Desde finales de los años 80, APOA es la asociación que reúne a los poetas del país. De Jujuy a Tierra del Fuego, hay una especie de boom poético. En todas las regiones surgen poetas, editoriales independientes, ciclos de poesía, y es en su trabajo cotidiano donde APOA va visibilizando la palabra poética.
Hace unos años, Juan Gelman dijo, en una entrevista con EFE, que “aunque la poesía no puede cambiar el mundo, sí puede enriquecer espiritualmente a quienes alguna vez eventualmente lo harán”.
Por eso es importante rescatar la historia, valorar el camino recorrido que esta tarea ad honorem que la Asociación de Poetas Argentinos se ha propuesto de difundir poesía argentina no quede en el olvido, sino todo lo contrario: sumar mas fuerza y lograr una poesía de todos y para todos.
Cayetano Zemborain (1946-2023) fue poeta, abogado y gestor cultural. Nació en Quilmes y fue el fundador de APOA, el 1° de diciembre de 1989. También presidió la Federación del Arte y la Cultura de la República Argentina (Facra) y fue uno de los miembros fundadores de la SEA.
Integró con los poetas Julio César Invierno, Beatriz Avolio y Gabriela Mársico el Gru-Poe-Sia 4. En 1987, con Mario Sampaolesi, María Rosa Lojo, Luis Benítez, Santiago Espel, Jorge Clemente y Graciela Aráoz, participó del grupo literario Los Siete Locos. Fue director de la revista Poetas y codirector junto con Esteban Moore y Mario Sampaolesi de la revista La Isla de Barataria. Entre sus publicaciones se encuentran los ensayos La insensible poesía y El recorrido en el poema, y los poemarios El reloj manuscrito y Extrañas poesías, con el que ganó el premio “Puma de Oro” de la Fundación Argentina para la Poesía. Quienes lo conocieron sostienen que su partida fue una gran pérdida.
Cuando conocí a este defensor de la palabra sentí que era posible una poesía abierta, sin motes ni santuarios que la alejen de la gente. Una poesía abriéndose a los más jóvenes, desde las Olimpíadas Colegiales de Poesía “Delfina Goldaracena” en la Legislatura porteña, donde intervienen alumnos de colegios secundarios de la Argentina, hasta las queridas Juntadas con los jóvenes de todas las provincias, poesía en el Moyano, en la radio, en la revista La Guillotina, son solo alguna de las actividades realizadas por APOA.
Poesía para vivir
Caras y Caretas conversó con varios integrantes de la Asociación. Adalberto Edgardo Polti, presidente de APOA, cuenta que la entidad “fue creada con el propósito de nuclear a los poetas éditos e inéditos del país, difundir la poesía argentina y extranjera, resguardar la labor intelectual del poeta, promover estudios e investigaciones relacionados con la poesía. También proponer en los ámbitos correspondientes el fomento a las ediciones de libros de poesía y publicaciones periódicas, formular planes, programas y proyectos que hagan al conocimiento de la poesía en la sociedad, organizar y patrocinar todo acontecimiento cultural que contribuya a la difusión de la poesía entre otros objetivos en favor de la poesía y de sus creadores”. Y destaca: “A Cayetano Zemborain lo acompañaron los poetas María Rosa Maldonado, Julio Bepré, Carlos Weisse, Adolfo Marino Ponti y María Rosa Lojo, entre otros”.
Con la idea de desacralizar la poesía y hacer acercarla a la gente, APOA ha realizado tareas como el Café Literario Último Infierno, charlas y recitales de poetas en escuelas primarias, secundarias y universidades, olimpíadas intercolegiales de poesía, concursos nacionales infantiles de poesía y jornadas itinerantes de poesía.
Esther Pagano Merket, prosecretaria, integra la Asociación desde los primeros tiempos: “Creamos Último Infierno en 1998-1999, cuando comenzamos a pensar cómo desarrollar el café literario. Hicimos confluir varias expresiones artísticas. Luego vinieron las Olimpíadas. No existía internet, se hacía todo por correo, se mandaban las cartas a los diferentes colegios o institutos escolares para invitarlos a participar. Las primeras Olimpíadas colegiales de poesía fueron en el año 2000, y se hicieron todos los años. Es un arduo trabajo. No son concursos, se invita a los alumnos, previa selección, a participar, pero tienen que escribir el poema in situ. Nosotros damos el día que programamos las Olimpíadas, en agosto, proponemos unas consignas y ellos tienen que crear en el momento el poema, siempre diferentes para que no sea copiado o no lo traigan hecho, sino que lo tienen que crear ahí”
Con respecto a Zemborain, reflexiona: “Yo lo quería mucho. Se hicieron gran cantidad de cosas porque él era tan dinámico que permanentemente generaba ideas que después había que llevar a la práctica. Así se hicieron los festivales, festival de poesía, las primeras olimpíadas en el Centro Cultural San Martín, festivales internacionales donde participaron poetas de otras naciones con mesas de lectura”.
“Hubo encuentros de revistas literarias en la librería Hernández. Siempre fuimos un equipo, cada uno aportaba lo que sabía. De pronto se nos ocurrió que cada uno dejara sus datos en un papelito y atrás pusiera un verso, y con eso armábamos un cadáver exquisito que después se leía en el otro evento. Llegamos a tener tanta gente que los poemas eran larguísimos, el cadáver exquisito quedaba bastante largo. Tuvimos la suerte de tener a grandes poetas que iban a Último Infierno, como Joaquín Giannuzzi, Bebe Ponti, Osmar Bondoni, que también trabajó mucho con nosotros. Éramos un gran equipo, no se puede hablar del protagonismo de una sola persona”, explica Pagano.
