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“No nos han vencido, a pesar de Milei y compañía”

zzzznaca2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, FEBRERO 1: Organizaciones sociales, políticas, sindicales, estudiantiles y de DDHH, realizan una movilización multisectorial contra la Corte Suprema, frente al Palacio de Tribunales, en plaza Lavalle bajo la consigna "fuera la mafia judicial". La integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora Taty Almeida participa de la manifestación. Foto NA: MARIANO SÁNCHEZzzzz

Cada 17 de febrero, cuando cumplía años, Alejandro Almeida le regalaba una rosa roja y un “gracias” a su mamá, Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida. El último 17 de febrero, Alejandro, detenido-desaparecido desde los 20 años, cumplió 71 (“no cumpliría: cumplió, porque siempre está presente”). La familia se reunió para homenajearlo como cada año y Nacho, uno de los seis nietos de Taty, le regaló una rosa roja. Hace ya varios febreros que retomó la tradición de su tío. Ella señala con orgullo esa flor que cuenta historia desde la mesa de un living donde cada rincón está cubierto por fotos, mensajes, adornos, cartas, dibujos y pañuelos que recuerdan la lucha vigente por memoria, verdad y justicia.

De cara al 50° aniversario del golpe cívico-militar-clerical (así elige mencionarlo: “soy católica, pero la complicidad de la jerarquía eclesiástica fue espantosa”) del 24 de marzo de 1976, Taty repasa una historia personal que es también política, como la de cada integrante de Madres de Plaza de Mayo. Su llegada al organismo que se convertiría en emblema mundial no fue fácil. “Me costó acercarme a Madres. Porque yo decía: con el currículum que tengo, van a pensar que soy una espía. Padre, hermano, cuñados coroneles. Hermanas casadas con oficiales de Aeronáutica. Me crie en ese ambiente. Yo era una gorila. Pero ya me afeité, eh”.

“Tantas veces Alejandro, que vivía conmigo acá, me decía ‘esta gorilita de mierda, sin embargo la quiero’. Yo decía ‘jajaja’, pero no entendía nada”, se ríe Taty sobre cómo cambió su forma de pensar tras la desaparición forzada de su hijo. Su recorrido la convirtió en una referente indiscutible del Movimiento de Derechos Humanos. Y en una voz imprescindible en los tiempos que corren.

–¿Cómo fue ese primer acercamiento a Madres?

–Dos veces fui a la Plaza de Mayo antes de arrimarme. Hasta que un día me decidí. Fui con mi hija, Fabiana. Apenas entramos a la sede donde se reunían las Madres, había una pared llena de fotos y dije: “No soy la única”. Me atendió la madre de las Madres, María Adela Gard de Antokoletz. Ella buscaba a su hijo Daniel, abogado. Me acuerdo de que lo único que me preguntó cuando llegué es lo único que se le preguntaba a una madre que iba por primera vez: “¿A vos quién te falta?”. No importaban la política ni la religión, nada. ¿Quién te falta? Ahí por fin hice mi catarsis. Conté, hablé, lloré. En un momento le dije: “Qué estúpida que he sido”. Y María Adela me dijo: “No, m’hijita, cada madre se acerca cuando es su momento”.

–¿Cómo describiría el rol de Madres durante aquellos años?

–Muchas veces nos dijeron: “Qué heroicas han sido”. De ninguna manera. Hicimos lo que cualquier madre hace por su hijo. La desaparición de nuestros hijos a todas nos cambió la vida. Pero no hay que olvidarse de los Padres de Plaza de Mayo. En esa época, el que trabajaba era el hombre. Si los veían en la Plaza y los echaban, ¿qué hacíamos? Con eso del machismo, de que el hombre no llora, se lo fueron tragando todo y no hicieron la catarsis como nosotras, que salimos a gritar. Ese fue el rol de las Madres en la dictadura… pero así nos costó. Tres madres se las llevaron vivas (fueron secuestradas en diciembre de 1977 por la infiltración del genocida Alfredo Astiz para desarticular el Movimiento de Derechos Humanos): Azucena Villaflor, que creó el movimiento, Esther Careaga y Mary Bianco. Esther buscaba a sus dos hijas, que aparecieron, y las mandó a Suiza. Nosotras le decíamos: “Ya está, ya está”. Ella decía: “No, todos son hijos míos, me quedo hasta que aparezca el último”. Y bueno…

–¿Cómo fue cambiando ese rol durante la reconstrucción democrática?

–Más de una creíamos que nuestros hijos estaban presos, incomunicados, en alguna cárcel del interior. Por muchos años gritamos: “Aparición con vida: con vida los llevaron, con vida los queremos”. Hasta que, gracias a los ex detenidos-desaparecidos que empezaron a salir, tuvimos la realidad: que estaban muertos, aunque políticamente son detenidos-desaparecidos. Cuando tuvimos la certeza de que nuestros hijos ya no estaban, entonces nuestra lucha quedó basada en tres patas: memoria, verdad y justicia. Legal, nunca por mano propia. ¿Por qué memoria? Ya se sabe: un pueblo sin memoria corre peligro. Y verdad, porque hasta esa crueldad nos han hecho: no sabemos dónde están los restos de nuestros hijos. Yo siempre digo: no me quiero ir sin, aunque sea, poder tocar los huesos de Alejandro. No pierdo la esperanza, gracias a los antropólogos forenses que hasta encontraron restos de 1975 (Alejandro Almeida fue secuestrado por la Triple A el 17 de junio de 1975. Estudiaba Medicina, trabajaba en el Instituto Geográfico Militar, militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo y escribía poesía).

–¿Qué implica que el 50° aniversario del golpe llegue en este contexto, bajo un gobierno de derecha y negacionista?

–En este contexto, con este payaso que tenemos de presidente –con perdón de los payasos– y los que lo acompañan, más que nunca hay que estar haciendo acciones continuas, charlas. Porque hay que demostrar que seguimos resistiendo. Demostrarles que no nos han vencido, a pesar de lo que opinan Milei y compañía. Me invitan mucho a colegios, primarios y secundarios: no todos los jóvenes votaron a Milei. Quedamos tres Madres y dos Abuelas, nada más. Pero la posta ya la hemos pasado. De a poquito, porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie.

–¿Qué reacción les generan los discursos de odio y agresiones que muchas veces reciben?

–Un repudio tremendo. Y muelen a palos a los jubilados. Qué manera de reprimir cuando se votó la reforma laboral. Ese día me dijeron: “Ni se te ocurra asomar la nariz” (en la manifestación). No, tampoco me voy a hacer la Juana de Arco. Pero más que nunca hay que estar firmes con las convicciones y demostrar que no nos han vencido, a pesar de lo que opinan Milei y compañía.


LA HISTORIA DEL PAÑUELO

La lucidez y la locuacidad de esta luchadora de 95 años asombran. Pero sus piernas están cansadas y sus manos, frágiles. Pide ayuda para anudar el pañuelo blanco que se coloca –sin falta– sobre la cabeza. Y entonces es ella quien pregunta: “¿Conocen la historia del pañuelo?”.

Cuenta, como tantas veces, sobre la decisión de aquel primer grupo de mujeres de acercarse a la peregrinación a Luján en 1977, con la intención de llegar hasta la jerarquía eclesiástica, que no las recibía. En medio de la multitud, necesitaban algo para identificarse. Alguien sugirió llevar trapos blancos. Y una madre tuvo la idea: cubrirse la cabeza con los pañales de tela blanca que habían usado con sus hijos e hijas. Taty lamenta que no haya quedado registro de quién fue esa Madre de Plaza de Mayo que tuvo la idea. E hizo historia.

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