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El peligro de una huelga de amas de casa

A Doña Pepa le encanta cocinar. Es devota del programa de Canal 9 Buenas tardes, mucho gusto (BTMG) y de su prolongación impresa, Cuadernos prácticos de Mucho gusto, una revista de 20×14 centímetros, que sigue con atención para preparar varias de las recetas ofrecidas. A modo de ayudamemoria, escribe en las portadas algunos de los temas que le interesan. En el número 123, de octubre de 1975, aparecen anotaciones en birome azul: “salsas y rellenos”, “pagina (sic) 83”, “una masa básica”, “varios usos”…

Aquella no es una edición cualquiera de la Mucho gusto. La tapa anuncia la celebración de los cinco años de la revista y los quince del ciclo de TV y está ilustrada por el artista plástico Elbio Fernández con un retrato de Annamaría, secretaria de redacción del quincenario y conductora del programa, que va de lunes a viernes a la hora de la siesta. Ambos productos, creados por su padre, Pedro Muchnik.

En sus páginas, sobresalen las propuestas de platos para todos los gustos. Pedro Stramesi, pionero de los cocineros televisivos, enseña a hacer “envoltines de pollo a la burguesa”, “supremas de pollo a la Brillant Savarin”, “peceto con aceitunas” y “cazuelitas de camarones a la criolla”; Chichita de Erquiaga, recordada por cocinar en la década siguiente en el noticiero del mediodía de Canal 13, se inclina por los dulces –“postre Sublime”, “tarta nevada”, “torta Flor” y “torta reversible”–, además de recetas saladas patrocinadas por Reggianito Sancor y productos Ybarra; y Choly Berreteaga, otra precursora de la gastronomía televisiva, ofrece “pizzonda (con panceta y queso)”, “budín de duraznos cremoso”, “chiffon de chocolate”, “espuma de bananas Asunción” y “polvorones”.

La diversidad de propuestas se convierte en un menú ilimitado para cualquier ocasión. Seguramente, las enseñanzas reposteras sean las preferidas de Doña Pepa, que la ayudan a mejorar su mano para la cocina, equipada como corresponde en una casa comprada con un crédito durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón en Banfield, en el sur del conurbano bonaerense.

Para quienes desean incursionar en otras actividades patriarcalmente destinadas a las mujeres, la revista da clases para confeccionar bolsos de hilo sisal, de tela y madera o emparchados con retazos, revela “secretos del tejido”, aporta moldes varios, propone “belleza a bajo costo” (“ser linda es posible, uniendo conocimiento, paciencia y gusto”) y exalta “el olor, sin igual, de la limpieza”.

El editorial tiene una destinataria: “Nuestra querida Doña María”, “un nombre que no es casual”, que reúne “mucho de magia, de pureza, de orden, de amor y de nobleza”. La explicación es simple: “En sus cinco letras encierra, genéricamente, a una legión de Marías, de mujeres como usted que viven para brindar amor, comodidad y tibieza de hogar, callada y estoicamente, sin pretender otro premio ni otra recompensa que la felicidad de los que las rodean”.

“Nos emociona, Señora, verla casi de madrugada en los mercados con su bolsita de compra cada vez más desinflada y observar cómo lucha con un escaso presupuesto que su ingenio hace elástico; nos admira su resistencia física para atender la casa, los chicos, el marido y ganarse unos pesos extra si es necesario; nos asombra su renovada habilidad para hacer cosas con sus propias manos, para no dejarse abatir por los inconvenientes, resolviéndolos todos a medida que se presentan.”

La revista no puede imaginar “una huelga de amas de casa, una huelga de Marías”, porque “si tal cosa sucediera se paralizaría el país” (a Doña Pepa tampoco se le pasa por su cabeza). En el país de Mucho gusto no viven mujeres en rebeldía, porque el trabajo doméstico es “la profesión del amor sin límites, de la entrega total, de la paciencia infinita, del trabajo sin cálculos, del dar por el dar mismo, del sacrificio sin promociones, del quehacer sin ostentación”.

Doña Pepa, mi abuela, tiene 56 años –mi misma edad al escribir esta nota– y es parte de esa “legión de Marías”, aunque está viuda desde hace más de una década, su hijo ya es un adulto que formó familia y solo debe preocuparse por el cuidado de nietos propios y pequeños ajenos.

El arte de la elegancia

En el número siguiente, el 124, continúan los festejos por el doble aniversario (Doña Pepa intervino nuevamente la portada: “medias lunas”, “masa hojaldre con margarina”…).

La primera edición de la revista salió el 7 de septiembre de 1970, después de una década de emisiones televisivas. El 3 de octubre de 1960 salió el primer programa, por la pantalla de Canal 13, sin “estrellas ni vedettes ni promoción estridente”, según recuerda el quincenario, con el tratamiento de temas médicos y legales, la enseñanza de manualidades, tejidos y costuras. Pero la elaboración de platos en vivo era el momento de la tarde, liderado por Petrona C. de Gandulfo, “una pionera que cada día cocina mejor y se luce más en sus clases magistrales”.

La nota “El día feliz de los 15 años” evoca la celebración durante la emisión del 6 de octubre, la número 3830, desde el estudio 5 del Canal 9, con un sinfín de fotos. Si hay cumpleaños, debe haber torta, en honor al “programa hogareño hecho por gente de vocación hogareña”, “la hora más útil de la televisión”, “el programa femenino pionero en Argentina”.

