra se conecta con la sensibilidad de escritores e intelectuales de hoy”. Y profundiza: “Están vigentes los aspectos de su estética y sus reflexiones ensayísticas que cuestionan la civilización tecnocrática, la destrucción del medio ambiente, la alienación de una sociedad orientada hacia el consumo, la robotización y el dominio de lo maquinal sobre lo sensible”.

Lojo también dice: “Lo que vincula la narrativa de Sabato con la que más se lee y se escribe hoy día es la reactualización que él hace de la estética gótica, la indagación en el mal y la oscuridad, la exploración de lo irracional, de la locura, de las pasiones, de lo extraño, lo fantástico y lo sobrenatural. No es que escribiera literatura de género, pero la experiencia del horror existencial y metafísico, también del horror ante el mal histórico, es una constante en su obra. Todo eso lo conecta con Samanta Schweblin, Mariana Enriquez o Luciano Lamberti”.

No es casual que justamente él, el escritor Luciano Lamberti, de 48 años, le diga a Caras y Caretas: “Sabato tuvo un momento de mucho éxito y otro en que fue muy denigrado por su figura pública, sobre todo. Pero todos los que escribimos terror –y Mariana Enriquez lo dijo explícitamente– tenemos una relación con Ernesto Sabato. Y, por lo menos en mi caso, Sobre héroes y tumbas fue una lectura iniciática de mis 14 y 15 años: me marcó porque tenía algo que también tenía Rayuela, que eran personajes atractivos para los jóvenes y todo ese subtexto oscuro muy interesante. Desde ese lugar reivindico a Sabato”.

La escritora Ariana Harwicz, de 48 años y radicada en Francia, es autora de la novela Matate, amor, de 2012, que fue llevada al cine en 2025 con Jennifer Lawrence y Robert Pattinson. ¿Qué siente sobre el legado de Sabato? “Hay muchos cuentistas argentinos de mi generación que heredaron algo de él –dice–. Unos decían Sergio Bizzio, otros decían Samanta Schweblin y Mariana Enriquez. Pero en un sentido muy amplio, como si uno dijese ‘la preocupación por el hombre y su medio’. Aunque es una exageración, una hipérbole, ya que en toda literatura hay siempre un hombre preocupado por su destino”.

¿Qué ve entonces? “Se perdió un poco ese estilo literario filosófico y psicológico de Ernesto Sabato –observa Harwicz–. Esa familia con Albert Camus, con Jean-Paul Sartre, entre otros, los representantes de esa literatura psicológica de un sujeto atormentado. A esa literatura existencial con pinceladas de filosofía yo no la veo tan despierta, ahora, en la Argentina”. ¿Y entonces dónde ve su vigencia? “Yo, que vivo hace 17 años en Francia, veo que Sabato es hoy más valorado y leído en el extranjero: es una referencia de literatura existencial latinoamericana y sigue vigente en ese patrón más que en las nuevas generaciones”.

LA VIGENCIA DE LA LITERATURA DE GÉNERO

Para el novelista Gonzalo Unamuno, de 40 años, “hay autores cuya obra tiene menos vigor que influencia. Hoy es casi una moda pegarle a Sabato y bajarlo del pedestal, pero por otra parte tiene defensores importantes y de fuste”. Y dice: “Su vigencia reside en que todavía se lee El túnel en los colegios: ingresa en la vida de lectores jóvenes a una edad muy permeable al deslumbramiento y la influencia. Yo mismo, años después de haber leído El túnel, me encontré escribiendo sobre un femicida, un existencialista, en mi novela Lila, y aunque no sabría si atribuir una influencia directa de Sabato, el linkeo es inevitable”.

¿Dónde ve Unamuno el legado de Sabato? “Sospecho que puede sobrevivir en dos textos: El ‘Informe sobre ciegos’ y El túnel. Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador no me parece que tengan lugar o incidencia en las nuevas generaciones. O al menos yo no lo percibo. Ernesto Sabato es más bien un precursor que un influencer, y no necesariamente porque algo resulte oscuro o escabroso –como la literatura de Enriquez, de Bazterrica o de Schweblin– se le debe atribuir una influencia sabatiana”.

