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“Nos consideramos el brazo artístico de Abuelas”

Este año, Teatro por la Identidad cumple 25 años de vida y lucha. Una lucha que nunca dejan de aclarar que es política, porque “es poner el arte en función de un objetivo político y humano, que es encontrar a los nietos. Y no olvidar. Porque mientras haya un solo ser que desconoce su origen, porque lo robaron, lo secuestraron, ninguno de nosotros va a poder completar la identidad”.

Eugenia Levin es una de las fundadoras de Teatro por la Identidad (TxI) y miembro de su Comisión de Dirección, espacio que comparte con Cristina Albéniz, Raquel Albéniz, Mathias Carnaghi, Susana Cart, Amancay Espíndola, Cristina Fridman, Patricia Ianigro, Julieta Rivera López, Luis Rivera López, Mónica Scandizzo, Mauro Simone y Andrea Villamayor.

-¿Cómo nació Teatro por la Identidad?

-Daniel Fanego estaba dirigiendo A propósito de la duda, una obra de Patricia Zangaro, que recoge los testimonios de los primeros nietos recuperados. A partir de ese proyecto, las Abuelas manifestaron su deseo de que el arte empezara a acompañarlas en su camino. Varios de quienes estamos en TxI fuimos como espectadores y sentimos que había allí algo de lo que queríamos hablar. Por Daniel Fanego supe que ya se habían acercado varios teatristas, como nuestra compañera Cristina Fridman. Con un grupito empezamos a encontrarnos e hicimos una convocatoria abierta a quienes quisieran sumarse. La pregunta era: ¿qué hacemos con esto? Entre cientos de personas reunidas, unas veinte se sumaron a nuestro primer grupo con la decisión de llevar adelante la iniciativa. Surgió la idea de estar en más de una sala, y así empezamos a pensar en un ciclo. Apenas tuvimos la idea, fuimos a Abuelas, que de inmediato nos apoyaron y nos pidieron que le demos vida. Si bien salió de los artistas, rápidamente las Abuelas nos pidieron que tomáramos la lucha como propia. Hicimos la primera convocatoria de obras escritas y se presentaron tantas que tuvimos que salir a buscar muchas salas. Fijamos las funciones para los días lunes, que es el día de descanso de la comunidad teatral; en vez de descansar, lo dedicaríamos a la memoria. Así surgió Teatro por la Identidad. En ese origen está latente lo que os permite estar celebrando 25 años. Porque no fue un origen basado en cuatro iluminados ni de una organización política, gremial o sectorial; nació desde el lugar más puro de los artistas: el deseo de hablar de un tema fundamental.

–Cumpliendo 25 años, no deja de sorprender la vigencia de Teatro por la Identidad, tanto por la potencia del discurso artístico como por su capacidad de convocatoria masiva y transversal.

–En 25 años aprendimos y cambiamos muchas cosas. Entre esas, entendimos que no solo teníamos que hablar de la dictadura y sus consecuencias, sino que también teníamos que abrir la temática a la identidad. Por eso, nuestros espectáculos, que se llaman Idénticos, tienen diez monólogos, donde hay uno o dos de temática directa y otros que abordan la identidad de manera metafórica. Otro de los aprendizajes fue salir con TxI de manera itinerante con obras de distintos ciclos, con funciones que gestionamos en escuelas, clubes y otras instituciones. Es una manera de ir a buscar al público, no esperar solo que venga al ciclo. Fuimos implementando cosas que aprendimos, que nos dio como resultado este nuevo público: el público más joven que no vivió la dictadura. Trabajamos también con un espectáculo infantil para escuelas primarias, un ciclo de funciones en la Casa de las Abuelas, en la Ex Esma, donde las escuelas llevan a los chicos a ver allí mismo obras de TxI. Para muchos de los jóvenes, nuestras funciones son la primera vez que van al teatro. Al ser gratuito, se facilita el acceso, algo que mantuvimos desde el arranque para que pudiera entrar todo el mundo.

–Estuvieron en muchas salas diferentes, tanto públicas como privadas. ¿Cómo fue esa relación, incluso teniendo en cuenta que no cobran entradas?

–Tuvimos muchos formatos y muchas salas. Estuvimos en teatros oficiales como el Cervantes, el San Martín o el CCK, que este año nos cerraron las puertas. Pero, por suerte, los dueños de salas comerciales siempre han sido solidarios. En esas salas, solo nos hacemos cargo de los técnicos de luces y de sonido. La sala es la contribución solidaria de los propietarios; por eso tratamos de que no sean siempre los mismos y vamos cambiando cada año dónde hacerlo.

–¿Cómo llegaron a optar por un formato y un contenido que les permita hablar de identidad de manera más amplia que la biológica?

–Hace unos años llamamos a Mauricio Kartun y a Daniel Veronese para que nos ayudaran a pensar un formato donde los actores pudieran ensayar sin que les lleve dos meses, porque eso se hacía complicado. Así surgió el formato de micromonólogos, cuyo curador es fundamentalmente Kartun. Veronese, además de colaborar en la selección, pensó que el formato podía tener la puesta en la que actores y actrices están en el escenario viendo y escuchándose entre ellos, lo que es una elección estética y ética, porque es el colectivo el que está ahí, respaldando y compartiendo. Junto con eso incluimos intervenciones musicales, que le dan un respiro al trabajo con los textos y, a la vez, cierran muy bien como espectáculo. Hay que remarcar que siempre hemos tenido mucho apoyo tanto de actores y actrices como de músicos.

–¿Cómo ha sido la relación con Abuelas?

–Todos los años empezamos con un encuentro con ellas, que definen una consigna y su propia agenda de eventos. Nosotros nos acoplamos y definimos cuándo hacer el ciclo y bajo qué consigna. Hay una colaboración estrecha y una planificación compartida. Por otro lado, cada vez que tenemos dudas acerca de algún tema o queremos estar presentes en algo y no sabemos muy bien cómo hacerlo, recurrimos a ellas, que son nuestro referente. Y siempre en las reuniones, presidiendo y ordenando, está Estela. Es una mujer adorable y muy inteligente, muy lúcida. Si estamos enojados con algo externo o queremos hacer algo muy disruptivo, aparece su voz pensante y un poco establece la línea a seguir. Cuando eso nos sucede, pedimos una reunión con Estela, nos encontramos con ella, le planteamos frente a qué dilema estamos y le preguntamos cómo seguir. Con Estela siempre hemos tenido una relación así: muy de abuela, muy de encuentro, muy cercana. Nos consideramos el brazo artístico de Abuelas.

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