En un acto cargado de simbolismo y fuerza, ONU Mujeres, junto a la Embajada de la República Popular China en la Argentina, conmemoró en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires los treinta años de la histórica Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y la adopción de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un hito que sigue marcando la ruta de la igualdad de género. Tres décadas después, el legado de Beijing sigue vigente, potente e ineludible.
Wang Wei, embajador de China en la Argentina, abrió la jornada, que se realizó el 8 de septiembre, celebrando los avances de las mujeres chinas y anunció una próxima Cumbre Mundial sobre la Mujer en China, un espacio global para articular esfuerzos hacia la inclusión y el empoderamiento femenino. Magdalena Furtado, responsable de ONU Mujeres en la Argentina, lo dejó claro: “Beijing no es historia; es presente y futuro. Su agenda es más urgente que nunca”.
La lucha por la igualdad no tiene fronteras ni pausas. La Plataforma de Beijing, adoptada en 1995 por 189 Estados, sigue siendo el plan mundial más ambicioso para garantizar derechos plenos a mujeres y niñas. Abarca doce áreas críticas: desde empleo y economía hasta participación política, paz, medio ambiente y erradicación de la violencia de género. La Argentina reafirmó su compromiso mediante un proyecto de declaración aprobado por la Legislatura porteña, que reconoce el impacto global de Beijing y su rol fundamental en la promoción de la igualdad de género. Desde 1995, la sociedad civil, con movimientos feministas valientes, ha exigido rendición de cuentas y visibilizado cada retroceso y cada conquista.
Verónica Baracat, coordinadora de ONU Mujeres, rescató el legado de mujeres argentinas que, con coraje, allanaron el camino hacia un futuro más justo para las nuevas generaciones. Un panel intergeneracional moderado por Graciela Petcoff reunió a activistas que debatieron avances y desafíos pendientes. Ana Falú, directora ejecutiva del Centro de Intercambios y Servicios Cono Sur Argentina (Ciscsa), afirmó que la “la Argentina ha sido y sigue siendo un faro de inspiración en derechos de las mujeres”, pero advirtió que la Plataforma de Beijing necesita actualizarse para enfrentar nuevas formas de violencia: política, digital y la pobreza creciente que golpea a las mujeres. María Florencia Freijo, escritora y politóloga, resaltó la urgencia de derribar barreras que frenan el liderazgo femenino. Nelly Borquez, directora de Violencias por Razones de Género de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza, subrayó: “Los derechos se conquistan y se defienden con valentía en las calles”. Las cifras siguen siendo alarmantes y las metas para poder lograr un desarrollo con resultados fructíferos es muy grande.
Brechas persistentes
Sin embargo, los desafíos globales siguen siendo enormes. Los datos de ONU Mujeres en 2024 alertan que el número de mujeres en contextos de conflicto y crisis se ha duplicado desde la década de 1990: casi 10 por ciento de mujeres y niñas viven en pobreza extrema, y 158,3 millones podrían caer en la pobreza hacia 2050 por la crisis climática. La mortalidad materna crece en zonas vulnerables, y la violencia contra mujeres y niñas alcanza a 736 millones de personas, con nuevas amenazas digitales emergentes.
Aun así, hay avances: la participación política de las mujeres se ha más que duplicado a nivel mundial, y América latina lidera con 35,8 por ciento de parlamentarias, gracias a leyes de paridad en 18 países. Pero la paridad sigue siendo un sueño lejano frente a discursos conservadores, autoritarios y discriminatorios que amenazan los derechos conquistados. El acceso de las mujeres a la protección social y al empleo digno sigue marcado por profundas desigualdades, especialmente entre quienes trabajan en el sector informal. Aunque el 79 por ciento de los países han ampliado programas de protección social, muchas mujeres de sectores vulnerables quedan excluidas, lo que incrementa su precariedad. Se registran avances en la promoción de trabajos decentes en el ámbito del cuidado, pero de forma lenta y desigual.
En materia de violencia de género, el 90 por ciento de los países cuenta con leyes y el 79 por ciento, con planes nacionales, aunque persisten serias falencias: falta de financiamiento, aplicación deficiente y protección insuficiente para las víctimas. Sin recursos adecuados y sin capacitación de fuerzas de seguridad y justicia, las leyes quedan en gran medida sin efecto.
La participación política de las mujeres también enfrenta obstáculos: si bien el 52 por ciento de los países han adoptado medidas temporales para promoverla, su bajo cumplimiento limita la representación paritaria y la incidencia real en las decisiones. Frente a crisis y conflictos, 112 países han implementado planes de acción sobre mujeres, paz y seguridad, pero solo el 28 por ciento aumentó los fondos para ejecutarlos, a pesar del rol fundamental de las mujeres en la resolución de crisis.
En el ámbito ambiental, el 53 por ciento de los países integra la perspectiva de género en leyes sobre clima y desastres, pero apenas un 34 por ciento garantiza acceso de las mujeres a empleos verdes. Esto reduce las posibilidades de avanzar hacia una transición justa y sostenible. Aunque se han creado marcos legales y políticas en protección social, violencia de género, participación política y acción climática, los avances son parciales y desiguales. Persisten brechas graves en financiamiento, aplicación y equidad real.
Para lograr un futuro más justo, es imprescindible fortalecer la rendición de cuentas, garantizar recursos efectivos y priorizar los derechos de las mujeres y niñas en todos los ámbitos.
El evento cerró con un homenaje a las valientes activistas que hicieron historia en Beijing, cuyo ejemplo da testimonio de que la lucha continúa y que la igualdad no es opcional: es una responsabilidad global, un compromiso urgente y permanente, un llamado a la acción: que el espíritu de Beijing siga vivo en cada rincón del mundo, hasta que la justicia y la igualdad de género sean una realidad para todas.

