Durante una entrevista en un programa de streaming en italiano, el periodista Roberto Saviano habló en los últimos días sobre el origen de la criminalidad organizada en Italia y en el mundo. Hizo también referencia a la Argentina. Aunque reconoció que en la Argentina hay mafias, dijo que no son italianas.
Entrevistado por el programa Pop Corner, realizado por el portal informativo Geopop, el autor de Gomorra argumentó sobre la inexistencia de las mafias italianas en la Argentina: “El país con más italianos en el mundo es Argentina. Un país de italianos. ¿Por qué en Argentina no existe la camorra, la mafia? Es impensable, no existe. No está. Es cierto. De hecho, nunca se ha visto una película (ambientada en la Argentina). Llegan los italianos, millones, a la Argentina, y no sucede. Primera respuesta: mucho espacio (…) No hay nadie que pueda decir ‘o pagás o estás muerto’. Si no pago, encuentro otro espacio. Primer elemento. Los italianos que llegan trabajan en el campo, no en obras (…) Segundo, más importante que el primer elemento. En la Argentina, el crimen lo hace la policía. Era la policía la que traficaba morfina. Era la policía la que manejaba la prostitución. Era la policía la que tenía casas de juego. No daban espacio a otros. Durante décadas, crimen y Estado coincidían y no había espacio para otra cosa. Las mafias necesitan democracia (…) En Argentina, de hecho, sucede esto. ¿Tenés crimen? Claro que sí. Tenés crimen incluso hecho por los tanos. Hay estudios sobre estas bandas que van a hacer robos, sin duda la Argentina en este momento está (…) con crimen, pero no tiene una mafia italiana. Han llegado los mexicanos organizados, pero no italianos”.
Ya el año pasado, invitado en el programa Otto e mezzo que conduce Lilli Gruber y se transmite por la cadena de televisión italiana privada La7, había dicho que en la Argentina no ha habido nunca una mafia italiana fuerte porque fue el Estado el que monopolizó el crimen. “Milei obtiene consenso precisamente porque una parte de la Argentina asocia policía y Estado al crimen. Por eso, Milei no habla nunca de mafias”, argumentó.
Si es cierto que a menudo la ignorancia es una construcción –o una carencia– colectiva, entonces vale la pena repasar qué sabemos sobre las mafias italianas en la Argentina. Alcanza con un rápido tour en la web para descubrir que Milei –el máximo representante del Estado argentino, el segundo de nacionalidad italiana– viene refiriéndose al tema desde 2017, cuando publicó en su cuenta de Twitter: “Al Capone fue un traficante de alcohol y en especial un asesino. Sin embargo, terminó en la cárcel por evadir impuestos. Captás la lógica?”. En 2019, desde su cuenta de Instagram lanzó: “Al Capone… un héroe víctima de la estupidez estatal”. Apenas unos días antes del inicio de la pandemia en la Argentina, Milei twitteó: “Entre la mafia y el Estado prefiero a la mafia. La mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente, la mafia compite”. Durante la crisis sanitaria, su discurso se radicalizó con miras a captar el descontento generado por las medidas oficiales: “Al Capone fue acusado de traficante, fue acusado de asesino, sin embargo, ¿por qué fue preso? Fue preso por evadir impuesto, es decir: ¡la de la casta no se toca!”, citó Clarín. ¡Y vaya si lo logró!
Durante la campaña presidencial, Milei buscó diferenciarse de sus adversarios políticos a través de lo que en los estudios de marketing se conoce como construcción de marca negativa, una estrategia favorecida por la fascinación por la muerte, el interés por lo macabro y la atracción por lo prohibido, que anida en la contraposición entre el “bien” y el “mal”, lo lícito y lo ilícito, lo moral y lo inmoral, incluidas las mafias. Paradójicamente, fue durante su gobierno que se promulgó la primera ley “antimafia” en la historia de la Argentina, que recibió diversas críticas por el grado de arbitrariedad que habilita su aplicación. Si es que aun las elecciones lexicales cuentan, valga una observación. Lo que hoy conocemos como “movimiento antimafia” en Italia, dentro del cual Saviano estaría comprendido, surgió del compromiso de un grupo de intelectuales y periodistas del diario siciliano L’Ora, ligado al Partito Comunista, hacia mediados del siglo XX. En la Argentina, en cambio, la lucha contra las mafias se configuró como un movimiento reaccionario liderado por los nacionalistas de derecha para contrarrestar la indeseabilidad de la inmigración masiva en las primeras décadas del mismo siglo. De ahí que resulte engañoso utilizar la misma categoría para denominar procesos tan disímiles, por no decir opuestos.
