“Gilda, mirame a cámara”, le pide el fotógrafo Silvio Fabrykant, de 50 años, a la ídola de la cumbia argentina. Corre 1995 y están en un country donde los llevó la discográfica Leader Music para hacer las fotos del disco Corazón valiente. Con un vestido violeta y una corona de flores en la cabeza, Gilda posa sonriendo y Fabrykant, en un segundo, logra eternizar su gesto fugaz e iluminador: ella mirando al cielo. Un año después, el 7 de septiembre de 1996, Gilda morirá a los 34 años en un accidente de auto y aquella foto será parte del mito: la mejor expresión de su figura santa.
De la tapa del álbum Corazón valiente, disco de oro en la Argentina y doble platino, al fervor popular y divino: Gilda se volvió una figura de adoración religiosa a la par de su trágico fallecimiento y aún hoy se le adjudican milagros. Y esa foto que sacó Silvio Fabrykant se plasmó en infinitas remeras, posters, banderas y estampitas: con el tiempo simbolizó la figura venerable de la cantante y compositora. El viernes 3 de octubre a las 20, en el cine Gaumont (Rivadavia 1635), se reestrenará el film documental de Pablo Montllau que protagoniza Fabrykant en torno de esa foto emblemática: La imagen santa.
La devoción es total y el retrato fue su mejor expresión: en el gesto de Gilda hacia el cielo –con la suave luz sobre sí– se condensó el símbolo de fe que año tras año motiva incansables procesiones al kilómetro 129 de la ruta 12, en Entre Ríos, donde está su santuario. Y para recordar la historia de la foto emblemática y palpitar el reestreno del film La imagen santa en el Gaumont, el 4 de septiembre hubo una función especial en la sede de Directores Argentinos Cinematográficos (DAC): Montllau y Fabrykant, hoy de 80 años, revivieron el proceso de rodaje y contestaron preguntas, con emoción.
Tu querida presencia
¿La ocasión cercana? El domingo 7 de septiembre se cumplieron veintinueve años de la muerte de Gilda y su mística vigencia es palpable en todo el país. De una hora diez, la película La imagen santa refleja –con precisión periodística– la construcción del mito y cuenta la labor cotidiana de Fabrykant, quien en los 90 se había abocado a hacer fotos de artistas de cumbia para el sello Leader Music. “Y la foto de Gilda me tocó a mí porque estuve ahí, pero podría haberla hecho otro colega y tal vez mucho mejor”, dice Fabrykant en el film, con humildad.
“El fotógrafo de la calle Juncal.” Así se lo menciona en La imagen santa: él aparece en su casa y en su estudio. Se ven sus históricas fotos a artistas cumbieros y también a políticos y a famosos. El ojo de Fabrykant es sagaz para los retratos y los lúcidos instantes: logra captar el aura de quienes fotografía. Y allí está la prístina imagen de Gilda, pero el retratista tiene otra, en la que ella lleva el mismo vestido violeta y la corona de flores, aunque mirando al frente con firmeza. “¿Qué es este milagro de la Santa Gilda? Quizás haya algo de cierto”, se pregunta Fabrykant. Luego acepta que su foto sea parte del mito.
En La imagen santa se muestra el santuario, a plena luz del día o bajo la lluvia; se entrevista a devotos y a miembros de los clubes de fans, y se rememora el doloroso día en que Gilda falleció en aquel accidente de tránsito en Entre Ríos junto con su madre, su hija, sus músicos y el conductor del micro: su cuerpo fue sepultado en una cripta del Cementerio de la Chacarita. “El que quiera creer que crea”, se oye en la película, que registra lo que ocurre y elige el punto de vista de Fabrykant, al principio y al final, para hablar “de la locura apasionada del amor” por Gilda.
La cita es de la canción “No me arrepiento de este amor”, que arranca diciendo: “No me arrepiento de este amor, aunque me cueste el corazón. Amar es un milagro y yo te amé como nunca jamás lo imaginé”. Así le ofrendan sus voces y sus regalos los propios fans creyentes: no abandonan a quien les brindó su protección y su gesto cercano a Dios. En la conferencia de prensa de Fabrykant y Montllau en la sede del DAC, tras la función de La imagen santa, el director dirá: “Siempre me interesó mucho la figura de ella como santa popular. Pero me resultaba un poco difícil cómo encararlo en una película”.
