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“No ocuparse de este tiempo es perder el tiempo”

“Por todo el apoyo, Daniel Quintero agradecido. Será poesía”, postea en su Facebook. Para él la poesía goza de buena salud. El poder difundirla a través de las redes pone a la poesía en un lugar importante, permite mostrar qué es lo que cada uno escribe. “Comunicar desde la palabra, desde la poesía, a través de lo que está viviendo, involucrándose en el tiempo que le toca. Me parece que es un poco eso. No creo que la poesía cambie algo, pero si no estuviera, seguro que no podría cambiar nada.”

–¿Cómo y cuando surgió el Festival Internacional de Poesía de Parque Chas “Luis Luchi”?

–Si bien había una idea de hacer un encuentro de poetas aquí en Parque Chas, la idea concreta del Festival Internacional de Poesía surgió a raíz de que en 2021, en pandemia, Luis Luchi, el poeta del barrio, hubiera cumplido cien años. Entonces empezamos a movernos, Andrea López, Eva González, Laura Valente, Víctor Cabrera y yo, para ir conectándonos con Pedro Gaeta, pintor también del barrio, amigo de Luchi, y Lilian Garrido, una mujer dedicada a la literatura, que fue amiga de Luchi y de Gaeta; nos fueron dando información y gestamos eso que fue el Festival de Poesía Internacional de Parque Chas. Como era en pandemia, fue de manera virtual. Hubo más de cien poetas de 32 países, los videos todavía están en YouTube (“FIP de Parque Chas”), ahí están las mesas de lectura.

–¿Cuáles fueron los ejes del FIP de este año? ¿En qué se diferenció de años anteriores?

–Los ejes del festival siempre estuvieron vinculados a la participación, a la disposición de los poetas. Nos acompañó Pablo Yanischevsky, un músico, bandoneonista, que es nieto de Luchi. En la primera versión presencial también estuvo su hermano con una compañía de teatro y títeres que hicieron una puesta en escena bastante bella. Está el otro hermano de Pablo. Este año fue el espíritu de Luis Luchi en la convocatoria del festival en su honor. Uno de los hijos de Luis, Luis Yanischevsky y Pablo, el músico. Así que hubo tres generaciones de los Yanischevsky, los descendientes de Luchi, en la reunión de septiembre pasado. La intención y el espíritu siempre es convocar a las lecturas. Hemos tenido también participación de poetas jóvenes. Se ha presentado otros años la antología que la Biblioteca Nacional publicó de Luchi, son dos tomos. Y en este año se sumó también la celebración de que el barrio cumplía cien años.

–¿Cómo fue, hubo más participantes? ¿De dónde?

–A partir del año en el que se hizo de manera virtual, nos vimos en la disyuntiva de hacerlo o no hacerlo de manera presencial. Si bien no es lo mismo, si bien es más cómodo esa parte virtual, demandó un montón de trabajo editar los videos, mezclarlos en las mesas, la gráfica, fue todo un trabajo descomunal. La recepción de los videos de los participantes, armar las mesas. Cuando decidimos hacerlo de manera presencial lo decidimos hacer en el Club El Trébol, que es el club emblema del barrio, si bien también está el Club Parque Chas, pero el club emblema del barrio está desde 1943 frente a la plaza. Nos cedieron las instalaciones y empezamos a hacerlo ahí de manera presencial. El primer año que lo hicimos de manera presencial, en 2022, fue un éxito total, había gente en la vereda, adentro colmado, recibimos invitados de Chile, después en las sucesiones de los diferentes encuentros vino una poeta de Costa Rica, un poeta brasileño, poetas de Ecuador, de Uruguay, se fue gestando unas ganas de participación. El año anterior por todo lo que es la crisis de este país, decayó un poco, pero este año volvió a tener más movimiento, más participación, el festival que se hizo ahora el 13 de septiembre pasado volvió a haber poetas de Uruguay, de Chile y poetas que vinieron de otros lugares de la Argentina, de La Pampa, Mar del Plata, Córdoba, Entre Ríos, estuvo bastante concurrido y con esas ganas de participación de los poetas que se acercan.

–Hablanos de Luis Luchi.

–Luis Luchi –Luis Yanischevsky es su nombre original– nació en Villa Crespo en 1921 y llegó al barrio en 1924 o 1925, después vivió aquí en otra casa en Parque Chas, hasta llegar la represión, la persecución, la dictadura, y tuvo que exiliarse en Barcelona, que es donde murió. Siguió generando su actividad de poesía en Barcelona. Tuvo vínculos con Rovira, que era un músico de tango que musicalizó algunos de sus textos, con Tata Cedrón. Sé de gente que lo tenía como material de consulta, como Charly García o Adrián Otero, de Memphis La Blusera, diferentes poetas, músicos. Por ahí también dicen que Gelman en su manera de decir, un poco, no digo copiaba, pero un poco tomaba la forma de decir que tenía Luchi en sus poemas en vivo. Hay también poemas de Luchi en su propia voz en YouTube que se pueden escuchar. Tuvo una publicación muy extensa en Papeles de Buenos Aires, que era el sello que manejaba Santoro, que también fue amigo de él, y después de otras publicaciones que hizo Libros de Tierra Firme, la última de la Biblioteca Nacional en 2022.

