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“Sin redistribución y nacionalismo no haremos un país”

Doctora en Letras por la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), en donde dicta clases, y columnista de las radios El Destape y Futurock, Natalí “La Inca” Incaminato, nacida en Viedma hace 38 años, tiene como una de sus particularidades ser una mujer kirchnerista que hizo pie en un territorio dominado por hombres libertarios, como lo es X, red en la cual posee la mayor cantidad de interacciones para un militante de este espacio político. Consultada en primer lugar por esa identidad política, Incaminato dirá: “Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio. Yo soy peronista pero por mi experiencia generacional lo fui gracias al kirchnerismo, pelándonos con los que defendían a Duhalde. No puedo negar ese origen y tal vez recién ahora se entienda que el kirchnerismo fue similar al peronismo, pero hubo que disputar eso, me hace acordar a Borges, que hoy es ley en la literatura, pero en su momento tuvo que pelarla porque no era premiado ni vendía”. Incaminato fundamenta esta visión en el hecho de que “hoy la interna del peronismo es absolutamente kirchnerista, algún gobernador puede estar por fuera de eso, pero no hay ninguna otra corriente porque es un peronismo que negocia con el mileísmo y que no habla de nada de lo que hablaba Perón”. Y añade: “Cuando leés textos como el Manual de conducción política, o los textos sobre la comunidad organizada, ves el planteo de que a la doctrina hay que reactualizarla frente a los cambios locales y mundiales, pero desde directrices claras y que exhiben una solución para problemas muy propios. Y son textos que nos siguen diciendo cosas, como poner a la economía al servicio de las personas y no al revés, algo que hizo el kirchnerismo”.

A diferencia de otros militantes e intelectuales con estas ideas, bajo el seudónimo La Inca, Incaminato hizo pie en X, al punto que de acuerdo con la consultora Rating Streaming (RS) los primeros cinco tuiteros argentinos con más interacciones son libertarios, pero a partir del sexto ingresan los opositores, con La Inca a la cabeza, con 228.260 comentarios y reposteos. Según afirma, ese éxito en el mundo digital tuvo algo de fortuito: “Por el gusto de escribir e intervenir en el debate público en un espacio que más de una década atrás era marginal, y donde pude demostrar mi coherencia de bancar al kirchnerismo aun con todas mis críticas, pero hoy ya están Tomas Rebord o Pedro Rosemblat, que ya son empresarios y famosos, y también Julia Mengolini”.

–¿Por qué al peronismo le cuesta tanto hacer pie en el mundo digital?

–El peronismo siempre se pensó más en el territorio offline y siempre tuvo una relación de desconfianza entendible con las plataformas, porque estas redes no son neutras, ahí está Elon Musk, y de hecho la ultraderecha, acá y en el mundo, se sintió más cómoda para interpelar a jóvenes conservadores y masculinizados que en un principio solo iban a las redes para hablar de jueguitos, finanzas o ficciones, y recién entonces fueron convocados por los libertarios. Pero más allá de las redes, creo que en general el cambio fue muy fuerte, y en todo el mundo se vio que a las democracias occidentales se les complicó mucho adaptarse a este nuevo entorno, y de repente se encontraban con la toma del Capitolio y nadie entendía muy bien de dónde salían esos tipos. Lo veo como lo que sucede en la serie Adolescencia, con un padre que no tiene ni idea de lo que pasa con la juventud en su propia casa. Creo que al peronismo le pasó algo de eso, lo cual también tuvo que ver con subestimar a investigadores que estaban advirtiendo esta tendencia. Por otro lado, son también subculturas escondidas y que juegan con lo iniciático, lo oculto o lo esotérico. Fijate que el asesor Santiago Caputo usa una cuenta falsa.

–¿Qué responsabilidades les adjudicás a esas democracias y al peronismo en el surgimiento de esos subgrupos excluidos de la sociedad tradicional?

–Este capitalismo de plataforma generó en todo el mundo subjetividades de mucho individualismo, que junto con el crecimiento de las desigualdades económicas y la caída de clase media generaron una gran desconfianza hacia las instituciones y modificaron radicalmente las sociedades. En mi libro Peronismo para la juventud, escrito durante el macrismo, yo ya señalaba la necesidad de ver a un nuevo sujeto trabajador que no era el varón industrial sindicalizado y cómo ya permeaba el discurso de “zurdo empobrecedor”. Esto es a nivel mundial, y a la versión argenta se sumó el tema de la inflación y algo que casi siempre estuvo muy presente en el país, como esa antipolítica que exhibe al político tradicional como chorro, privilegiado y cagador, algo que debemos decir que muchos políticos no hacen demasiado para desmentir. Igual es necesario respetar el proceso de quienes votaron a Milei, porque creyeron en algo muy disruptivo a lo que apostaron un pleno, y desde ese lugar es muy difícil irse rápidamente, les llevará tiempo entender los límites de la meritocracia y el esfuerzo individual, cuando vean que su vida no camina, más aún si vemos que los jóvenes son los más golpeados por la falta de políticas públicas.

–¿Llegó para quedarse o será un fenómeno efímero?

