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La necesidad de conquistar lo que quiso ser silenciado

Ilustración: Juan José Olivieri

Pasaron 35 años, pero las palabras de Marilyn Varela, compañera y amiga de María Soledad Morales, todavía golpean como un cachetazo: “Nosotras teníamos 17 años, vivíamos en una burbuja, con la inocencia del viaje de egresados, de la cena. Y ahí nos dimos cuenta de que existía la maldad”.

El documental María Soledad: El fin del silencio, dirigido por Lorena Muñoz y disponible en Netflix, reconstruye la tragedia de la joven catamarqueña a través de los ojos de sus compañeras. A partir de un notable trabajo de investigación, la película describe cronológicamente los pormenores del femicidio de la adolescente mediante imágenes de archivo y el testimonio presente de sus amigas, la monja Martha Pelloni, la periodista Fanny Mandelbaum (una de las primeras en cubrir el asesinato para todo el país), el fiscal Gustavo Taranto y quienes tuvieron relación directa con el hecho.

Para quienes no conocieron o recuerdan los detalles de la investigación sobre la muerte de María Soledad, esta producción es la más completa y documentada hasta hoy. Como entonces, el desconsuelo, la indignación y la tristeza vuelven a estar a flor de piel en cada imagen, en cada recuerdo, reflejándose, como si no hubiera pasado el tiempo, en el dolor del espectador.

En contraposición al lenguaje riguroso que exige el formato documental, en 1993 se estrenó la ficción El caso María Soledad, dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por unas muy jóvenes Valentina Bassi, Carolina Fal y Belén Blanco, debut del trío de actrices en la pantalla grande. La película se rodó en plena efervescencia nacional por el caso, con el total apoyo de los padres de la joven. Esto permitió darle al relato un halo de verosimilitud muy grande mediante secuencias filmadas en escenarios reales, como la casa de la familia Morales o las calles de Catamarca donde se desarrollaron los hechos.

Aunque a los ojos de hoy, cuando el true crime se ha vuelto un género en sí mismo, parezca una película más, a comienzos de los 90 su estreno fue un acontecimiento en sí mismo y, según los propios protagonistas, ayudó a visibilizar mucho más el caso. El film incluyó el tema “Puede el silencio”, grabado especialmente para la ocasión por Mercedes Sosa junto al Coro Polifónico de Catamarca.

EN EL CINE Y EN EL TEATRO

La conmoción por el asesinato de María Soledad Morales trascendió el paso del tiempo. A pesar de las condenas de 21 años a Guillermo Luque y 9 a Luis Tula por la violación y muerte de la adolescente, el episodio se volvió un hecho emblemático de abuso de poder y connivencia política. Esto llevó a que no solo el cine se hiciera eco de la historia. Con diferentes enfoques y a lo largo de estos 35 años, el teatro también tuvo mucho para decir.

Al cumplirse veinte años del suceso, y como parte del Ciclo Necrodrama 2010, se estrenó la obra La mártir del valle. El director Pablo Lapadula viajó a Catamarca buscando delinear la identidad de María Soledad Morales a partir de la información que pudieran aportarle la familia y los amigos. La puesta, protagonizada por Sofía Brito, se presentó tanto en Buenos Aires como en el interior del país. Ada Morales, madre de María Soledad, y su compañera de colegio Marilyn Varela aportaron su voz a la narración.

En 2011 fue el turno de La Soledad, dirigida por Diego Beares y protagonizada por Malena Sánchez, Alejo Ortiz, Boris Bakst y Delfina Danelotti, quizás la más recordada de las puestas teatrales en torno al hecho, por haber durado varias temporadas con diferentes elencos. Una versión libre de la historia en la que se remarcaba la dureza del caso, así como las ramificaciones políticas que todavía hoy sorprenden y asustan.

Cintia Andrea Brunetti y Gabriel Andrés Pérez se pusieron al frente en 2016 de María Alone. Solo dos actores para representar no solo los detalles del relato, sino también la representación de una época en la que los dueños del poder sentían que podían hacer lo que querían, con total impunidad y sin consecuencias. Fue la más arriesgada de las propuestas, al tomar el relato policial como parte de la estructura sociocultural que florecía a comienzos de los 90, cuyas esquirlas llegan hasta nuestros días.

LOS LIBROS QUE REFLEJARON EL CASO

“Catamarca: una realidad con muchas aristas y filosas. Catamarca: una realidad a punto de estallar, o un estallido clandestino que nos sorprende día tras día. La investigación de esa realidad condujo a dos periodistas argentinos a una intriga que contiene los elementos de una ficción casi inverosímil. O, mejor dicho, solo verosímil dentro del contexto señalado por los Saadi y la provincia de Catamarca. El crimen de María Soledad investigado paso a paso, y una cantidad de interrogantes que encuentran respuesta en esta búsqueda”. Así se presentaba No llores por mí, Catamarca, una exhaustiva crónica de los hechos escrita por los periodistas Alejandra Rey y Luis Pazos. Publicado en 1991, fue el primero de los acercamientos bibliográficos al hecho y uno de los más recordados por la abundancia de material presentado.

La periodista Norma Morandini eligió para Catamarca (también de 1991) hacer pie en el entramado social y político de la provincia, para entender cómo se destruyeron pruebas, ocultaron hechos y se intentó “blindar” a los hijos del poder.

Un tercer volumen titulado Dieciocho años de soledad – Muerte y cocaína, el caso Morales (1996), escrito por John Herbert, abordó el tema desde una óptica menos rigurosa y más sensacionalista, en una presunta búsqueda por aprovechar la repercusión mediática del crimen.

“Cada 13 horas hay una mujer que muere por violencia de género. María Soledad es el símbolo de lo que hoy podemos hacer como lucha social las mujeres”, dice Martha Pelloni en el documental de Netflix. Que así sea.

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