En 1905, La Boca sigue siendo una zona baja y apartada de la ciudad de Buenos Aires. Por sus calles empedradas transitan obreros del puerto, corralones y barracas, quienes, al finalizar sus jornadas, se reúnen en fondas y almacenes, refugios donde encuentran descanso y distracción tras un día de arduo trabajo. En este contexto nace Boca Juniors, enfrentando grandes desafíos para mantenerse en pie, pero con la determinación suficiente para superar cada obstáculo.
Mientras los últimos días de marzo caen del calendario, en el football oficial Alumni se prepara para recuperar el título que Belgrano le arrebata en 1904. La barriada boquense no permanece al margen del sport. Imaginado, pensado e ideado desde fines de marzo, el sábado 1 de abril de 1905, cinco jóvenes reunidos en un banco de la Plaza Solís deciden cortar por lo sano con las dudas y fundar un club. Ellos son Juan Antonio Farenga, Teodoro Esteban Farenga, Alfredo Scarpati, Santiago Pedro Sana y Esteban Miguel Luis Baglietto. Así, deciden invitar a más jóvenes a sumarse y acuerdan reunirse el domingo 2 en la vivienda de los Baglietto. Sin embargo, para ese día ya eran cerca de treinta, y la madre del joven los “invita” a retirarse, por lo que cruzan nuevamente a la plaza para continuar deliberando. Finalmente, el 3 de abril, en la casa de los Farenga, se formaliza la fundación y se designa la primera comisión directiva, con Baglietto como presidente y Juan Farenga como capitán general.
En pocos días se organizan de tal forma que pronto surgen los primeros equipos, formados por aquellas personas que se van asociando. El 13 de abril publican el aviso de fundación en el periódico La Argentina, difusor absoluto del football amistoso, y, a partir de esa fecha, Boca Juniors comienza a desafiar a otros rivales. Los elementos necesarios para la institución naciente son costeados con la cuota societaria mensual. Una pelota con su blader (cámara), el tiento para atarla y las redes para los arcos son muy onerosos.
El primer desafío queda fijado para el 21 de abril, con la Asociación de Football Mariano Moreno como oponente. Se trata de un equipo afirmado dentro de las ligas independientes, conocido por su afición a enfrentar conjuntos nuevos o de menor trayectoria, a los que suele doblegar con contundentes goleadas, no exentas de cierto propósito de humillación. Presididos por el futuro comisario Federico Donadío, se hacen notar en los periódicos por sus anuncios altaneros y provocativos. Esas proclamas, plagadas de alusiones a triunfos abultados y descalificaciones hacia sus adversarios, generan frecuentes polémicas y encendidos cruces de opiniones en la prensa de la época. Llega el día esperado y, en un terreno ubicado en la intersección de la avenida Pedro de Mendoza y Colorado (actual Agustín Caffarena), Boca se impone por 4 a 0. Un excelente comienzo para los xeneizes y el orgullo herido para su enconado rival.
A partir de entonces, los desafíos se suceden y el equipo se organiza para competir en la Copa Villa Lobo, una liga independiente de reciente creación. Allí participa con escasa suerte; aún es necesario hacer ajustes para lograr destacarse. Sin embargo, a sus socios e hinchas poco les importa. El club forja en poco tiempo una relación con los vecinos, que terminan convirtiéndose en simpatizantes. En el modesto espacio de la cancha (sin tablones) conviven dos idiomas: español y zeneize; este último, heredado de la comunidad ligur, se integra de manera espontánea en el habla cotidiana de los hinchas. La influencia genovesa deja una marca inconfundible en la identidad del club; de allí surge el apodo que lleva con orgullo, una herencia, la manera de expresarse y el amor por sus colores.
El año 1905 llega a su fin sin conquistas deportivas, pero con avances significativos que sientan las bases para el crecimiento del club. Lo importante es el camino trazado: se fortalecen los lazos entre los jugadores y los primeros socios, se consolida el equipo y se afianza el entusiasmo de una hinchada que comienza a hacer historia. La convicción es firme: Boca Juniors ha nacido para perdurar. Con la mente puesta en el futuro, el objetivo es seguir creciendo y enfrentar cada desafío con el espíritu que lo distingue desde su origen, apenas nueve meses atrás.
EN MARCHA
Ciento veinte años. La tecnología actual nos permite saber con absoluta precisión que han transcurrido 43.830 días desde aquel 3 de abril de 1905. Con aires de progreso, comienza el nuevo año. El team, completamente renovado, obtiene el trofeo en la Liga Central de manera invicta. También se estrena una nueva casaca, luego de haber utilizado varios colores el año anterior: azul y blanca a bastones finos verticales. En 1907 compite en la Asociación Porteña, donde obtiene el subcampeonato, y en la Liga Albión, cuya final gana por 4 a 1 frente a San Telmo. De la mano del presidente Juan Rafael Bricchetto surgen los colores azul y oro, propuestos en una reunión de abril. En diciembre, obtiene un terreno en la Dársena Sud, lado este, cedido por la Dirección General de Puertos de Buenos Aires. Allí construye una casilla, un tablado provisorio y obras sanitarias. Socios y directivos están preparados para dar el gran salto: afiliarse a la Argentine Football Association.