–Podrían tener un problema económico, por ejemplo de tipo cambiario, y entonces chocarla como le pasó al macrismo, sobre todo en este mundo tan volátil y con un Estados Unidos tan disruptivo y en guerra comercial, pero lo cierto es que no es el primer proyecto desmantelador y excluyente de la democracia, y la sociedad argentina ya demostró que puede dar apoyo y legitimidad, más allá de las luchas, a estos programas de cambio estructural, porque si bien la Alianza y el macrismo terminaron derrotados, el menemismo en cambio pudo ser reelecto y extenderse en el tiempo. Y hoy incluso ya no se plantean relaciones carnales con Estados Unidos, sino que directamente se adoptó a este país como un agente de reacomodamiento de las élites locales. Y quienes creían que el gran empresariado, por perder rentabilidad, le soltaría la mano a Milei, puede ver que eso no está sucediendo, tal vez por lo que compensan con la actividad financiera.

–¿Cómo atravesás estos tiempos, con angustia o con cierta atracción por poder estudiar el fenómeno libertario en tiempo real?

–Sin duda tengo la dimensión analítica de ver cómo manejan los discursos y las tensiones internas, y pensar todo eso a partir de mis estudios, pero también con angustia porque soy docente universitaria y por el proyecto de país, o no-país, que quieren imponer, sumado a que la oposición está muy desarticulada y en crisis, lo cual también me genera enojo. Pero lo que no tengo es estupor porque los que estudiábamos el fenómeno vimos venir ciertas cosas, y también muchos se adelantaron a estas cosas, como en la serie Years and Years, que muestra una ultraderecha que todos subestiman pero triunfa, y además ya se vio en otros países cómo funcionan estas nuevas tendencias políticas y su creación de enemigos. Acá empezaron por las feministas, pero debían seguir con otro chivo expiatorio, entonces vienen los kukas, los zurdos, los ñoquis, y van desfilando todos, universitarios, jubilados, periodistas, porque hay que alimentar esa maquinaria de odio, y eso para mí no fue novedoso. Sí me sorprendió en cambio el pragmatismo de Milei y su entorno, imaginé que serían más dogmáticos, pero se ve que trabajan de forma más estratégica y a largo plazo, y entonces dicen una cosa y la cambian al día siguiente, se pelean con Clarín, suben la asistencia del Estado con la Asignación Universal por Hijo, o se distancian de los discursos racistas y clasistas.

–Toda esta última parte no puede menos que remitir al peronismo…

–Creo que en efecto robó muchos rasgos del peronismo porque también es un populismo y además son muy posliberales, de ahí su pelea con el macrismo y con los republicanos. Pero nada de eso implica pensar que el kirchnerismo era lo mismo, porque el kirchnerismo peleaba con corporaciones y con intereses, no con individuos, lo que tiene en este caso un efecto de verdadero amedrentamiento, porque ya no son dos espacios de poder, como un partido político y una corporación. Y por otro lado, Cristina no judicializaba ni insultaba, aunque además al peronismo tampoco le hubieran permitido hacer todo lo que sí le permiten a Milei.

–Una cosa es tener a los grupos económicos enfrente y otra por detrás…

–Eso es lo fundamental, puede haber un aire de familia, mismas formas, pero eso cambia todo.

–¿Qué proyecto alternativo te interesaría en estas condiciones?

–Me interesan todos los discursos industrialistas y productivistas, pero no basados solo en el gasto público, pienso por ejemplo que es interesante la discusión sobre el régimen de Tierra del Fuego, y creo también que las empresas públicas deben ser eficientes, pero básicamente un discurso que incorpore la redistribución de la riqueza con anclaje nacional, porque si no toda la estabilidad económica y financiera, bajo un modelo de desigualdad y extranjerizado, nos lleva a Perú. O sea, todo muy peronista e yrigoyenista (risas). Pero no creo tampoco en volver a tiempos pasados, por ejemplo, hoy el agro no es el actor político de la 125 y ya hay otras fuentes de divisas, como la minería y los hidrocarburos, pero sin redistribución y nacionalismo no haremos un país.

–¿Ves presente ese discurso en el peronismo?

–Sí, está en los planteos de Cristina y Kicillof, y también de Moreno, aunque en este último caso hay más tradicionalismo y confianza en el empresariado. Pero no se ponen de acuerdo entre sí, y yo estoy como Tupac Amaru porque tengo buena onda con todos los sectores, pero me parece interesante que se están revisando muchos aspectos del pasado, como la falta de una transformación más radical en la estructura productiva para sortear problemas como el del frente externo o no haber hecho lo que en su momento Cristina planteó como la “sintonía fina”, como sí lo hizo el peronismo en 1952, pero también hay que recordar que cuando Cristina lo quiso hacer todos, propios y ajenos, se oponían, es como si Cristina decidía sola y no existían la oposición, el sindicalismo, los medios de comunicación ni la Justicia.

–¿Cuál es tu evaluación de la última experiencia del Frente de Todos?