¿Qué era el colectivo de poetas? APOA alquilaba un micro que salía desde la puerta del Teatro San Martín y paraba en cada bar notable, donde esperaba un poeta que subía al colectivo y leía poemas. Y seguía el recorrido hacia otro bar notable, por ejemplo el Tortoni, o Los 36 Billares.
La Asociación de Poetas Argentinos realizó también poesía en la calle: llevaron la palabra al espacio público, para demostrar que la poesía no pertenece únicamente al ámbito de la academia y las librerías. “Hicimos un evento en la Plaza de Dorrego, al que vinieron muchos poetas a leer y bandas a tocar. Ahí participó, entre otros, Fernando Noy”, cuenta Pagano.
“La poesía es un organismo vivo, rebelde en permanente revolución, en permanente metamorfosis. La poesía es una acto de fe, una crítica a la vida, un cuestionamiento de la realidad, una respuesta frente a la carencia del hombre en el mundo, una tentativa para aunar las fuerzas que se oponen en este universo regido por la distancia y por el tiempo, un intento supremo y desesperado de verdad y rescate en la perduración”, dice Olga Orozco.
Una militancia poética donde a propósito dejaban olvidado un libro sobre la mesa de un bar para que alguien se lo llevara. Y así repartían en las bocas de los subte, a las horas pico, poemas en señaladores con textos de poetas argentinos.
Todos los nombres
Cuando le entregaron el Premio Cervantes, en 2007, Juan Gelman dijo: “Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía”.
Desde hace dos meses, APOA tiene nueva comisión directiva. Su vicepresidente, Marcos D. Porrini, sostiene: “hay una necesidad de retomar ciertos ejes, que se detuvieron en 2019, y a su vez descubrir dinámicas nuevas para lograr mejores vías de difusión para la poesía argentina. Debemos consolidar las subcomisiones encargadas de diversos puntos: trámites jurídicos de la Asociación, organización (eficaz y atractiva) del café literario mensual Último Infierno, actividades destinadas a adolescentes y jóvenes –Festival de Poesía Joven “La Juntada” y Olimpíadas Colegiales de Poesía–, sello editorial La Guillotina, revista digital de APOA, programa radial, canal de YouTube”.
Porrini también menciona otros proyectos que conciernen a la expansión interprovincial: la apertura de grupos de APOA en distintas ciudades del país, alentando el trabajo que poetas y docentes vienen realizando desde hace tiempo en cada localidad. Potenciar sus redes y articular eventos interesantes sobre la poesía argentina junto a otras organizaciones.
Entre las iniciativas se encuentra el Taller Literario de APOA en el Hospital Moyano, a cargo de Daniel Grad. Y Luna enlozada, el programa de radio de APOA, se emite los lunes a las 17 por radio APL Soberana, con la conducción de Luis Ferrero y Daniel Grad.
Dora Angélica Roldán, presidenta de Facra y secretaria de APOA, recuerda el día que conoció a Cayetano Zemborain: “Cielo gris, cargado de nubes, entre ellas brilla el sol, pálido, sin fuerza. Corría junio de 2010. Había quedado en encontrarme con una amiga que estaba reunida con un grupo de personas, donde un señor de forma muy amable se puso de pie y se presentó con el nombre de Cayetano Zemborain, y me invitó a formar parte del grupo. Esa tarde fui una integrante más de este grupo, que era Facra. Había sido fundado el 8 de junio de 2009 y consistía en la unión de varias asociaciones con diferentes actividades artísticas. Así empecé a hacer radio, en La Desterrada. Una revista cada tres meses, La Guillotina, donde escribía notas sobre cine. Para las fiestas del día del niño, de poesía, Facra salía a la calle a repartir chocolates, tortas y poemas. Ese mismo año entre todas las asociaciones creamos la jornada ‘Curar por el Arte’. Ahora estamos en la radio APL Soberana”.
Son varios los integrantes y cada uno tiene una historia para contar. Javier Alejandro Robledo (anagrama de “el joven bardo de roja lira”) hace poesía verbal y experimental. Desde 1996 dirige VideoBardo, Festival Internacional de Videopoesía, donde APOA siempre participó. Realizó la única película sobre Zemborain, Cayetano de Apoa, que fue exhibida en diversos espacios.
“Conocí APOA hace 25 años a través de la escritora María Rosa Lojo, quien me recomendó que me acercara a esa institución, al prologar mi segundo libro de poesía”, cuenta. “Me llamó la atención cómo Cayetano incorporaba a la poesía experimental (sonora, visual, perfomática, videopoesía, ciberpoesía) dentro de Apoa.”
Durante la pandemia, Robledo organizó el Último Infierno virtual. “Actualmente canalizo en sesión espiritista a Ánima Anónima para que se aparezca y materialice en Último Infierno. Soy parte del ‘Poeta de 2 Cabezas’ con José María Martínez en el micrófono abierto. APOA es un espacio abierto e integrador para la poesía”, señala Robledo.
Beatriz Olga Allocati, antigua vicepresidenta de la entidad, agrega: “En 1998 se oficializaron las cenas de los poetas y la designación de miembros honorarios cada fin de año. Comenzaron los cafés literarios mensuales con el nombre Último Infierno, idea de Silvia Pastrana, gran colaboradora, incluso como presidenta de APOA. Surgió la revista La Guillotina, dirigida inicialmente por Adalberto Polti. Pero Caye Zemborain nos dejó y nada fue ni será lo mismo. Aunque seguimos renovando la promesa… La de acercarnos a quienes aman escribir poesía, para conocernos, amigarnos, y en lo posible difundir nuestros trabajos. Seguimos adelante”.
En diciembre, la Asociación celebrará sus 36 años de existencia. Poesía para subvertir lo cotidiano. Poesía como fuerza transformadora. “La palabra es una herramienta de lucha”, diría el gran poeta.

