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“Las mujeres participaron activamente en la conformación del peronismo desde el momento uno”

Tanto el peronismo como la oposición buscaron de alguna manera descafeinar la imagen de Eva. Con una imagen de Eva más light, que no era tal: era una dirigente política, una líder. Como consecuencia, lo que se realizaba en las Unidades Básicas Femeninas también quedó relegado. Primero, porque en general las mujeres no aparecen en los libros de historia. Punto dos, porque estaba mal visto que hicieran política. Punto tres, por la proscripción del peronismo, que arrasa con todo un espacio de memoria.

Las investigaciones que se vienen realizando en los últimos veinte años dan cuenta de que hay otra historia muy rica para contar. Hay un espacio de construcción de poder, muy fuerte, que viene por parte de las mujeres dentro del peronismo”, dice la investigadora Carolina Barry, doctora en Ciencia Política, autora de Evita Capitana. El Partido Peronista Femenino (1949-1955) y de múltiples artículos sobre el tema, y coeditora –junto a Samuel Amaral– del Diccionario histórico del peronismo (1943-1955).

—¿Qué rol tuvo la militancia femenina en la construcción del primer peronismo?

—Las mujeres participaron activamente en la conformación del peronismo desde el momento uno. Lo hicieron de formas diferentes que los varones, considerando principalmente que no tenían derecho a voto. Su participación estaba excluida de la arena electoral. Pero si nos remontamos a lo que fue el 17 de octubre, las mujeres ya tienen participación. Luego, en lo que van a ser años más tarde ramas del peronismo –el Partido Laborista, la Unión Cívica Radical Junta Renovadora y el Partido Independiente– vemos que las mujeres también están nucleadas como agentes de propaganda en la campaña electoral del 46, con una militancia muy activa en la campaña. Estas organizaciones políticas tenían a su vez conformaciones femeninas, que se empiezan a observar entre 1945 y 1946, para adquirir cierto auge en 1947. Lo vemos de una manera muy temprana, organizándose en lo que se llamaban Centros Cívicos Femeninos.

—¿En qué momento entraron en escena los Centros Cívicos María Eva Duarte de Perón?

—Cuando Perón disuelve las fuerzas coaligadas que lo llevan a ganar la elección el 24 de febrero del 46, las mujeres van a formar parte también de lo que se llamó el Partido Único de la Revolución Nacional. Ahí van a tener una suerte de rama femenina. Luego, ya con la aparición en escena del Partido Peronista propiamente dicho en enero del 47, las mujeres van a estar organizadas. En los Centros Cívicos provenientes de las fuerzas primitivas coaligadas y en toda una serie de Centros Cívicos Femeninos que van a aparecer casi en simultáneo en todo el país: los que llevan el nombre María Eva Duarte de Perón. Adscribían a una línea política nueva: la que va a estar dada directamente por Eva.

—¿Qué papel jugaban esos centros?

—El nombre completo de Eva es un posicionamiento político en sí mismo. Estos centros van a estar referenciados primero con la figura de ella, segundo apoyando la acción social que ella llevaba adelante –todavía sumamente incipiente– y van a formar parte de una campaña por el sufragio femenino. Con este apoyo de los centros cívicos por el voto femenino, Eva va a generar una serie de movilizaciones al Congreso en la etapa previa a la votación de la ley.

—¿Qué implicó la creación del Partido Peronista Femenino?

—Con el crecimiento del liderazgo de Eva, y sumado a las necesidades organizativas propias del peronismo, llegamos a 1949, cuando en la primera asamblea organizativa del movimiento peronista se decide la creación de la rama femenina propiamente dicha. Se decide –otro llamativo 26 de julio– crear el Partido Peronista Femenino. Hay algo muy interesante para tomar en cuenta: va a estar separado del de los varones. No va a estar bajo la comandancia del Consejo Superior del Partido Peronista. La líder va a ser Eva Perón, por afuera de la estructura del partido masculino.

Otra de las cosas que se decide es la unificación y disolución de todos los centros cívicos femeninos preexistentes. Sus dirigentes van a formar parte del nuevo movimiento, pero las cabezas no van a poder ocupar espacios de dirigencia en el nuevo partido. Excepto las mujeres que encabezaban los Centros Cívicos Femeninos María Eva Duarte de Perón. Es una especie de borrón y cuenta nueva. La organización va a estar dada por el nombramiento de una delegada censista en cada una de las provincias, de los territorios y de la ciudad de Buenos Aires. Mujeres que responden directamente a Eva y tienen una característica muy interesante: ninguna pertenecía a su propia provincia. Son quienes se ocupan de organizar el partido y nombran subdelegadas: mujeres que van a tener a cargo una unidad básica.

—¿Cómo funcionaban esas Unidades Básicas Femeninas?

—Hay más de una por cada ciudad, caserío, barrio. La idea era nombrar varias. Con una dificultad: en qué espacio se colocaban. Va a haber de tres tipos: unas más imponentes –en casas alquiladas, petit hoteles, locales alquilados, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires–, espacios del Estado cedidos para armarlas –por ejemplo, Ramón Carrillo cede una parte de un hospital en Misiones– pero preponderantemente se crean en las casas de las subdelegadas. Ellas ceden un espacio de sus propias casas para la organización política partidaria.

—¿Había diferencias entre la participación en esos espacios y la militancia masculina?

—Por supuesto. La militancia masculina estaba más relacionada con lo que fue la militancia de la etapa previa: con esos “vicios” –entre comillas– que traían de la política criolla. Resumida en palabras de la época, las mujeres decían “acá no se va a usar ni la taba, ni el vino ni el juego”. Tratando de generar un espacio distinto, nuevo. Las Unidades Básicas Femeninas se van a ocupar de temas de asistencia social, viendo las necesidades del barrio para tratar de solventarlas a través de la Fundación Eva Perón. Desde el intento de censar y afiliar a mujeres para ver con cuántas mujeres peronistas contaba el partido se empezaban a ver también las problemáticas sociales. Las cosas que se piden son muy amplias y variadas: desde una operación médica hasta un vestido para una comunión. Y las mujeres de las UB van a tener una gran capacitación: desde lectoescritura hasta confección de sombreros. Danzas folklóricas, ayuda escolar, inglés. Capacitación y corte y confección eran los dos pilares fundamentales.

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