–Ahí hubo un problema grave de conducción y decisionismo en un país presidencialista, por eso todos terminaron enojados con Alberto pidiéndole que agarrara la lapicera, pero sobre todo hubo un serio problema con la redistribución, eso que dijo Cristina de que íbamos a crecer pero se lo iban a llevar cuatro o cinco vivos, y fue lo que pasó. Respeto también ciertas críticas que se hicieron respecto del tema del gasto público y la inflación, pero también es más profundo porque la realidad económica es tan complicada y dinámica que lo que se consideraba erróneo en ese momento ahora se ve acertado y viceversa, como por ejemplo la visión de Máximo Kirchner de pelear la deuda que tomó Macri de forma irregular al FMI y ahora hasta Martín Guzmán (fue el encargado de reestructurar la deuda del FMI) plantea la ilegitimidad en la toma de nueva deuda por considerar que se tomó irregularmente. Y esto no es una defensa de La Cámpora, que tiene un montón de puntos cuestionables, sino de entender que la sumatoria del agotamiento de un modelo y la deuda legada por el macrismo generaron que todo un sistema político se destruyera, no solo el peronismo, y Milei es el síntoma de ese fracaso.

–Planteaste que el problema está en la falta de la redistribución ¿Pudo esto haberse potenciado en los resultados de la última elección por una agenda pública más similar a la socialdemócrata, que habló e hizo más por los derechos civiles que por los económicos?

–Ahí hay un punto muy importante, pero muchos conservadores lo aprovecharon para oponerse a esa agenda, y por ejemplo la ley del aborto fue muy importante, por algo este gobierno no la sacó, y una de las marchas más grandes contra Milei fue la del colectivo LGBT. Pero es verdad que no puede ser tu única agenda y el modo tal vez tampoco fue estratégico y se sintió como muy ajeno a personas que tenían otra problemática, porque como decía Cristina si no atendés las políticas de las mayorías, las de las minorías no las podés sostener. Incluso Cristina, que no es una figura progresista y a veces lleva el rosario colgado, impulsó el DNI diverso, el matrimonio igualitario, o la Educación Sexual Integral, y no por un tema de Agenda 2030 sino sabiendo que la violencia de género, el abuso intrafamiliar, o el no pago de cuota alimentaria son problemáticas muy extendidas en los sectores populares. Recuerdo a Néstor saltando con los Putos Peronistas, que le cantaban “acá están los putos para la liberación”. Eso era fantástico, aunque es cierto que era otro tiempo histórico, pero hay que seguir trabajando porque este tiempo también se va a agotar, porque si la gente demostró que no era tan progresista como se pensaba, tampoco es tan conservadora como creían. La argentina es una sociedad muy compleja y por eso me quiero separar de los que dicen que no había que haber impulsado esa agenda, por lo que me parece muy importante un Ministerio de Mujeres como el que sí sostiene Kicillof.

–Justamente, otro de los cuestionamientos fue que la creación de ministerios o mayor burocracia estatal muchas veces no resolvió los problemas concretos.

–Es un punto importante pero hay que dar ese debate con ciertos números, y creo que Estela Díaz, la ministra de Kicillof, los puede exhibir. De todas formas, tampoco hay que tenerle miedo a esa discusión porque también existió el tema de los discursitos y los sanguchitos, y es necesario pensar una política feminista articulada con un proyecto popular más amplio, porque el feminismo no debe ser un fin en sí mismo, eso que llamabas socialdemocracia, aunque creo que hubo una saña particular, porque no vi todas esas críticas al Ministerio de Deportes por no sacar a los pibes de la droga.

–Tenés una pata en las redes sociales y otra en la academia y la literatura. ¿Es posible que ambas convivan o una está destinada a eliminar a la otra?

–Es parte de mis obsesiones, el discurso académico está muy mal y la ultraderecha lo sabe y lo atiza, porque busca que se pierda la idea de autoridad y de un saber, y de ahí sus discursos terraplanistas. Por suerte todavía el respeto por el médico se sostiene, lo que se vio en pandemia cuando eran menores los grupos libertarios antivacunas, y veo que el saber académico está tratando de resistir, buscando lugares parecidos a la universidad, es decir, con racionalidad discursiva, porque estamos en crisis todas la ciencias pero especialmente las humanísticas. También es bueno que la academia se está abriendo, los seminarios de divulgación de historia de Javier Trímboli fueron un gran ejemplo y a mí me llamaron de la UNLP para divulgar literatura. También en el plano internacional Judith Butler está yendo a medios de stream y hay en las redes muchos contenidos de historia y literatura, algunos de chorros que usan inteligencia artificial, pero otros muy buenos de egresados de universidades públicas, con lo que también se pudo meter algunos goles. La cultura digital tiene cosas negativas pero también da posibilidad de nicho, no vas a ser Mr. Beast o Coscu, pero podés tener un lugar. Por otro lado, las universidades argentinas no son los campus yanquis, y en eso ayudó mucho la política de Cristina de crear las universidades del conurbano, sin eso la batalla con el mileísmo hubiera sido más difícil porque hubieran tenido éxito en decir que las universidades eran algo de la élite. El tenor popular de la marcha del año pasado fue gracias también a las universidades del conurbano.

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