Osvaldo Abel López (77) es un famoso y reconocido piloto de carreras argentino, múltiple campeón en diversas actividades del deporte motor (Turismo Nacional, TC 2000, Fórmula 2 y Club Argentino de Pilotos) pero por sobre todo fue el gran iniciador del “piloto marketinero”, alguien que podía “venderse” al gran público por encima de sus notables aptitudes conductivas. Participó en varias ocasiones en la mesa de Mirtha Legrand y se hizo célebre su aparición en la primera etapa de VideoMatch junto a Marcelo Tinelli. Un verdadero “showman” que conoció a Fangio en la década del 70 para forjar una linda amistad.
–¿Cómo conociste a Fangio?
–A través de su hermano Toto, que era motorista del auto de Eduardo Crovetto. Fuimos al taller con mi navegante del TN, que era el Rusito, un personaje divino, contador de chistes, con una barba colorada. Nos presentamos y Juan me dice: “Pero si a él lo conozco, es el famoso Llamarada”, jajaja, el Rusito le contestó: “Sí, soy famoso, ¿y usted quién es?”. Épocas de Fórmula 2, te cuento mi primera experiencia con él: yo estaba a punto de largar una carrera en Balcarce, año 72, creo con el Fórmula, y Fangio era el director de la prueba y empuñaba la bandera para dar la largada (en esa época no se largaba todavía con
semáforo) y yo sentí que tenía nafta en mi butaca porque habían llenado demasiado el tanque y se derramó sobre el asiento y pensé “¡no voy a llegar!”. Le digo: “Juan, déjeme ir a los boxes a secar el asiento”. Me contestó: “Si salís de la grilla vas a tener que largar último, ¡aguantate! ¡Vas a terminar la carrera apoyado apenas con la espalda en la punta del asiento, apretando los pedales con lo justo!”. ¡Preguntame cómo terminé la carrera! Exactamente así, haciendo fuerza con los talones porque tenía el culo paspado, jajaja.
–Todos dicen que fue un distinto. ¿Por qué?
–Fangio irrumpió como hacían varios pilotos en la época, representando a un pueblo (Balcarce) en el Turismo de Carretera. Él era mecánico, conocedor del auto que manejaba con esa sensibilidad del tipo que se arma el auto y que sabe e identifica cada ruido. Además, andando en rutas y caminos de tierra, en el barro fue forjando una experiencia muy grande. Vos pensá que en Europa ese tipo de carreras no existían, por lo que esa experiencia de Juan después sería clave en su paso por la F1.
–¿Se puede comparar con la F1 actual?
–Es muy difícil hacer un paralelismo, las épocas son muy distintas, pero acá había un nivel de pilotos muy bueno. Antes de arrancar el campeonato de F1 acá vinieron las llamadas Temporadas Internacionales, con autos europeos que corrían alrededor de los lagos de Palermo, y los pilotos argentinos los pasaban por arriba a los europeos; no solo Fangio, los Gálvez, Froilán González. Había muchos representantes de gran nivel. Esa camada fue el primer envío a Europa de pilotos, apoyados por el Gobierno en ese momento.
–El tema económico, siempre fundamental en F1.
–Siempre, pero fijate lo importante del tema: Perón, en ese momento, hizo una apuesta fuerte, les dio el apoyo económico y se supo aprovechar esa oportunidad. De esos éxitos iniciales también salieron obras importantes. Tenemos el Autódromo de Buenos Aires gracias a la sensación que empezó a causar Fangio. Fue el gran embajador, porque de sus éxitos salieron proyectos, obras y generaron inversiones importantes para el país. La llegada de Mercedes-Benz, por ejemplo. Una de las empresas más importantes del mundo puso su segunda fábrica en la Argentina en aquel momento. Fijate si Fangio supo aprovechar y capitalizar la oportunidad.
–Hablaste de muchos pilotos buenos, pero fue Fangio el que se mantuvo…
–Tuvo la resiliencia necesaria para estar en el lugar indicado en el momento justo. ¡Pero si apenas ganó cinco campeonatos del mundo! ¡En el mundo se hablaba de la Argentina por él! Te cuento otra anécdota. Hace muchos años, en los 70, se hacía el Salón del Automóvil en París y fuimos con Tulio Crespi, un constructor argentino, a presentar los Torino Tulia y el Tulieta, que era un auto fabricado sobre la base de un Renault 4 L. Unos autitos muy lindos, bien hechos, pero en el Salón de París no sabíamos dónde ponernos. El gerente no nos daba ni cinco de bola, pero fue nombrar que iba a venir Fangio al stand para que nos pusieran en un lugar ideal, con alfombras rojas, ¡un lujo total! Eso era Juan, el magnetismo inmediato.
–Era un tipo grande de edad. ¿Cómo se explica tanto éxito y semejante resistencia a la exigencia de las carreras?
–Juan fue un genio único, irrepetible e incomparable. Porque ni loco se lo puede medir con cualquier piloto de la actualidad. Él perteneció a una generación de tipos que eran héroes, corrían a 300 kilómetros por hora con unos autos pesados, con ruedas finitas, con volantes enormes para poder doblar. Alguna vez estuve en Monza y miraba con admiración el peralte a 45 grados de la curva parabólica, imaginate. Encima las carreras duraban como tres horas. Alguna vez le pregunté por la preparación física y se me reía. Eran tipos fuertes: “Nosotros comíamos como bestias de todo, teníamos unos brazos grandes de levantar fierros, pero no de gimnasio sino de los autos, de los talleres, ¡una polenta para poder manejarlos! Pero además las carreras eran otra cosa, por ahí teníamos lapsos para descansar, podíamos cambiar de auto. Por otra parte, íbamos desprovistos de ropa, corríamos con pantalones y remera. Hubo carreras en donde pasaba despacito por alguna curva para que me tiraran un baldazo de agua porque no dábamos más del calor”, me contaba Juan. Increíble. Se ponían hojas de parra empapadas para bancarse
el calor, por eso es difícil hacer comparaciones con la actualidad. La pasión que le ponía a lo que hacía le daba las fuerzas que otras cosas no le brindaban, así marcaba la diferencia.
–¿Quién sería en la F1 de hoy?
–Un fenómeno, no tengas dudas, el hombre estaba tan bien consustanciado con el auto, la máquina, una química muy difícil de repetir en las épocas actuales. Ganó con Alfa, con Mercedes, con Ferrari, con Maserati, a veces con autos de menor calidad de sus rivales y les ganaba igual. Fijate un dato: en Nürburgring les ganó el último campeonato en el 57 en una carrera increíble. Un circuito tremendo, 22 kilómetros de largo, más de 150 curvas, un infierno verde, como le dicen los alemanes. La cuestión es que Juan me contaba que él se había estudiado algunas curvas que tenían una diferencia de altura entre el asfalto y la banquina; medio como que la rueda se metía en una especie de surco y en esa secuencia podía doblar más rápido porque las ruedas iban calzadas en ese surco. Un pillo tremendo, un dotado, por eso se rescata la experiencia de tantos años de Turismo de Carretera de andar en el barro, de entender las reacciones del auto en esas circunstancias. Fangio fue un ídolo mundial porque nadie le puso al automovilismo tanta pasión y dedicación como él. Las carreras, el deporte en general, no eran como en la actualidad y su manera de hacer automovilismo marcó tendencia. El combo de velocidad, conocimiento y fundamentalmente la pasión que tenía por lo que hacía marcaron siempre la diferencia.

