Empuña la guitarra y eleva su voz urgente; ofrenda sus canciones y enfrenta sus demonios a la par de la crudeza de la realidad argentina. Ofrece sus letras encendidas a los miles de jóvenes que lo siguen desde los márgenes urbanos y rockea las tensiones sociales de un país en crisis. Cristian Gabriel “Pity” Álvarez, nacido en Buenos Aires el 28 de junio de 1972, se eterniza con Viejas Locas e Intoxicados: se vuelve leyenda. Y de todo ello habla Piedrabuena Blues (Editorial Sudestada), la biografía que escribió Darío Pagano: el retrato de las luces y sombras de un artista popular. La intensa vida de un rockero sin igual.
“El Pity es un intérprete de la realidad. Y como la realidad va cambiando, él también va mutando al son de esos cambios”, dice Darío Pagano, que nació en 1985, es profesor de Historia y licenciado en Ciencia Política, y supo trascender su visión de fan para reconstruir con potencia los años vividos por Pity Álvarez y sus aventuras de rock. Con mirada afectiva, pero también sociológica, supo enlazar la vida del músico desde el rock barrial de la banda Viejas Locas con los años 90 del neoliberalismo y, luego, tras la crisis de 2001, analizó Intoxicados junto al derrumbe de las instituciones y las oscuras huellas del capitalismo.
Como dice Pagano: “Vos hablás con el Pity y te das cuenta de que él ya está interpretando antes lo que puede pasar. Ahora está en una faceta muy punk rock. ¿Qué estará viendo de estos años del gobierno de Javier Milei? Aún no se lo pude preguntar, pero sé que algo disruptivo va a meter para interpretar este nuevo contexto”. Y el Pity no salió indemne de sus sostenidos excesos, de la dependencia de las drogas y de su propia personalidad: cautivó a su público así como lo defraudó, y en julio de 2018 protagonizó el momento más duro de su vida cuando asesinó de cuatro disparos a Cristian Díaz en Samoré, en Buenos Aires.
Afrontó la cárcel, la internación psiquiátrica, y en abril de 2023 la Justicia ordenó el cese de la prisión preventiva y luego su libertad ambulatoria bajo tratamiento: el juicio había sido suspendido dado que las pericias psiquiátricas mostraron que no estaba en condiciones mentales. Pero Piedrabuena blues, la biografía que escribió Darío Pagano, no se regodea en los hechos judiciales y policiales: elige retratar la vida del Pity Álvarez desde los hechos musicales en sintonía con los álgidos cambios en la Argentina noventista y luego en la del posneoliberalismo. Es una biografía que le hace justicia al lúcido creador de canciones.
Como dice la contratapa: “Si Viejas Locas era producto de la cultura de la esquina, las zapadas, la birra del pico, el porro prensado y las políticas de exclusión de los años 90, Intoxicados emergió como testimonio de una sociedad resquebrajada y resignada, donde la ironía y la experimentación funcionaron como estrategias de supervivencia simbólica”. Con una prosa dinámica, Piedrabuena blues recorre la trayectoria del Pity con numerosos testimonios y logra acercar, para sus fans y para todo el mundo, el origen y el devenir de un artista que rompió como nadie los distintos esquemas del rock argentino.
Una mirada sagaz
“El Pity respira arte todo el tiempo, aunque sea inabordable, desde sus avatares más locos hasta los momentos en que lo agarran más sereno”, dice Pagano. Y sigue: “Mi libro tiene dos etapas: empecé a hacerlo en un contexto en el cual acceder a él era muy complejo. Mi desafío fue despojarme de mi subjetividad de fan. Y cuando pude llegar al Pity me dio vuelta el libro: empecé a hacerle preguntas, charlamos, él se copó mucho con el proyecto y después tuvo la generosidad de hacerme el prólogo del libro. No le cambié una coma: me pareció una gran muestra de un artista muy inteligente. Parece una síntesis sociológica”.
De hecho, Pagano le dijo a el Pity: “‘Vos sos sociólogo y todavía nadie te lo dijo’. Las letras que hace y su mirada de la realidad hacen que siempre se adelante a los procesos: es un etnógrafo de muy buena calidad y puede elaborar síntesis concretas y concisas”. Otro de los desafíos de Piedrabuena blues, dice Pagano, fue “hacer algo de calidad: fui fan de él como músico, como hábil declarante, y siempre me imantó mucho lo jocoso del Pity. Es muy ocurrente y en los shows siempre decía cosas muy copadas”. Y pudo ver cómo Álvarez puso a Viejas Locas en la cresta de la ola en los 90, “cuando había un gran crisol de bandas en la escena. Ahí Pity me habló de sus estrategias: siempre tenía en claro lo que quería hacer”.
