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Pañuelo blanco

zzzznacp2 NOTICIAS ARGENTINAS ORDOBA-, MARZO 24:El presidente Nestor Kirchner escucha a Leon Gieco durante el acto realizado por el 31º aniversario del golpe de Estado en donde funcionó el centro clandestino de detención conocido como "La Perla" que desde hoy pasó a manos de la Comisión Nacional de la Memoria. Foto NA:PRESIDENCIA/plzzzz

Fue hace poco más de un año y medio, el 29 de abril de 2024, con el gobierno de Javier Milei desplegando sus primeros trazos de motosierra. La escena transcurrió en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECUNHI), en el predio de la ex ESMA. Había un grupo heterogéneo de mujeres y hombres de diversas edades sentados en semicírculo en el escenario del espacio cultural cantando a capela La memoria, la canción que León Gieco lanzó con su álbum Bandidos rurales en el año 2001.

Era parte de una ceremonia en la que León iba a recibir un reconocimiento que le llenaría los ojos de lágrimas: el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo. Se lo entregaron Josefa “Pina” de Fiore, Irene de Chueque, Sara Mrad, Carmen Arias y Visitación Folgueiras de Loyola, que dijo: “Yo te llevo siempre en mi pañuelo”. Era el primer pañuelo que entregaban las Madres luego de la muerte de la presidenta Hebe de Bonafini. “Cuenten siempre conmigo”, dijo Gieco, mientras extendía el pañuelo en el que se leía Aparición con vida de los desaparecidos.

Este vínculo entre las Madres, las Abuelas y Gieco tiene una historia detrás. Fue una incubada en vivencias personales del cantautor. Cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Gieco ya era un artista de relativo conocimiento. Él cuenta en una entrevista brindada al archivo Memoria Abierta que su percepción al inicio de la dictadura era similar a la de la mayoría de la sociedad: “Sabía que me censuraban. No dejaban que pasaran mis canciones por la radio. No me decían que no las podía cantar en vivo, así que seguí haciendo recitales. Lo que no sabía era lo de los centros clandestinos de detención en ese momento, ni de los desaparecidos, ni de los vuelos de la muerte y las torturas.”

En una de esas recorridas que hacía para difundir sus canciones fue a tocar a la ciudad de Córdoba. El recital se realizó con normalidad. Al terminar, Gieco empuñó su guitarra por el mango, bajó las escaleras del escenario y caminó unos pasos hasta meterse en el camarín del teatro. Habían pasado menos de dos minutos cuando dos sujetos vestidos de civil ingresaron por la puerta. “Me pidieron que les mostrara el repertorio”. Uno de los tipos leyó la lista de canciones y le dijo: “Esto está prohibido”. Gieco se sacó la armónica que todavía colgaba de su cuello y le contestó: “Nadie me dijo que no podía tocarlas en vivo.”

Esa noche se lo llevaron preso por averiguación de antecedentes. Estuvo dos días en un calabozo y lo soltaron. Le ocurriría lo mismo tiempo después, luego de un recital en Comodoro Rivadavia.

El momento más complejo durante la dictadura llegó a mediados de 1977. El teléfono comenzó a sonar en su casa durante las madrugadas y recibió amenazas. “Un tipo que me habló me sugirió que me fuera del país.”

Lo hizo. Se instaló en Los Ángeles por dos años. Regresó a la Argentina a mediados de 1980, la dictadura continuaba. León tomó la decisión de hacer recitales solo en el interior del país. El clima social de rechazo al régimen militar iba creciendo y sus pequeñas giras se fueron volviendo parte de los actos de resistencia. “Los que me llevaban a tocar me subían a un auto y me paseaban por el pueblo mostrándole a la gente que yo estaba ahí.”


Es aquí donde comienza su relación con las Madres de Plaza de Mayo. Todavía no sería en forma personal. Ese artista que años antes no tenía claro los alcances del terrorismo de Estado ahora sabía del horror y decidía comprometerse. En esos recitales por el interior cerraba siempre con su clásico Solo le pido a Dios y les dedicaba la canción a las Madres.

“La gente se ponía nerviosa cuando anunciaba la dedicatoria. Tenían miedo de que hubiera algún infiltrado en el concierto”, recordaba.

Esos primeros gestos se transformarían después en una conducta de vida que generaría un vínculo entrañable del cantautor con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

Uno de los momentos más destacados de ese vínculo ocurrió muchos años después. Era diciembre de 1999 y la presidencia había sido asumida por Fernando de la Rúa hacía pocos días. Las Madres de Plaza de Mayo tomaron una decisión audaz para darle más visibilidad a la Marcha de la Resistencia que se realizaba todos los años. En lugar de hacerla la noche del 10 al 11, la movieron para recibir el nuevo milenio.

Era un momento difícil para los organismos de derechos humanos. Los indultos que había dictado Carlos Menem al inicio de su gobierno habían liberado a los comandantes del terrorismo de Estado, que se sumaron a quienes ya habían sido beneficiados por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Raúl Alfonsín.

Para fortalecer una convocatoria que tenía la singularidad de hacerse en año nuevo, las Madres invitaron a varios artistas. Entre ellos estuvo León. Fue una noche tibia para ese verano. Los registros históricos indican que la temperatura máxima llegó a los 26 grados. En Plaza de Mayo, sin embargo, el calor popular se sintió porque la movilización fue masiva.

Unos meses antes, Gieco había acompañado a las Madres en la inauguración del café literario Osvaldo Bayer. Era el primer paso para lo que después terminaría siendo la Universidad de las Madres, en la calle Hipólito Yrigoyen. León se colgó su guitarra al hombro, la armónica al cuello y cantó en la vereda.


DE MADRES A HIJOS

Con las Abuelas estableció el mismo tipo de relación. El año pasado se sumó a la campaña de donación de fondos para la Fundación. Hizo una versión de Solo el amor, de Silvio Rodríguez, para difundirla.

Hay un recuerdo —una vivencia— a la que lo llevó su relación con Estela de Carlotto. Él lo contó así: “Conocí a los chicos y chicas que luego serían parte de HIJOS a través de Estela, que andaba con varios de ellos para todos lados. Ella me los presentó en un concierto que dimos en La Plata con Víctor Heredia. Se nos ocurrió invitar a los chiquitos a cantar con nosotros Solo le pido a Dios.”

“Siempre me conmovieron las historias de estos chicos y ya antes de que Estela armara esta movida yo había compuesto Semillas del corazón, dedicada a ellos. Fue una letra muy importante para mí. Nadie había compuesto una canción para los hijos de desaparecidos y eran tiempos en que tampoco se hablaba mucho del tema.”

El compromiso hecho canción y viceversa.

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