Michel Nieva, de 38 años, autor de la novela ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, entre otras, observa algo: “En sus últimos años, y a poco tiempo de su muerte, Ernesto Sabato fue castigado menos por su calidad literaria que por su figura pública, que César Aira calificó en su Diccionario de autores latinoamericanos de ‘francamente infantil’ y cargada de un ‘robusto sentido común’. Creo que el renacer de géneros como el gótico y el terror (a través de Mariana Enriquez o Mónica Ojeda) permite releer la breve y potente obra de ficción de Sabato como precursora y visionaria de aquellas estéticas”.

Y remata Nieva: “Es posible que, descartando sus ensayos y su accionar como ‘intelectual engagé’ (que pregonaba un existencialismo intransigente al mismo tiempo que almorzó con el genocida Videla), sus tres novelas sobrevivan como faros indiscutidos de nuestra literatura de género”. Aunque no coincide tanto el gran novelista Hernán Ronsino, de 51 años: “Sabato es una de esas figuras que fueron muy protagonistas de su tiempo como autor pero también como intelectual, participando en debates, en discusiones públicas, pero esa figura quedó atrapada por su época. Hoy no veo una permanencia de Sabato, salvo por chispazos y por iluminaciones que lo traen más bien como evocación”.

DESCUBRIR A SABATO

¿Qué piensa el celebrado escritor Guillermo Martínez, de 63 años? “Siempre tuve una dualidad hacia la obra de ficción de Sabato: me interesan los temas, la exploración a lo Dostoievski de los abismos de maldad humanos, el punto de vista perturbador, los dilemas de tipo existencialista bajo una luz que no deja de ser racional. Pero a la vez me aleja de esos textos justamente la escritura, que tiene unos énfasis de patetismos, unos subrayados, que le quitan verosimilitud, como si se notara demasiado el trazo y los esfuerzos del autor por darle ‘realismo’ a sus criaturas”.

Martínez sostiene que “sin duda sus temas tienen vigencia. Basta pensar en el femicida Juan Pablo Castel, de El túnel, que reencarna en todas las épocas o en los elementos del gótico de Sobre héroes y tumbas, notorio antecedente de tantos paseos por las tumbas posteriores. O la recreación casi mitológica de la historia argentina, que es también una línea de eternos retornos en la literatura argentina. Como me dijo una vez un amigo cuando discutíamos sobre su figura: ‘Sabato te puede gustar o no, pero hay que leerlo’. Con el tiempo le di la razón. Hay algunos autores que pertenecen a esa categoría difusa y en disputa, pero de existencia indudable: la categoría de los insoslayables, ‘te gusten o no’”.

Mariana Enriquez, tantas veces mencionada aquí, suma su visión acerca de Ernesto Sabato: “Abaddón el exterminador y Sobre héroes y tumbas son influyentes y muy importantes para la literatura de hoy. Ambas son novelas góticas, y textos como el ‘Informe sobre ciegos’, con su paranoia, son muy actuales, lo mismo que la presencia fantasmal del sur de la ciudad y la política. A mí personalmente me parece vigente: en mi novela Nuestra parte de noche, de 2019, es clara su influencia, y cuando yo era chica, en los 90, él era una especie de Emil Cioran: en La Plata lo íbamos a ver en masa. Pero hoy no creo que muchos escritores se sientan influenciados por Sabato”.

En la nota “Diez años de la muerte de Ernesto Sabato”, el 25 de abril de 2021, publicada en Página/12, María Rosa Lojo escribió: “En épocas dominadas por la estricta contención borgeana, Ernesto Sabato –barroco, desmesurado, gótico– disonaba un tanto a pesar de su popularidad. Hoy, en el marco de gustos y tendencias que no temen las pasiones, el exceso, ni los diversos tonos del terror o del horror, su poética parece anticiparse a modos actuales de narrar historia/s”. Y, así, las nuevas generaciones, ya sea que reconozcan o no su influencia, podrán descubrir a Sabato para luego explorar, en sí mismas, sus propias zonas oscuras.

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