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El film d’art argentino

Las primeras realizaciones cinematográficas argentinas de finales del siglo XIX e inicios del XX fueron producciones breves que poseían una fuerte dimensión simbólica para exhibir la identidad nacional, como el film La bandera argentina (1897) de Eugenio Py. Se registraron actualidades sociales de la élite porteña, avances científicos y sucesos políticos de la época, como traspasos de gobierno o inauguraciones institucionales. Imágenes europeizadas que retrataban una Buenos Aires esplendorosa y moderna.

Los discursos en la filmografía naciente

Los retratos modernos se plasmaron en dos formas discursivas predominantes, una nacionalista y otra positivista, que dibujaron a la Argentina naciente para sus habitantes y para el exterior del país. Cada discurso se manifestó en géneros diferentes: los progresos técnicos y científicos se mostraron en documentales o registros noticiarios; en cambio, el género ficcional fue propicio para que el discurso patriótico encontrase la manera de instalarse, acercando a la memoria colectiva los momentos clave de la conformación de la Nación.

Las películas con un enfoque positivista fueron aquellas con relación a círculos intelectuales para testimoniar el crecimiento del país. Por aquel entonces, un renombrado cirujano del Hospital de Clínicas “José de San Martín”, el doctor Alejandro Posadas, realizó filmaciones sobre intervenciones quirúrgicas en tiempo real, con fines didácticos para las aulas universitarias y sus conferencias médicas. El primero de estos registros, realizado en 1899, se considera la primera cirugía filmada en todo el mundo.

Al igual que estos, otros films como La expedición de la “Uruguay” al Polo Sur (1903) o Diversas prácticas de vuelo en El Palomar (1913), no solo mostraban la fe depositada en la ciencia, sino también el afán por vincular estos avances a la clase dirigente, gracias a su supuesta superioridad social y cultural.

Por otro lado, las películas producidas con vistas al Centenario del país recrearon aquellos acontecimientos fundantes de la patria para recuperar la historia nacional. El cine silente de ficción mantuvo la estética europea para el relato de los acontecimientos locales, donde fue fundamental la aparición de imágenes simbólicas de identificación argentina. De esta manera, surgió un cine histórico que ofrecía una aproximación a los orígenes de la nación para los inmigrantes recién llegados y para la población criolla, con el fin de lograr una homogeneización cultural y establecer una conciencia nacional. Un objetivo trazado por el Estado donde el cine era una herramienta eficaz para el disciplinamiento.

El género histórico

Mario Gallo.

La primera película argumental que inauguró este género en nuestro país fue La Revolución de Mayo, estrenada el 22 de mayo de 1909 y realizada por el italiano Mario Gallo. Fue un pianista y director de coro que llegó a la Argentina en 1905 y en sus primeros años trabajó en los teatros de varieté y como acompañamiento en piano en los films silentes. Esto último le permitió afianzar su deseo de dedicarse al cine.

Para la realización de La Revolución de Mayo (1909), recurrió a la iconografía característica de los acontecimientos revolucionarios: los personajes clave, los espacios y escenas relevantes. Además, la influencia de imágenes cinematográficas europeas de temática histórica, conocidas como el film d’art, que gozaba de popularidad en ese entonces, colaboró en la construcción de la estética fílmica de Gallo.

Como el cine aún carecía del carácter de “séptimo arte”, las películas contaron con la participación de actores teatrales profesionales y reconocidos, para añadir prestigio a las obras nacientes. En La Revolución de Mayo (1909) actuaron figuras destacadas como Pablo Podestá y Elías Alippi. Sin embargo, ello no aseguró la concurrencia del público en su estreno, hecho que no desanimó al director para continuar realizando otras películas. Un año después, el éxito llegó de la mano de El fusilamiento de Dorrego (1910).

La obra de Gallo abrió el camino al film d’art argentino, generando una serie de realizaciones cuyos títulos se inscribieron en el contexto de las celebraciones del Centenario del país: La creación del himno (1909); La batalla de San Lorenzo (1910) y La batalla de Maipú (1913), todas del cineasta italiano.

A diferencia de las producciones europeas, los films nacionales contaron con bajos presupuestos que se reflejaron en una puesta en escena precaria. En La Revolución de Mayo (1909) se advierten escenografías austeras, cuyas escenas al exterior son pequeños telones pintados, como las del Cabildo, que parecen moverse pero solo se trata de un error de iluminación, consecuente con los desconocimientos técnicos de la época. Esto también se evidencia en la falta de una mirada compositiva, por ejemplo en los encuadres que recortan a los personajes.

Los cuadros fijos y de planos generales adquieren movimiento gracias a las entradas y salidas de los actores frente a la cámara. La multitud de personajes en escenas, la teatralidad de sus movimientos o las gestualidades y vestuarios exagerados remiten a las obras de Georges Méliès.

El film representa los principales episodios de la historia oficial que se han convertido en mitos e ilustraciones escolares, como el pueblo con paraguas frente al Cabildo o la reunión de Cornelio Saavedra con los vocales. Hay una fuerte presencia de elementos simbólicos para construir el imaginario patriótico. Las imágenes de la bandera, las escarapelas –símbolos que aún no habían sido creados en 1810– y en especial la del general José de San Martín configuran una alegoría de aquella Argentina que surgió tras las luchas independentistas. Era la primera vez que aparecía en un film la figura del padre de la patria.

La película finaliza con la escena del pueblo congregado en el Cabildo, celebrando y gritando “Viva la República”.

La mirada nacional

La realización de Mario Gallo logró una narración simbólica que se insertó en el proyecto educativo estatal. Del mismo modo que una película se elabora sobre la base de un relato, la construcción de una identidad también: sucesos oficiales, personajes clave, héroes, fechas significativas son elementos que sirvieron de guía para el propósito impuesto por la clase dirigente. Son “ficciones orientadoras” –como manifiesta el autor de La invención de la Argentina (2002), Nicolás Shumway– que posibilitaron organizar el pasado de la nación en base a relatos ideológicos, para dar sentido a ese presente y proyectar el futuro sociocultural y político del país en formación. Estas ficciones no son necesariamente falsedades, sino que responden a una selección y construcción por parte de un sector intelectual-político de la Argentina del siglo XIX y principios del XX.

Estas consideraciones invitan a pensar que hacer cine es escribir: se organizan los elementos en una secuencia donde se opta por un punto de vista u otro, se imprime una mirada sobre los hechos y se narra una historia. Se escriben los hechos con imágenes.

De manera que la propuesta estética e ideológica de La Revolución de Mayo (1909) responde a su contexto, es una fuente de acceso a aquel tiempo político, social y cultural del país. Más adelante, posterior al Centenario, aparecerán films cuyas historias abarcan la identidad criolla, el imaginario agrario y vivencias gauchescas.

El film de Mario Gallo sobrevivió al paso del tiempo y es posible ver su copia digital en varios sitios de internet.

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