Fue poeta, escritora, pintora y periodista, pero su obra más importante fue su propia vida, llena de asombrosos saltos ideológicos que la llevaron a ser comunista, después peronista y finalmente admiradora del dictador Augusto Pinochet. Blanca Luz Brum participó además de los movimientos de vanguardia de América latina y tuvo un frondoso historial sentimental que incluyó a cinco maridos y varios amantes, algunos célebres, como Natalio Botana, Juan Domingo Perón y David Siqueiros. Era extremadamente bella, un atributo que, en un mundo dominado por el machismo, le abrió muchas puertas.
Nació en 1905 en Pan de Azúcar, Uruguay, y a los 17 años entró pupila en un colegio de Montevideo, del que salía para trabajar de mucama. Por entonces conoció al poeta peruano Juan Parra del Riego, que la llevó a las reuniones literarias donde Blanca por primera vez tomó contacto con grupos intelectuales. Los jóvenes se casaron y tuvieron un hijo, pero Juan murió a los pocos días de nacido, por lo que Blanca se fue a vivir a Perú con la acomodada familia de su marido. Le tomó muy poco vincularse con la movida literaria y entrar en el círculo de José Carlos Mariátegui, escritor y fundador del Partido Comunista peruano. Él le dio la oportunidad de publicar sus poemas y su primer libro, y como contrapartida, Blanca adhirió con fervor al comunismo indigenista que Mariátegui promovía. Ser comunista y opositora al gobierno le valió primero la cárcel y luego ser deportada, algo que se repetiría varias veces en su vida.
Por ese tiempo, dio por terminada su relación con Mariátegui y pronto se casó por segunda vez con otro peruano con el que se instaló en Buenos Aires, desde donde cruzaba seguido a Montevideo. En uno de esos viajes conoció al muralista mexicano David Alfaro Siqueiros que, como ella, era un activo militante. Dicen que el encuentro tuvo grado de huracán y que casi sin mediar palabra, él le dijo “te vienes conmigo”. Blanca tomó a su hijo y se fue detrás del mexicano, con el que mantuvo un vínculo tan apasionado como violento. Parece que recién en el barco ella se enteró de que Siqueiros tenía esposa, de la que el artista luego se separaría para casarse con Blanca. Después de una temporada en Estados Unidos, se fueron a México, donde sufrieron persecuciones políticas y dificultades económicas que los obligaron a buscar nuevas oportunidades.
La más contundente surgió en Buenos Aires, cuando Natalio Botana, el dueño del diario Crítica, le pidió a Siqueiros que le pintase un gran mural en su quinta de Don Torcuato. La monumental obra se llamó Ejercicio plástico y la musa inspiradora fue Blanca Luz, a quien su marido pintó completamente desnuda. Para cuando el mural estuvo terminado, Botana ya estaba enamorado de Blanca, que otra vez dio un golpe de timón y se quedó en Buenos Aires. El romance con el periodista millonario fue breve pero le permitió gozar de las mieles del poder y del dinero y ponerle fin a su tormentoso vínculo con Siqueiros. De los brazos de Botana, en 1935 Blanca pasó a los de Jorge Beéche Caldera, un empresario y diputado chileno, con quien concretó su cuarto casamiento y tuvo a su hija.
En 1943 los dejó a ambos en Chile para ir detrás de una nueva pasión: el peronismo y su líder, Juan Domingo Perón. En Buenos Aires, la pasional Blanca no solo se hizo peronista sino que se transformó en secretaria de prensa de Perón. Al escribir sobre esa etapa de su vida, se arrogó haber sido la ideóloga del 17 de octubre de 1945 y creadora del eslogan que llevaría al líder a la victoria, “Braden o Perón”, que invitaba a optar por este último o el embajador de los Estados Unidos. Blanca mantuvo un vínculo muy cercano con Perón y es posible que haya sido su amante, aunque no hay evidencias. Dicen que cuando Perón asumió la presidencia, Evita le dio a Brum 48 horas para dejar el país. Nuevamente en Chile, Blanca se casó con un empresario —matrimonio que tampoco prosperó— y en 1948 tuvo a su tercer hijo. Aunque se había transformado en una señora rubia y burguesa, continuaba colaborando con Perón desde la distancia, y de hecho fue una pieza clave en la fuga de importantes dirigentes peronistas presos en la cárcel de Río Gallegos hacia Chile.
Poco a poco, viró a fanática anticomunista y ferviente católica, tanto que, en 1973, cuando se produjo el golpe de Estado de Pinochet, dio su explícito apoyo al dictador, que incluso la condecoró. En sus últimos años, se fue a vivir al fin del mundo, a la isla de Robinson Crusoe, en Chile, donde se dedicó a pintar, a escribir y a pasear desnuda por el campo. En 1985 murió, dejando la memoria de una vida repleta de enigmas y con demasiadas dolorosas contradicciones.