La mafia en la Argentina
Según Crítica, el vespertino dirigido por el uruguayo Natalio Botana, el origen de la mafia en la Argentina era calabrés y debía buscarse hacia fines del siglo XIX, menos en la estigmatizada Rosario que en el puerto de Buenos Aires. En 1906, una campaña de prensa local asociaba también la mafia con las carreras hípicas. En 1909, fue creada la “maffia criolla” a imagen y semejanza de la camorra, según se reconoce en su propio reglamento. A juzgar por las estrofas de “La maffia”, publicadas por Onofre Simonelli en el cancionero popular rioplatense en 1913, los mafiosos de origen calabrés eran conocidos ya desde principios de siglo en el Río de la Plata: “De la Calabria venidos / en el Rosario vinieron y en esa ciudad hicieron / mil crímenes conocidos; / hallados y perseguidos / por la justicia más tarde, / quisieron hacer alarde / de su valor declarado / pero la frente han bajado / como la baja el cobarde”. Las primeras producciones audiovisuales nacionales sobre las mafias italianas son de ese mismo período. Como La maffia en el Rosario, del italiano Mario Gallo.
La actividad de Gaetano Ganghi –cuya figura coincide con lo que Saviano define como “mediador”– era bien conocida en Buenos Aires desde los primeros años del siglo XX. Había nacido en Nápoles, en la misma ciudad de la que es oriundo el periodista. Ganghi estaba políticamente ligado a Carlos Pellegrini, un político argentino de origen sardo que fue presidente de la República entre 1890 y 1892 por el Partido Autonomista Nacional. Y a José Figueroa Alcorta, presidente de la Nación por el mismo partido entre 1906 y 1910. Que Ganghi fuese el hombre de confianza de los conservadores queda probado en el hecho de que fue el mismo Figueroa Alcorta quien condujo el cortejo fúnebre del “querido gringo” en 1928. Además de administrar su negocio de productos importados, Ganghi resolvía las “recomendaciones” que diariamente recibía en el comité por trámites de cartas de ciudadanía, para dar de comer a algún hambriento, y hasta para sacar de la cárcel al marido de una esposa desesperada. A cambio, Ganghi disponía de las libretas electorales durante los comicios.
Desde la última década del siglo XIX, la migración italiana a la Argentina no se dirigió exclusivamente a la colonización agrícola; comenzó a asentarse también en las áreas urbanas. Aunque para Mussolini la emigración suponía una pérdida del poder estatal, la migración de “mafiosos” hacia la Argentina habría contribuido a aliviar la situación interna, tanto desde el punto de vista económico como criminal. Existe abundante evidencia en la prensa antifascista en la Argentina, tanto en italiano como en castellano, para abonar esta hipótesis. Entre 1925 y 1938, al menos 98 “mafiosos” fueron identificados en la crónica policial de L’Italia del Popolo. Para finales de la década del 20, Crítica estimaba que la mafia local contaba ya con más de quinientos miembros, hombres y mujeres, provenientes de Calabria, Sicilia, Campania y Apulia. La legislación represiva vigente por entonces en el país imaginaba una división tajante entre los trabajadores que el modelo capitalista local requería para su desarrollo, por un lado, y los activistas políticos y delincuentes de origen extranjero, incluidos los “mafiosos”, por otro, que no parece haber sido tal. En un decreto inspirado en la Ley de Residencia que lleva la firma del presidente de facto José Félix Uriburu, de los 301 extranjeros expulsados, nueve habían sido catalogados como “maffiosos” por las autoridades policiales, aunque se empleaban también como jornaleros u otros oficios.