Sus acciones fueron “con pintadas en las calles, grafitis, stickers en los bondis, volantes a la salida de los recitales, y el Pity me decía: ‘Yo sabía que si el público venía a los conciertos iba a volver, porque el producto era bueno. Había mucho ensayo y mucho ensamble'”. ¿Y qué le contestó a Pagano cuando él le preguntó acerca de los cuatro recitales en los cuales Viejas Locas teloneó a los Rolling Stones, en River Plate, en 1998? “Para mí esas fechas fueron importantes, pero no las más importantes de todas”, dijo, y agregó: “Teloneamos a los Stones porque persistimos, perduramos y trabajamos: a nosotros nadie nos regaló nada”.
Sin falsa modestia, el Pity retrucó: “Toqué con los Stones como podría haber tocado en un bar: yo me debo a mi público”. Y a Pagano también le dijo: “En la época de Viejas Locas no se acercaba ningún artista a tirarnos buena onda, pero cuando empecé a armar Intoxicados y vieron que sacamos discos copados y que sonábamos más en la radio, se empezaron a acercar artistas consagrados: Charly, Spinetta y Calamaro, entre ellos”. ¿Qué ocurrió? “Yo los tomé como parte del público”, le contó a Pagano, que se quedó pensando: “Es un artista muy auténtico y un artista sin ribetes. Es un chabón que está todo el día pensando en arte”.
¿Qué le reveló el Pity? “‘Lo que yo encontré para despegar del rock chabón fue hacer letras que apuntaran a lo social’. En un punto se volvió un portavoz de las clases populares. El padre de Pity era oficial tornero y se tuvo que reconvertir como DJ para llegar a fin de mes: su familia fue atravesada por las políticas de exclusión del menemismo.” El Pity decía: “Siempre tuve facilidad para hacer canciones. Pero si ahora, con 53 años, no pensara en darles vuelta a las canciones que compuse a los 17, significaría que no evolucioné musicalmente”.
Y “nunca hizo apología de las drogas en los recitales”, aclara Pagano. En los recitales, el Pity decía: “Loco, no se metan acá, yo sé lo que les digo”, sabe el autor de Piedrabuena blues. Era parte de su filosofía de su vida o, como el Pity la llama, “la nueva religión”. ¿En qué consiste? “La idea implica cuatro elementos: familia, amigos, perros y sol –explica Pagano–. El ideario que tiene el Pity es aceptar el devenir como venga. Hay algo que ya está establecido: es una idea del Yin y el Yang de tomar el presente con la onda que venga y de tratar de transformarlo con nuestras acciones. El concepto de la nueva religión lo crea porque su primer grupo de seguidores de Intoxicados se llamaba ‘la nueva religión’, así que él toma esa liturgia y a la vez la construye como si fuera un tratado filosófico”.
Y de ello hablaba el Pity en los conciertos: “A veces tenemos que pensar mucho para enroscarnos y sentirnos mal. Tenemos que comer mucho para llenarnos el cuerpo de grasa y darnos cuenta de que estamos vivos. Tenemos que salir a correr para que nos pegue el viento en la cara y tenemos que meternos debajo del sol hasta arrebatarnos para darnos cuenta de cómo funciona la naturaleza”, reconstruye Pagano. Y dice: “El tipo te hablaba así en los recitales: esbozaba esta suerte de recursos que te hacían pensar bastante. Es como una religión fuera de la religión. Y no la podés asemejar a nada. También habla de despojarse de lo material y me parece brillante que el Pity pueda interpretar esas cosas”.
Por su inmersión en las drogas, y su personalidad autodestructiva, “el Pity tiró de la cuerda muchas veces con sus fans –dice Pagano–. Yo lo iba a ver con Intoxicados y el tipo salía a horarios inusitados: la gente lo esperaba nueve horas. ¿En qué religión esperan al sacerdote nueve horas? El público le perdonaba cualquier cosa, y que saliera en el estado que saliera”. Pero eso se rompió en el club Argentinos del Norte, en Tucumán, el 7 de abril de 2018: la gente esperó seis horas y el músico no apareció. Pity mandó un video diciendo que se estaba tomando un avión privado y que lo esperaran. Al final llegó, pero nunca salió a escena y la gente destrozó el escenario, incendió equipos y agredió al staff de la banda. Caos total.
“Creo que ahí hay algo que se estrujó y después el Pity, tras el asesinato de Cristian Díaz, se fue al ostracismo –recuerda Pagano–. Pero luego de su periplo por la cárcel y por la internación psiquiátrica se abrió un nuevo contrato. Fue cuando debutó como solista en el estadio Kempes, en Córdoba, el 20 de diciembre de 2025, ante 40 mil personas. Pero el contrato se abrió con normas estrictas y el Pity lo sabe. Y creo que él está ceñido a las nuevas normas.” Hoy el Pity se rearma y “es un portavoz de todas las bandas neorrolingas que quieren un referente estético y existencial. Pero hoy el futuro depende de él”.

