Esta selección de Boca de todos los tiempos requiere una doble advertencia: es, como todas, arbitraria, discutible y responde al criterio del autor de estas líneas que, por otra parte, se limitó a elegir en cada puesto a futbolistas que vio jugar en las canchas. En 120 años de una rica historia la elección de solo once deja afuera a decenas de cracks que bien podrían integrar esta lista.
HUGO ORLANDO GATTI. Un adelantado en el puesto. Hacía muy fácil lo difícil y su don de ubicuidad y su manejo de las bisectrices le permitían anticiparse a los movimientos de los rivales. Jugaba fuera de los tres palos, lo que le costó recibir algunos goles de emboquillada, pero el balance nunca le dio en rojo. Maestro en los penales, fue decisivo en la conquista de la Libertadores del 77. En el podio del fútbol argentino de todos los tiempos junto con Amadeo Carrizo y Ubaldo Matildo Fillol.
HUGO BENJAMÍN IBARRA. Lucho Sosa, Rubén Suñé y Vicente Pernía pueden discutirle el lugar en el cuadro de honor. El formoseño Ibarra se destacaba por su firmeza en la marca y su enorme capacidad para pasar sorpresivamente al ataque y definir de media distancia o meter centros precisos desde la línea de fondo, nunca limitándose a envíos frontales de los que favorecen al arquero o los marcadores centrales del rival. En su lista de títulos obtenidos figuran un Intercontinental, cuatro Libertadores, una Sudamericana, tres Recopa Sudamericana y seis títulos locales.
JULIO MELÉNDEZ CALDERÓN. Ejemplo de marcador central tiempista, sobrio, distinguido, el peruano Meléndez no necesitaba pegar una patada para desarticular los intentos de los delanteros rivales. Sus movimientos eran de tal elegancia que la hinchada boquense le dedicó un cantito que lo honraba: “Ya lo ve / y ya lo ve / es el peruano y su ballet”. Se complementaba muy bien con Roberto Rogel, que le pegaba a todo lo que pasaba cerca. Lateral derecho en sus comienzos, llegó a Boca ya definido como marcador central, a los 25 años. Siempre contó que le temblaron las piernas cuando debutó en una Bombonera repleta, pero rápidamente se adaptó. Llegó en 1968, se mantuvo en el primer nivel durante siete temporadas y obtuvo dos títulos nacionales: 1969 y 1970 y una Copa de Argentina (1969). En Boca jugó 154 partidos oficiales, siempre como titular. Está a punto de cumplir 83 años.
ROBERTO MOUZO. Surgido de las divisiones inferiores del club, tiene dos récords muy significativos: es el jugador que disputó más partidos en el club (426) y el que participó, junto con Silvio Marzolini, de más superclásicos (29). Durante trece temporadas vistió la camiseta azul y oro, como segundo marcador central, con el número 6 en la espalda. Fuerte y rápido –tenía un gran sentido de tiempo y distancia para cruzar sobre los dos laterales–, Mouzo también se destacaba por su capacidad en el juego aéreo en el área propia y en la de enfrente. En su paso por el club logró tres títulos locales, dos Libertadores y una Intercontinental.
SILVIO MARZOLINI. “De galera y bastón”, se decía en sus tiempos para calificar a los jugadores elegantes, de sobresalientes aptitudes técnicas para manejar la pelota. Jugó siempre como lateral izquierdo a pesar de ser diestro. Se caracterizaba por su ductilidad para la marca atrayendo a los punteros derechos rivales para su mejor perfil. Marzolini jugó en Boca, en trece años, 408 partidos y marcó diez goles. Como jugador conquistó seis títulos, uno de ellos en 1969 en la cancha de River. Ese día, loco de contento, dio dos veces la vuelta olímpica a pesar de los grifos que habían sido abiertos.
JUAN ROMÁN RIQUELME. En Argentinos Juniors y desde los primeros tiempos en Boca manejó los hilos de sus equipos por su gran capacidad para entender todos los aspectos del juego. Su habilidad quedó simbólicamente representada por un memorable caño a Yepes. Resultaba imposible despojarlo de la pelota cuando la protegía con su cuerpo o adivinar con qué recurso saldría de un encierro. Fue inolvidable su actuación en el partido más importante de la historia de Boca, cuando venció en Japón al Real Madrid. Ganó seis títulos locales, un Intercontinental, tres Libertadores y la Recopa.
ANTONIO UBALDO RATTIN. Flaco, alto (1,90), centrojás de los de antes, parado en la mitad de la cancha sostenía la estructura defensiva del equipo y distribuía juego. En el puesto en el que brillaron jugadores de mayor riqueza técnica (Fernando Gago, Éver Banega) o más rústicos (Mauricio Serna, Blas Giunta), Rattin mostró un equilibrio y una entrega que lo convirtieron en un ícono boquense durante los quince años que jugó en el club, entre 1956 y 1970. Fue cinco veces campeón.
DIEGO ARMANDO MARADONA. En este equipo es de los que menos partidos jugó con la camiseta de Boca, pero dejó la marca imborrable del título de 1981, con algunos goles que quedaron grabados a fuego como aquel contra River en la Bombonera, cuando desparramó con un par de firuletes a Fillol y a Tarantini, antes de mandar la pelota a la red. A comienzos de los 80 pudo haber pasado a River, que le había hecho una fenomenal oferta a Argentinos Juniors, pero prefirió ir a Boca, hecho invalorable para los hinchas xeneizes. En tres etapas diferentes en Boca jugó 71 partidos y marcó 35 goles.
ÁNGEL CLEMENTE ROJAS. Apareció en la primera de Boca una lluviosa tarde de invierno de 1963. Flaquito, llevaba puesta una camiseta que parecía dos talles mayor pero desde la primera pisada demostró que futbolísticamente no le quedaba grande ni le pesaba. Ese día Boca le ganó 3 a 0 a Vélez con tres goles de Corbatta, todos generados por él. Con los mágicos movimientos de su cintura gambeteaba rivales sin tocar la pelota y cada vez que entraba en juego los hinchas sabían que algo bueno podía suceder. Fue el ídolo máximo de su generación. En Boca jugo diez años, ganó cinco títulos, disputó 222 partidos, marcó 79 goles y despertó incalculables voces de admiración.
SERGIO MARTÍNEZ. El 11 de octubre de 1992 Boca le ganó a River 1 a 0 con un gol de Manteca Martínez y alcanzó el récord de diez partidos sin derrotas frente al clásico rival, pero aquel día es especialmente recordado porque el autor del gol se colgó del alambrado, trepó a la historia grande del club y entró para siempre en el corazón de los hinchas. Hábil, escurridizo, inteligente, conocía todos los secretos de las áreas rivales. En cinco años jugó 167 partidos y convirtió 86 goles.
MARTÍN PALERMO. Carlos Bianchi lo definió como “un optimista del gol”. Metió 236 en 404 partidos con la camiseta de Boca. Cuando se retiró, el autor de estas líneas publicó en Página/12 un poema del que se reproducen dos estrofas: “Modus perandi eficiente / ataque directo al objetivo / sin vueltas, sin rodeos, sin piedad / ojos bien abiertos, tronco erguido / y el impacto certero y contundente. // Paloma, taco, volea, media vuelta / frentazo, nuca, chilena, parietal / derecha, zurda, tobillo, de revés / usó armas de todos los calibres / y hasta clavó un penal con los dos pies”.