¿Qué anécdotas quedaron del FIP 2025?

–Que se conjugaron tres generaciones en este último encuentro: Luchi, uno de sus hijos y uno de sus nietos. Pero como anécdota que casi pudo haber ocurrido, en 2023 llega de Ecuador un poeta que conocí en el Festival de Poesía de Guayaquil, Rafael Méndez Meneses, con su compañera. Había venido por un trabajo político con Rafael Correa aquí. Le dije que traiga a Correa, pero estaba con otros compromisos, pudo haber venido ese año al FIP de Parque Chas.

–¿Por qué sos poeta ?

–Escribo porque no tengo respuestas. Esa sería la respuesta del porqué soy poeta. Lo que me llevó a ser poeta es un poema que surge a raíz del juego Cerebro mágico, que preguntaba qué poeta inglés y dramaturgo había sido hijo de un carnicero; se refería a William Shakespeare. Yo tendría, siete, ocho años y como mi padre en ese momento fue carnicero, dije, bueno, si el padre de Shakespeare era carnicero y él fue poeta, mi padre es carnicero y yo también voy a ser poeta. En definitiva, sin saberlo mi padre, como dicen los que entienden que el padre marca el oficio del hijo varón, sin saberlo, sin quererlo, marcó mi oficio.

“Cebrero mágico”

               a Joaquín, mi viejo

William Shakespeare
cuyo padre, como el mío, era carnicero,
posiblemente haya recibido poesía
en esas mañanas de picardía y quejas
cuando las vecinas esperaban su turno
y entre carnes de estofado y trozos para guisar
el pequeño Guillermo construía sus letras.

El padre del niño William nunca supo
que marcaba su oficio,
así llegaban a él resoluciones literarias
por trozos de carne cortada por un cuchillo en prosa,
pulpas y huesos para un caldo desde donde
salían los vapores que después fueron sonetos.

Tal vez Julieta haya sido una joven vecina
próxima, inalcanzable sin escalera, hija de Otelo,
sobrina de Hamlet
y Romeo un rey Lear desvelado
por darle un sentido moderno a los mitos griegos.

Mi infancia fue algo más cómoda,
por esos tiempos, y entre otras cosas,
los mitos estaban resueltos y ya existía el psicoanálisis,
las vecinas eran más factibles,
y ya había luz eléctrica y pilas
que en un juego del Cerebro Mágico
encendía una lámpara cuando se preguntaba…
“¿el padre de qué gran dramaturgo inglés era carnicero?”

Así llegaron a mí entre churrascos
y carne de poesía picada
versos coloridos de sangre, cuentos, quejas y murmullos
en la melancolía y al amparo
de una diminuta luz de este juego
que acierta, da conmigo, responde William Shakespeare
y sin saberlo, como su padre/como el mío
marcan mi oficio.

–¿Cómo definirías tu voz poética?

–Hay quienes dicen que mi poesía es social, yo no lo creo. Sí me ocupo de las cosas que ocurren, no como un testigo periodístico, sino como un poeta que se ocupa del tiempo que le toca vivir. Uno de mis poetas primeros en la infancia o adolescencia fue Pablo Neruda y de él rescato Canto general, donde pude haber en aquellos años empezado a pretender tener una voz o un panorama de abarcar lo que Pablo Neruda abarcó, por ejemplo, en Canto general. Creo que definí mi voz. Aunque a veces siento que también me gusta romper con esa voz, con ese transcurrir autóctono, si se quiere, propio, romper y meterme con otras voces.

–¿Qué escritores que te marcaron y por qué?

–Pablo Neruda en mis años primeros de adolescencia, otros poetas Girondo, Whitman, Nicanor Parra, Jorge Boccanera, Juan Gelman. Cuando conozco, después de visitar Nueva York y meterme en la pretensión de escribir un libro de poemas sobre Nueva York, después de eso conozco el libro, o me involucro más en Poeta de Nueva York, de Lorca, me parece una cosa maravillosa, a tal punto que no sé si alguna vez voy a publicar esos poemas de Nueva York. Ungaretti, Guillén, Luis Franco, Armando Tejada Gómez, Hamlet, son muchos los poetas que me motivaron y me llevaron a este lugar donde estoy, Nicomedes Santa Cruz, y de los actuales que están vivos y con los que he compartido, Miguel Ángel Olivera, “el Cristo de Montevideo”; Raúl Vallejo, poeta ecuatoriano, de Quito; mi hermano que ya partió en 2019, Julio Leite, poeta fueguino, impresionante. Y el poeta cubano extraordinario Jorge García Prieto, Juan Puentes, también de La Habana; Olga Orozco, Diana Bellessi y las uruguayas Idea Vilariño y Marosa di Giorgio.

