¿Cuántas facetas puede tener un escritor conectado a su tiempo? ¿Cuántos universos hay en un mítico poeta y militante, que, por las calles, los puertos y los bares, además empleó su voz de cronista para cambiar el mundo? Las respuestas están en el referente al que Germán Ferrari le dedicó un libro esencial: Raúl González Tuñón periodista. Medio siglo entre máquinas de escribir y lunas con gatillo. Es, a la vez, un reflejo de la bohemia y de la lucha política; una investigación histórica y cultural; un exhaustivo perfil de González Tuñón con la pluma cargada de acción.
El poeta periodista que nació en marzo de 1905 y murió en agosto de 1974 abarcó varios territorios creativos e intelectuales, con la misma fascinación, sin doblegar su palabra a lo largo de sesenta años. El autor de los modernos poemas de Juancito Caminador –su álter ego entrañable– hizo convivir su elegante lirismo callejero para visibilizar a los desposeídos con su militancia marxista, su oficio narrador y, sobre todo, su incansable labor de cronista para varios medios: en ese mundo específico se sumerge Germán Ferrari, en forma atrapante, en Raúl González Tuñón periodista.
La primera edición se había publicado en 2006 y el libro fue relanzado este año, en forma ampliada, por la Editorial Universitaria Villa María (Eduvim): son 508 páginas que se leen con velocidad. ¿Qué sucedió? Ferrari –también periodista– había seguido acumulando material y buscando fuentes, y gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes incluyó en esta renovada versión una segunda parte con cuatro ejes para profundizar en González Tuñón: “Espacios”, “Afectos”, “Ideales” e “Infancias”. Todos operan como núcleos sobre el retratado en tanto persona, militante, esposo y amante. Más detalles y capas sobre el gran poeta y cronista que reunió el compromiso social con su ojo de vanguardia.
La pasión de escribir
Pero para llegar a esa segunda parte del libro habrá que degustar el largo recorrido, con amplios testimonios, de Raúl González Tuñón periodista. ¿Qué se observa en este viaje? ¿Qué se vibra? Con Buenos Aires como eje inicial, a tono con la biografía poético-periodística se habla de los primeros años de González Tuñón en la vida, en las letras y en el oficio: cómo los enfervecidos años 20 marcan a “este adolescente inquieto, curioso, viajero, que está decidido a ser poeta. Escribir, escribir y escribir, esa es su pasión, y empieza a publicar sus versos en un abanico heterogéneo de medios gráficos”, escribe Ferrari.
A la par del poeta avanzaba el periodista que, mientras se politizaba rápidamente, comenzaba a desplegar sus artes de cronista en el diario Crítica, de Natalio Botana, en los años 30. Allí se congregaron las mejores plumas y voces de su época y Tuñón, en una relación de aprendiz-mentor con Botana, acentuó el oficio en la redacción pero, sobre todo, caminando la calle: conversando con el pueblo, indagando en conflictos cotidianos y en difíciles realidades que no siempre atendían las grandes noticias de su tiempo. Supo volcar el cuerpo y la sensibilidad para describir lo que veía.
Así lo observa Germán Ferrari: “Botana percibe en González Tuñón no solo al periodista viajero, capaz de elaborar un artículo de contenido político-social o una nota de color, sino también al poeta en crecimiento que adhiere a las vanguardias artísticas y que posee una fina sensibilidad para percibir las diferentes manifestaciones culturales”. El libro avanza con múltiples fuentes y citas, recobra constantemente la voz del poeta y sus opiniones sobre el periodismo y capta la época –y las que vendrán– con fidelidad. Además, anticipa otro rasgo de González Tuñón que luego crecerá: el del viajero con la pluma en mano.
“Distintos puertos, distintos olores, distintas mujeres, distintos amigos comienzan a fortalecer esa desesperación por viajar, ese andar y andar constante de un Juancito Caminador asombrado por el mundo”, escribe Ferrari. Por eso ya se verá a González Tuñón en otro destino vital para su actividad periodística y para su militancia marxista: la España de la Guerra Civil. Ya desvinculado de la cotidianeidad de Crítica y consagrado poeta, se fascinó con el aura de la Segunda República Española y, tras el inicio de la Guerra Civil, a partir de 1937 desarrolló crónicas y colaboraciones en diversos medios: denunció al fascismo y vivió desde adentro el fervor popular e intelectual republicano.
Marca de estilo
Sería inagotable registrar cada instante y cada escena que capta el libro González Tuñón periodista: su progresión es minuciosa y al poeta-cronista se lo ve siempre escribiendo, imbuido en su fe en la revolución mundial. Como dice Ferrari: “Su compromiso es disparar con palabras desde una máquina de escribir”. Y la misma visión desarrollará González Tuñón en Chile: viviendo allí, denunciando sus contradicciones políticas y siendo parte de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, junto a Pablo Neruda. Y, al volver a la Argentina, profundizará su militancia comunista a la par de su trabajo poético y periodístico.
El libro refleja su posterior visión crítica acerca del peronismo –con los álgidos debates a los que también aportaba–. A la par del poeta que multiplicaba sus libros premiados y su rol central en la cultura argentina, la fidelidad de González Tuñón al Partido Comunista nunca se doblegó: de hecho, volcó sus convicciones en la prensa partidaria, como bien refleja la investigación de Ferrari. Pero con una salvedad: González Tuñón no perdió su gran amplitud para relacionarse con la gente. De allí extraía su sensibilidad poética y su práctica no esquemática del periodismo, con el uso estratégico de la primera persona.
Era una marca de estilo y de humanidad. González Tuñón no se ponía como protagonista de los hechos: buscaba que cada nota cobijara sensaciones que impactaran al lector. También el libro relata sus avatares familiares, sus amores, sus dolores, su relación con otros poetas y, aún más, con jóvenes protagonistas de la cultura, del arte y de la política: siempre con la fe en lo que vendría. Incluso se describen los rechazos de su espíritu libre por parte del hermetismo del Partido Comunista: finalmente se lo relegó y ninguneó, pero sería reivindicado por otros intelectuales, disconformes con aquel trato a Raúl González Tuñón.
Ferrari lo rastrea en cada colaboración periodística, año tras año hasta su madurez, y dice: “La militancia de González Tuñón, su mirada del mundo y su concepción humanista lo volvían, como él decía, ‘un proletario de la inteligencia’”. Ahí convivían el bohemio, el caminador de los suburbios, el testigo de los olvidados, el vasto poeta de la rosa blindada y el maestro –sin arrogancia– de los cronistas y escritores que vendrían. Un legado que persiste: ojalá este libro pueda expandir la actual revalorización de su figura y la imagen de quien, a la par de su poesía magistral, hizo del periodismo la nítida expresión de su lucha por un futuro mejor.

