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El trauma del autor que no puede escribir

Muchas veces el título de una obra puede traer referencias evidentes e ineludibles, incluso para el espectador menos avisado. Otras veces, como en esta Madre ficción, esas referencias son casi un susurro al pasar, solo audible para quien busque señales sobre lo que, por qué no, construir su propio relato. Así pues esa madre montevideana, que se fue de su país y en esa suerte de huida protegía a su hijo, podría ser también una madre coraje, como aquella creada por Bertolt Brecht, que intentó cuidar a sus hijos en medio de la guerra inhumana. También podría referir a la idea de la ficción como origen de toda verdad, la ficción como madre de toda realidad. O incluso, más linealmente, hablarnos de la propia trama de la obra, para pensar a esta madre como relato construido, como ficción que se arma a partir de memorias propias e implantadas. 

Este nuevo trabajo de Mariano Tenconi Blanco parte de ciertos datos autobiográficos del autor, ya que él mismo recibió el encargo de la Comedia Nacional de Montevideo, y su madre y abuela son uruguayas, como ocurre con el protagonista. Mantiene, como ocurre con buena parte de sus obras, un gran sentido del humor, aunque especialmente rememora lo desopilante y vertiginoso de su obra Todo tendría sentido si no existiera la muerte. También, como sus otras puestas, juega con lo extemporáneo. 

“Hay un anacronismo deliberado, porque siento que es la mejor forma para hablar del presente”, explica Tenconi Blanco a Caras y Caretas. “Sé que no necesito que la ficción suceda en el aquí y ahora de la vida diaria para producir sentidos que resuenen en nuestra vida actual. Una de las cosas interesantes del espectador que decide ir a un teatro es poder conectarse con un universo otro, distinto y singular, y poder prescindir de esas referencias que tenemos más a mano; me parece que está bueno, para que el espectador se pegue ese viaje. Entonces ninguna de mis obras sucede, creo, después de los años 90.” La historia ocurre entre los años 1993 y 1994. Sin embargo, los personajes parecen estar viviendo en un permanente anacronismo.  

Esa suerte de corrimiento de lo real cronológico tiene también un fuerte vínculo con algunas tradiciones de la narrativa uruguaya, a la que el personaje hace referencias en su conflicto: el problema del escritor que no escribe. 

La sal no sala

Su protagonista, Diego Velázquez, también habla sobre estos ejes del texto. ”Todo lo que la obra plantea como situaciones tiene que ver con esos años 90 en que ocurre la obra, y el personaje es alguien que no pertenece del todo a la época que está viviendo, o que la vive con un fuerte anclaje en la tradición.” Frente al encargo de la Comedia Nacional de Montevideo, el escritor –consagrado– no logra escribir y vive eso como una culpa. “Siente muchas presiones: la de la madre, la del deseo propio, toda la tradición literaria, del director de la comedia uruguaya, de todo el teatro que leyó, que vio, que conoce y con el que quiere dialogar. Es alguien que aprecia el pasado, y muchas de las excusas que pone por no poder escribir están en relación con otros autores y cosas que ya pasaron. Por otro lado, hay algo de las tradiciones familiares, de la relación con el hermano, del amor y lucha de masculinidades entre ellos. Está intentando dar un paso más en las tradiciones que respeta y quiere, y que también están para ser rotas.” 

En esa lógica de ruptura de la lógica del tiempo lineal está también la personificación de la madre, que Valeria Lois trae con un maravilloso histrionismo, que contrasta con el apocado estar en el mundo de su afamado hijo. Si el verosímil de ser madre e hijo funciona, es porque Tenconi se permite contar esa relación filial con dos personas que se ven contemporáneas, aunque una debería ser notablemente mayor que el otro. He aquí una de las ideas guardadas por el título: ¿esa madre es real y convive con el autor, y pasea con él por su añorado Montevideo, o es la madre ficcionalizada que él mismo crea desde la memoria?

Este enrarecimiento de la lógica es parte de la tradición literaria uruguaya, que el personaje cita desde la palabra de Tenconi. Podríamos pensar en Felisberto Hernández, en Juan Carlos Onetti y en Mario Levrero. En este último se referencia principalmente el autor. “Respecto de las referencias, me gustan muchísimo todas las que nombrás, pero sobre todo Levrero. La novela luminosa está, por así decirlo, iluminando Madre ficción con esta idea del escritor que escribe que no escribe. La obra es un poco una puesta en escena de una situación absolutamente levreriana, con este dramaturgo que tiene un encargo y que lo no cumple, pero mientras tanto escribe lo que le pasa mientras no cumple con el encargo. Me gusta mucho la literatura uruguaya. Hay muchos autores y muchas escritoras, pero quizá Levrero sea mi favorito.” 

En su obra Mariano Tenconi Blanco juega con formatos que siempre imponen lo teatral sobre el impulso realista del teatro, por eso Madre ficción tiene una relación potente con sus anteriores trabajos. “La obra tiene un gesto bastante autoconsciente de todas mis obras”, explica. “Uno escribe las obras, por decirlo de una manera, con las obras que están atrás. Siempre trato de probar cosas distintas, y así me embarco en algo que no sé si va a poder llegar a buen puerto, para mantener la metáfora marina. En el caso de Todo tiene sentido…, hice una obra que eran puros diálogos durante más de tres horas. En La vida extraordinaria mezclé muchos recursos: cartas, poemas, diarios, diálogos, monólogos. Y en Las cautivas eran solamente monólogos a público. Acá hay un poco de todo también, hay muchísimos diálogos y a la vez aparece esa pluralidad de recursos: hay poemas, cartas que le mandan al escritor, y a la vez aparece la obra de teatro que escribe, que también son monólogos. En ese sentido Madre ficción es también la obra que incluye todo ese ese camino como dramaturgo y como director.” 

Dentro de esas referencias hay una variación muy interesante de la estructura clásica de comedia de puertas, que funciona como un relojito en Todo tendría sentido… Aquí se desestructura el espacio y los personajes entran y salen por los espacios menos pensados. En lo espacial, la realidad también es levemente alterada. Y esto no es casual, porque el autor y director tiene muy presente la relación entre lo teatral y el realismo. “Creo que el mayor problema del mundo actual es que la realidad es lo más raro que hay. Hoy por hoy la realidad es, ni siquiera diría que surrealista, es totalmente inverosímil e vil, cruenta e imposible de entender. Entonces, todo eso trastoca un poco la relación con la ficción y con esa palabra, siempre problemática, que es el realismo”, concluye Tenconi Blanco. 

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Mariano Tenconi Blanco

Elenco: Diego Velázquez, Camila Peralta, Marcos Ferrante y Valeria Lois

Músicos en escena: Ian Shifres y Gonzalo Pérez Terranova

Producción general: Comedia Nacional de Montevideo y Compañía Teatro Futuro

Madre ficción se presenta, hasta el 27 de noviembre, los jueves a las 22, y del 7 al 28 de noviembre, los viernes a las 22 en el Teatro Metropolitan (Corrientes 1343, CABA). 

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