A estas alturas, las noticias sobre las mafias en la Argentina resultaban ser menos la excepción que la regla en los diarios locales. Sobran evidencias en publicaciones de diversas orientaciones políticas de la extorsión a comerciantes en las ciudades argentinas con fuerte presencia de italianos e italianas, en particular en Buenos Aires. Aunque la influencia de las mafias en el campo –sobre todo en la provincia de Santa Fe– no estuvo del todo ausente. En cambio, no hay ninguna pista concluyente que permita sostener, como lo hace Saviano, que la violencia mafiosa indicara la vía de la reemigración en un extenso territorio. Solo en 1932 se registran ¡92 titulares! con referencia explícita al fenómeno mafioso en Crítica. Ese mismo año, las mafias fueron noticia de tapa en al menos ocho oportunidades. Es que entre octubre de 1932 y febrero de 1933, se produjeron en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe dos secuestros y dos asesinatos –un médico, un periodista, el hijo de un rico empresario y el hijo de un médico miembro de la élite local– que marcaron un punto de inflexión en la visibilización de las mafias italianas en la Argentina.
Dos, tres, muchos mafiosos
Algunos de estos acontecimientos fueron atribuidos a la banda de Giovanni Galiffi, que desde entonces, e incluso después de ser expatriado, monopolizó el discurso sobre la presencia de la mafia en la Argentina hasta la actualidad. Su figura es evocada hasta en el célebre tango “Cambalache”, escrito por Enrique Santos Discépolo en 1934. Pero, como venimos argumentando, las mafias en la Argentina no empiezan, ni terminan por cierto, con “Don Chicho”. Estos sucesos inspiraron diversas películas, como En las garras de la maffia (1933), de Alberto Garignani; Bajo las garras de la mafia (1933), de Ugo Anselmi, y Asesinos (1933), de José García Silva. Algunas de ellas fueron censuradas.
En la década de los 40, Salvatore Giuliano, Salvatore “Lucky Luciano” Lucania y Tommaso Buscetta, entre otros afiliados a la mafia siciliana, obtuvieron los permisos para emigrar a la Argentina. Datos obviados tanto por Francesco Rosi en Salvatore Giuliano (1963), como por Marco Bellocchio en Il traditore (2019). Después de un largo período de latencia, recién en la primera mitad de los 70 el relato local sobre las mafias italianas fue reanudado por obra y gracia del mejor cineasta que dio la cinematografía argentina el siglo pasado: Leopoldo Torre Nilsson. La maffia (1972), que fue exhibido también en Italia, suscitó el repudio de algunos sectores de la colectividad calabresa residente en la Argentina. Le siguieron La flor de la mafia (1974), de Hugo Moser; Los años infames (1975), de Alejandro Doria; Don Carmelo il capo (1976), de Carlos Pellizza, y Contragolpe (1979), de Alejandro Doria. Este último fue producido por la productora MBC, de propiedad de los hermanos Macri, premiada en Italia con el Sagitario d’Oro en 1976 por la calidad artística de sus producciones…
Las mafias italianas en la Argentina reaparecieron en el discurso jurídico-policial recién hacia fines de los años 80. En 1991, el juez Giovanni Falcone, con quien el nombrado Buscetta había colaborado, visitó la Argentina en misión oficial en el marco del denominado maxiproceso de Palermo, que enjuició a la cúpula de la mafia siciliana. Después de la tragedia de Capaci, en la que Falcone fue asesinado, el ministro de Justicia italiano Claudio Martelli reconoció el papel estratégico de la Argentina en la cooperación internacional contra las mafias. Dicho reconocimiento quedó plasmado en la firma del acuerdo bilateral sobre terrorismo, tráfico ilícito, narcóticos y crimen organizado. En 1994, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal ratificó el fallo por la extradición del calabrés Pasquale Mollica. Un año más tarde, la misma autoridad confirmó el fallo por el pedido de extradición del siciliano Gaetano Fidanzati. Después de un largo proceso judicial, la Corte Suprema de Justicia de la Nación sentenció la extradición del campano Mario Fabbrocino. Parafraseando a Falcone, tres mafiosos en un país son la mafia. Desde entonces, la Argentina ha sido escenario de diversas capturas internacionales de acusados por mafia.
Pero cierta visión, de la que Saviano es portador ¿sano?, se obstina en defender que las mafias italianas en la Argentina nunca existieron.