–¿Por dónde anduviste? ¿Qué dejaron esos lugares en vos?

–Viví unos años en Tierra del Fuego, y desde ahí, junto con Julio Leite, poeta fundamental de Tierra del Fuego y de la Patagonia, del país, y Oscar Barrionuevo, un poeta tucumano, anduvimos bastante por la Patagonia, por encuentros en ferias del libro en Buenos Aires, encuentros en Córdoba, Tucumán, Chile, en Uruguay, y también fue la primera vez que con ellos cruzamos el mar, porque fuimos invitados a un encuentro de aquel tiempo de jóvenes escritores y poetas en la tierra de Cervantes. Después anduve por Guayaquil, el encuentro de Augusto Rodríguez, de Ecuador. En Nueva York, unas participaciones en programas radiales. Después en el país y en Chile y Uruguay, después la difusión del trabajo que hacen las diferentes personas en el mundo. Con esto de las revistas digitales y los eventos por Zoom podemos tener más llegada a otros lugares a los que tal vez no podríamos haber ido. Y pienso en Japón que uno de mis textos, “Noción de práctica frecuente”, fue tomado en un festival de poesía, en un festival de  memoria, en Japón, el año pasado, traducido al japonés y recitado en japonés por un actor. Entonces, uno tiene con esta disponibilidad de internet y las redes sociales otra posibilidad de participación.

–¿Cómo ves el panorama poético en el país?

–El panorama poético de la Argentina y en particular de la ciudad de Buenos Aires lo veo muy nutrido, hay muchas voces. Hay muchas peleas, como si fuera Góngora y Quevedo, Neruda y Pablo de Rokha, pero nada, siempre pasa eso. La producción es importante, los ciclos que se arman y convocan son bastantes por todos lados, de diferentes grupos que tienen su ciclo en todos los barrios de la ciudad, también en La Plata y en otros lugares del conurbano. En la Argentina también hay una gran participación de poetas en los diferentes encuentros que se hacen en Córdoba, Rosario, Salta, festivales. Veo que hay convocatoria, uno ya está viejo, yo he tenido mis recorridos en otros años, ahora está la cuestión económica que por ahí impide andar tanto como uno podía andar hace diez o quince años atrás, pero veo bien el movimiento poético en el país.

–¿La poesía da cuenta de la realidad argentina?

–En cuanto a la poesía y la realidad argentina son también las pretensiones que cada poeta tenga, en el lugar donde se enrola o en el lugar donde quiere dejar este paso por el papel. Uno dice papel, ya nadie escribe en papel, pero quiere dejar este paso por el papel de una forma u otra. Mi poesía está con los pies sobre la tierra, el corazón mirando al sur y las manos en el cielo. No me alejo de lo que siento que pasa y tratar de darle belleza en el poema que se escriba. Hay otras voces, otras tintas, otros papeles de poesía que se dedican a otra cosa. Para mí, con las cosas que pasan en este mundo, en este país, en esta ciudad, en este tiempo, no ocuparse de este tiempo es perder el tiempo.

Daniel Quintero nació en Buenos Aires (1959). En 1987 se radicó en Tierra del Fuego. Regresó a Buenos Aires en 1994. Fundó el sello Ediciones Parque Chas. Tuvo participaciones literarias en la Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador, Cuba, Bolivia, España, Estados Unidos, Japón, México, Nepal, Camerún, Serbia.

Publicaciones: Después de una larga noche (1986); II Antología de escritores fueguinos (1989); El extranjero y el hechizo en la ciudad de la bahía (1990). Mensaje de náufragos (1990); Poesía patagónica (antología autores varios, 1990); Páginas con Patagonia (antología autores varios, 1992); Del dolor de los espejos (1996); Cementerio de payasos (1997); Literatura fueguina 1975-1995. Panorama (Roberto Santana, 1998); Cantando en la casa del viento (antología literaria, Nini Bernardello, 2001); Crónicas fatales escritas desde la luna (2005); Inusual (2013); Malhoja (2015); Cotillón (2015); 0 Killed (2016); Pruebas de galera (2018); Signos / Sobre el jardín de las delicias (2018); Malvinas poesía (2022); Vengo a ofrecer mi poema (antología, 2022).

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