Durante años, el cantante Maynard James Keenan fue dos cosas a la vez: el predicador esotérico de Tool y el crooner dramático de A Perfect Circle. Dos proyectos monumentales, casi litúrgicos. Pero el lugar donde parece soltarse del todo es ese tercer artefacto que durante años pareció un hobby: Puscifer. La banda nació casi como un chiste, como un experimento multimedia y una excusa para disfrazarse arriba del escenario. Sin embargo, disco a disco fue avanzando en consistencia y personalidad.
Mientras Tool declama y A Perfect Circle dramatiza, Puscifer juega con la ironía. Claro que el presente global de crueldad y prepotencia empujó al trío que completan Carina Round (voz, samplers y synths) y Mat Mitchell (bajo, guitarra, sintetizadores y stick) a ponerse más serios y desafiantes. Existential Reckoning (2020) había sido el álbum pandémico, lleno de encierro y paranoia doméstica, Normal Isn’t parece escrito después de leer noticias durante cinco años seguidos sin dormir. Hay un clima de hartazgo general: guerras, algoritmos, líderes grotescos, redes sociales convertidas en jaulas de eco. No hay metáforas místicas: hay realidad y fastidio. Y también preocupación.
Musicalmente el trío se multiplica y suena electro-gótico, elegante, con bajo al frente, sintetizadores vintage y una herencia clara del post-punk ochentoso, más cercano a The Sisters of Mercy o Depeche Mode rejuvenecidos que al metal polirrítmico e interestelar de Tool. Las canciones avanzan con grooves espesos, casi bailables, y son cortas y envolventes. Como si invitaran a mover la cabeza mientras uno repasa el fin de la civilización.
Desde el primer compás de “Thrust” el disco empuja hacia adelante: ese bajo potente marca el pulso y, cuando se suma la guitarra –áspera pero al mismo tiempo sutil–, el clima se vuelve irresistible. Las voces de Maynard y Carina orbitan con una tensión casi predatoria, como si el que escucha quedara en el centro de la escena. La letra habla de esa opresión cotidiana que aprieta “cada maldito día”, y la música logra traducirla con una paradoja efectiva: inquieta y calma al mismo tiempo, como el alivio tibio que llega después de una jornada sofocante. Luego, “Normal Isn’t” –la canción– se abre con un siseo de interferencia y la entrada de Keenan, mientras la guitarra eléctrica flota sobre una batería distante que va ganando cuerpo. Hay algo perturbador en el aire que empuja a revisar la idea de que lo habitual sea sinónimo de deseable, sugiriendo que la normalidad es un molde frágil y que casi nada encaja.
Hay algo de humor en el álbum, pero es bien ácido. “Mantastic” se burla del machismo fitness y del culto al “macho alfa” con crueldad de stand-up; mientras que “The Algorithm” apunta directo al embrutecimiento digital; e “Impetuous” propone algo más simple y, por eso mismo, radical: está bien no encajar, está bien sentirse una isla. En “Man Overboard” Keenan canta “don’t look now, but you’re drowning” (“no mires ahora, pero te estás hundiendo”) y más que una metáfora, suena como un aviso de guardavidas. Puscifer no viene a ofrecer iluminación. Pero describe con lucidez y sentimiento un caos agobiante que parece a punto de salirse de todo control o racionalidad.