¿Cómo lo resolvió? “Un domingo de 2014 abro una revista –cuenta Montllau– y veo que había una muestra en el Centro Cultural Recoleta del señor Silvio Fabrykant, que entre otras fotos era el autor de la famosa imagen de Gilda. Y ahí yo mismo dije: ‘Claro, hay una persona que la sacó’. Fui a la muestra y, cuando vi la foto gigante y todo su trabajo, pensé: ‘Quizá sea por acá la forma de encarar un documental sobre Santa Gilda. Empezar hablando con el autor de esta famosa imagen que le dio un rostro visible al mito.”
No me arrepiento de este amor
El director y el fotógrafo comenzaron a hablar y, más tarde, a filmar. Ya en 2016, justo cuando se acercaba el 20° aniversario de la muerte de Gilda, Montllau lo entendió: “El documental tiene que hablar de la relación de Silvio con esta imagen y con todo el ecosistema de veneración a Gilda”, definió. ¿Cómo lo vivió el propio Fabrykant? “Para mí fue una emoción tremenda que alguien pudiera interesarse en lo que yo había hecho. Hace cuarenta y cinco años que me dedico a la fotografía. Tengo un estudio y todo lo que hago es por encargo. Pero no lo veía como algo artístico”.
Cuando apareció Pablo Montllau con su propuesta del documental “pude concebirlo de otra manera. Yo sigo haciendo mis cosas en el estudio y La imagen santa es, para mí, una culminación de mi trabajo. No tengo más que palabras de agradecimiento para el director y los técnicos: es muy conmovedor”, dice el fotógrafo. Y evoca: “Gilda había venido al estudio en dos oportunidades, para otros dos discos anteriores. Pero esta foto famosa se hizo en exteriores. La idea fue del equipo creativo del Leader Music, con el que yo venía trabajando a razón de dos discos por semana”.
La escena se imprime en la memoria de Fabrykant: “Fuimos medio de contrabando a un country que había conseguido el dueño de la discográfica. Entramos: estaban la vestuarista, la maquilladora y mi asistente. Además, hicimos unas fotos con un caballo. Después llevé a Gilda a un lugar que me parecía el más adecuado, donde estaban bien el follaje y la luz. Planté la cámara y empecé a darle indicaciones a ella. Debo haber hecho cinco o seis tomas. Incluso la del caballo, que fue contratapa del disco. Todos me ayudaron”.
En tanto, ¿qué recuerda Montllau del rodaje de La imagen santa? “Al principio, Silvio estaba un poco fastidioso con el hecho de que todo el mundo le quisiera atribuir una responsabilidad en la magia de la foto. Empezamos a filmar y a preguntarle sobre ello, llegó el 20° aniversario de la muerte de Gilda y Silvio se fue amigando con su rol. Empezó a decir: ‘Bueno, quizás haya algo’. Hay una escena en el final de la película que simboliza la reconciliación con él mismo por haber sacado esa imagen.”
Pero aclara: la foto no generó el mito de Gilda. “El mito es anterior incluso a su fallecimiento. Aunque esta foto, de alguna manera, vino a darle una cara visible”, sabe Montllau. Así terminó siendo vista ella gracias a la pose, al vestido violeta y a la corona de flores: “Como una santa, una virgen”, sigue el director. Y, días después, él también conectará con la invocación protectora de Santa Gilda: “El domingo 7 de septiembre fui al Cementerio de la Chacarita para repartirles estampitas a los fans y poder invitarlos a la proyección de la película, el 3 de octubre”.
Así ve Montllau a los seguidores de Gilda, en sintonía con su presencia en La imagen santa: “Los domingos vas a su nicho y siempre están los fans tomando mate o uniendo banderas: lo hacen todas las semanas religiosamente”. Por eso mismo, lo más revelador del film fue “que Silvio nos contara la intervención milagrosa de la foto, aquel día: la expresión de Gilda y la iluminación. Se trata de creer o de no creer”. Y Silvio Fabrykant sonríe con ojo más terrenal: “En el momento de la foto yo no dije ‘Uy, acá se produjo el milagro’. Ni lo pensé. Simplemente la saqué y la fe hizo todo lo demás”.