Tres reposteras se encargan de los “cinco pisos cubiertos de pasta de almendras y salpicados con florcitas”: los niveles 1 y 2, una torta inglesa hecha por Berreteaga; los 3 y 4, una torta cream, a cargo de De Erquiaga; y el 5, una torta de limón, preparada por María Luisa Buzeta.

Grandes valores de hoy y de siempre

BTMG, que va de 15 a 16.30 por el 9, tiene un competidor de peso en el 13, En casa de Canela, que comienza a las 15.30, con la conducción de la reconocida animadora.

La televisión de octubre de 1975 (todavía en blanco y negro) empieza poco antes de las 10 con la señal de ajuste del 13; una hora después arrancan el 9 y el 11; pasado el mediodía es el turno del 7, y recién a las 17 inicia el 2, desde La Plata.

Los cierres de las transmisiones no se extienden mucho más de la medianoche, todos protagonizados por sacerdotes católicos: La paz sea con vosotros en el 7, Dios con nosotros y Mensaje dominical del Santo Padre en el 9, Palabras de vida en el 11 y Un momento de meditación en el 13.

El 11 da que hablar a la prensa en esos días con la asunción de un nuevo interventor designado por el gobierno, Arsenio Rodolfo Dotro, que se desempeñaba como director del noticiero. “No soy el nuevo interventor, soy uno de ustedes. Tenemos en nuestras manos un extraordinario canal de televisión que fue el mejor y volverá a serlo. Sin necesidad de contratar genios, sin prescindir de uno solo de ustedes”, dice Dotro en una circular interna a los trabajadores. A pesar de los buenos deseos, alrededor de ochenta empleados del servicio periodístico entran en conflicto por deudas salariales de junio a septiembre. Los noticieros se quedan sin imágenes de actualidad y tienen que recurrir al archivo para salir del paso.

La estatización de los canales porteños y algunos del resto del país sigue desatando debates y situaciones críticas. Los medios ponen atención en los más de 2.600 millones de pesos que el gobierno, a través de un decreto, destina a radios y canales del Estado: El Mundo, Splendid, Belgrano, 7 de Buenos aires, 7 de Mendoza y 8 de Mar del Plata. Los trascendidos indican que la Secretaría de Prensa y Difusión pidió un crédito por 51 mil millones para cubrir el déficit de las emisoras.

Una muestra de esa crisis es la decisión de la AFA de no permitir que Canal 7 transmita el partido del viernes si no salda una deuda de cien millones de pesos. Además del adelanto, los domingos pasa un partido de Tercera División, a las 13.30, y el video tape de un encuentro de Primera, a las 20.45. Los miércoles y los sábados también hay partidos en diferido.

En este contexto, la comisión parlamentaria de seguimiento del nuevo régimen para radio y TV cambia de autoridad: llega Miguel Ritvó en lugar de Ferdinando Pedrini, ambos del Frejuli.

Mientras tanto, el país llora la muerte del cómico Pepe Biondi, el 4 de octubre, un artista identificado con el 13, el canal que los viernes a las 21.30 hace sufrir con el triángulo amoroso entre Marilina Ross, Arnaldo André y Raúl Rossi en la novela Piel naranja.

Tiempo nuevo

El aparato de censura en los medios de comunicación y en los productos culturales ajusta su mecanismo. El conductor Roberto Galán lo sufre en su ciclo Quién le teme a los Adanes, que va de lunes a viernes a las 13 por el 9.

El periodista Segundo Poncio Godoy, invitado a uno de los programas, “deslizó un fuerte epíteto, de los vulgarmente considerados como ‘malas palabras’”, según el diario Última Hora. La revista Redacción lo explica con un eufemismo: “El desprejuiciado sujeto aplicó la imagen de la periodicidad fisiológica del cuerpo humano al accionar oficial, obviando el paralelismo”.

El Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) levanta rápidamente el programa. Pero días más tarde puede recuperar el aire, aunque la transmisión en vivo se transforma en emisión grabada.

La mordaza informativa suma una acción acorde al despliegue del terrorismo de Estado que ya avanza. Hacia fines de octubre, poco después de que Isabel Perón reasumiera la presidencia tras el interinato de Ítalo Luder, el Ministerio del Interior lanza una advertencia a los directores de los medios de comunicación, “un serio y concreto llamado a la reflexión y a la responsabilidad”, decía el parte oficial, “a fin de que no solo procuren evitar sumarse a su múltiple, polifacética, sutil e insidiosa acción psicológica, sino que hagan todo lo posible y necesario para contribuir a la lucha” contra la “subversión”.

La cartera política insta a que esa acción “debe ser afrontada por todo el pueblo y sus instituciones, públicas y privadas, conscientes de que con ello no se defiende a un gobierno o a un sector político, sino a nuestras instituciones, a nuestros valores espirituales, al ser nacional y al estilo de vida que es consustancial e inseparable del mismo”.

Y sentencia: “Los poderes públicos garantizarán la libertad de información, pero serán inflexibles en la adopción de las medidas que las leyes prevén para quienes la desvirtúen o distorsionen”.

Esas directivas no son precisamente para Adelante, juventud, un programa del 7 conducido por el actor Ángel Magaña y la locutora Clarisa Gerbolés, dedicado a exaltar a las Fuerzas Armadas, que se extenderá hasta el final de la dictadura.

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