Desde las pioneras invisibles, como Julieta de Ezcurra, Analía Obarrio, Felisa Piédrola, figuras entre 1936 y 1950, el tenis femenino argentino tiene más historia de la que se cuenta.
La albiceleste se dio el lujo de tener varias número uno en los rankings mundiales del tenis femenino, pero siempre se recordará a Mary Terán de Weiss, que lo fue en los años 1941, 1944, 1946, 1947 y 1948.
Gabriela Sabatini, Paola Suárez, Nadia Podoroska, Gisela Dulko, son esos nombres que pueden ser reconocidos por la gente de a pie. Por supuesto que hay muchas más, tantas que no alcanzarían estas páginas para homenajearlas a todas. Y entre las divas del polvo de ladrillo también está la brillante tucumana Mercedes Paz, hoy capitana del equipazo que la está rompiendo y que volvió a ponernos en
boca del mundo como no sucedía desde 2012, cuando se despidieron las grandes y por primera vez no había jugadoras rankeadas entre las 100 mejores. Ahí llegaban los años negros de las chicas en el tenis.
EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS
Ya para fines del siglo XIX, algunas mujeres participaban en torneos de clubes, con vestidos largos y reglas que poco tenían que ver con el deporte moderno. No había visibilidad, ni competencia profesional, ni lugar en la historia oficial. Aun así, estaban ahí.
La primera en destacarse fue Terán de Weiss, una rosarina con temple de pionera. En los años 40 y 50 compitió en Europa, fue campeona sudamericana y jugó en Wimbledon cuando viajar era una odisea. Pero su historia no terminó bien. Su militancia política le costó la expulsión del circuito tras el golpe de 1955. Su nombre quedó borrado durante décadas por el amor político por Perón y su deseo y trabajo profundo por hacer del tenis un deporte para cualquier estrato social. Hoy, con justicia, el estadio principal de tenis del país, en Parque Roca, lleva su nombre.
Durante los 60 y parte de los 70, el tenis femenino argentino no tuvo figuras visibles. Y fue en ese contexto que Guillermo Vilas democratizó la raqueta. Ese impulso cultural y deportivo fue terreno fértil para que a fines de los 80 emergiera Gabriela Sabatini, el nombre más potente del tenis femenino argentino. Con solo 15 años ya jugaba profesionalmente. Fue medalla olímpica, campeona del US Open, número 3 del mundo. Pero sobre todo, fue un faro. Una figura que inspiró a miles de chicas a creer que era posible. Su impacto fue deportivo y simbólico. Sabatini convirtió en ídola a una mujer tenista en un país que no estaba acostumbrado a eso.
A su lado, y después de ella, vinieron nombres como Florencia Labat, Inés Gorrochategui, Paola Suárez, Patricia Tarabini, Clarisa Fernández o Gisela Dulko. Algunas se destacaron más en dobles, donde incluso llegaron a la cima del ranking mundial. Paola Suárez, por ejemplo, fue número uno en dobles y ganó ocho Grand Slams con la española Virginia Ruano Pascual. Dulko también tocó el número uno en esa modalidad, con una carrera sólida en singles.
Pero el camino nunca fue fácil. Muchas jugadoras tuvieron que financiar sus giras, compartir entrenadores y esperar oportunidades. La falta de torneos en el país y el escaso apoyo institucional fueron obstáculos repetidos.
En los últimos años, sin embargo, hubo señales de renacimiento. Nadia Podoroska se metió en la semifinal de Roland Garros en 2020 y volvió a poner a una mujer argentina entre las mejores del mundo. Lourdes Carlé, Julia Riera y otras jóvenes empujan desde abajo, mientras los torneos WTA vuelven al calendario nacional. El tenis femenino argentino tiene historia, presente y, si se dan las condiciones, también muchísimo futuro. Pero para eso hace falta visibilidad, estructura, inversión y memoria. Porque sin recordar a las pioneras –y sin reconocer el rol de quienes abrieron camino desde donde no se los esperaba– no hay verdadera evolución.
Así que, vamos a volver un poquitito en el tiempo junto a Mecha Paz: “Recuerdo que cuando yo recién empezaba, Raquel Giscafré hizo una exhibición en Tucumán, que la traía otra mujer importante para el tenis, Margarita Zavalía Bunge. Hacían varias exhibiciones en diferentes partes para promover el tenis femenino. Raquel es parte del inicio del desarrollo de la WTA. Así que para mí ella fue una gran referente. Pero, recuerdo que mi entrenador era marplatense y siempre lo teníamos a “Willy” como el gran referente. Después, cuando empiezo con el tour, las personas que más admiraba eran Chris Evert y Martina Navratilova. Que si bien eran dos juegos totalmente distintos, ellas representaban de alguna manera a las líderes de esa época. Creo que me tocó participar en un momento muy lindo del tenis femenino donde ya estaban Ivana Madruga, número 15 en el mundo, Emilse Raponi, con Gaby (Sabatini) a la cabeza y yo por detrás, fue un momento muy bueno del tenis femenino, ya que llegamos a jugar nueve argentinas el Roland Garros en 1985. Yo creo que la Argentina tiene una fluida historia del tenis femenino”.
Y seguimos charlando: “En el 86 se hizo un torneo de WTA en el Lawn Tennis. Después de 30 años se volvía a hacer un torneo en la Argentina. Y los torneos de Martín Jaite que se comenzaron hace un par de años fueron muy buenos, porque, por un lado, permitieron que las tenistas locales tuvieran más oportunidades y, por el otro, para los entrenadores que puedan palpar más de cerca el nivel de juego que existe hoy, compartir con otros entrenadores y los entrenamientos de las jugadoras también”.
“En los últimos 6 años, la selección argentina empezó un desarrollo mucho más serio y empezamos de menos a más. Me acuerdo en el año post pandemia, se hicieron tres torneos de ITF y después ese número fue creciendo año tras año y eso permitió que hoy el tenis argentino esté mucho mejor. Considero que hubo un liderazgo al principio con Podoroska cuando ella gana los Juegos Panamericanos en 2019 y el gran salto fue cuando en Roland Garros llegó a semifinales. Todo esto permitió que haya un crecimiento, y sumamos ahora el gran salto de Solana Sierra. Empiezo a ver una etapa donde las chicas empiezan a creer en ellas y que la Argentina puede seguir creando muy buen tenis femenino”, reflexiona Mecha Paz.
En los años 2000, hubo una legión que plantó bien firme la bandera. Empezando con María Emilia “La Pitu” Salerni, que fue campeona junior de Wimbledon y con los nombres de Clarisa Fernández y Paola Suárez a la cabeza, llegando a semifinales de Roland Garros. Y, por supuesto, la era dorada de Sabatini, que perduró por 12 años como top ten del mundo y con una inmensa cosecha de títulos. Paz acompañó todo ese crecimiento con grandes resultados, como la inolvidable medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1995, en Mar del Plata.
Vivimos buenos tiempos de mujeres que empuñan raquetas cargadas de ilusiones y sueños de gloria para que más y más chicas sigan entusiasmándose para practicar tenis y pelear para que siempre haya rankings llenos de argentinas.