El hecho de competir en el football oficial requiere un enorme esfuerzo, el mismo de los días de la fundación. Una vez afiliado en 1908, inscribe tres equipos: uno en Segunda Liga (el principal), uno en Tercera y otro en Cuarta (para jugadores menores de 17 años). El debut es auspicioso: el 3 de mayo, como visitante, derrota 3 a 1 a Belgrano “A” en Virrey del Pino y Superí. Consigue el primer puesto en su sección, y eso le permite disputar la semifinal del campeonato, donde es vencido por Racing Club. En 1910, repite una gran performance, además de vivir un hecho insólito: el 18 de septiembre, Boca Juniors viaja a la ciudad de Junín para disputar su encuentro frente al equipo homónimo, al que ya había vencido por 4 a 0 como local. Sin embargo, un incidente, sumado al mal estado del campo de juego, obliga a suspender el partido cuando iba 2 a 1 a favor de los juninenses. Dos meses después, el Consejo de la Asociación resuelve que el encuentro debe completarse. Para ese momento, Boca ya ha finalizado su fixture y se encuentra igualado con Nacional (un club con cancha en Parque Avellaneda) en el primer puesto. Sin embargo, ante la exigencia de un largo viaje para jugar solo veinte minutos, el club propone otorgarle los puntos al conjunto de Junín y, de ese modo, definir su clasificación en un desempate con Nacional, evitando así el traslado. La Argentine Football Association, no obstante, rechaza la propuesta y exige que se complete el encuentro bajo amenaza de desafiliarlo. Obligado a presentarse, el marcador queda igual. Pese a ello, en el desempate logra imponerse con un contundente 3 a 0 sobre Nacional, aunque luego sufre una derrota crucial: un 2 a 1 ante Racing que le cierra las puertas de Primera, frustrando una oportunidad inmejorable.
Con cancha nueva (la tercera), cien metros al este de la anterior, Boca Juniors viene cumpliendo una buena campaña en 1912, cuando el football se divide y se crea la Federación Argentina de Football. Este hecho genera un gran problema para la continuidad de los torneos: en Primera Liga quedan solo seis equipos, en Liga Intermedia, siete, y en Segunda, apenas tres. La solución que encuentran los directivos de la Asociación Argentina es continuar disputando la temporada en las condiciones actuales y ascender a toda la Liga Intermedia a Primera en 1913, a fin de organizar un campeonato con una cantidad de equipos adecuada. En el lustro que dura el paso por el ascenso, la cantidad de seguidores de Boca crece partido tras partido. Un suelto periodístico del diario La Mañana, de enero de 1912, explica que “Boca Juniors no es un centro aristocrático. No es el punto de reunión del elegante de nuestros paseos. Es, tal vez, el único club argentino amplio y fuerte constituido por obreros, que buscan en el football un desahogo en sus faenas y labores cotidianas. Poco a poco, con esas dificultades que luchan los que carecen de apoyos materiales fue ascendiendo y de un núcleo de entusiastas, salió el Boca Juniors de hoy, fuerte, amplio, lozano y prestigioso”.
SOMOS DE PRIMERA
En la asamblea de febrero de 1913 se refrendan los ascensos. Si bien es una cuestión administrativa, es una resolución que coloca al club –cuyos sobrados méritos deportivos son indiscutidos– en un lugar de privilegio. Pero, a continuación, surge un inconveniente: la Dirección General de Puertos desaloja a Boca Juniors de su campo deportivo. El Club Atlético Estudiantes (de Buenos Aires), otra institución con mucha historia en Primera, le cede gratuitamente su cancha en Palermo para que pueda jugar como local.
Solo un par de modificaciones en el equipo, y ya está listo para el debut en Primera. El 13 de abril, los jugadores toman el tren del Ferrocarril Oeste en la estación Once para dirigirse a Ituzaingó, donde Estudiantil Porteño tiene su field. Allí ganan 4 a 2. Esa tarde visten la casaca xeneize Juan Virtú Bidone, Juan Garibaldi, Horacio Lamelas, Policarpo Martínez, Miguel Elena, Miguel Valentini, Bleo Pedro Fournol “Calomino”, Martín González, Arnulfo Leal (anota el primer gol y convierte dos más), Francisco Taggino y Donato Abbatángelo (marca un gol). Comienza en buena forma su trayectoria en la división superior, que jamás abandonará. Mientras tanto, un socio le ofrece al club un terreno en Wilde. Una vez aceptado, Boca Juniors dedica el resto del año para acondicionarlo y dotarlo de instalaciones reglamentarias. El 7 de junio de 1914 inaugura el campo de juego, que cuenta con una gran tribuna, donde los espectadores son testigos de la goleada 7 a 0 ante Quilmes. La lejanía es un problema para los asociados, que, pese a todo, llenan las graderías en cada partido. Sin embargo, surge un dilema: seguir pagando la cuota social o gastar en tranvía o tren el pasaje de ida y vuelta hasta aquella localidad. En 1915 juega allí, pero los directivos inician la búsqueda de un terreno en La Boca; los simpatizantes boquenses lo piden a gritos. Con la ayuda de todos los que sostienen a la institución, lo gran que los dueños de cada parcela de la manzana delimitada por las calles Ministro Brin, Senguel (hoy Benito Pérez Galdós), Tunuyán (actual Juan Manuel Blanes) y Gaboto (renombrada “Caboto” en 1942) acepten alquilar sus terrenos para conformar el rectángulo de juego.
El 25 de mayo de 1916, el barrio se viste de gala. La cancha está abarrotada para presenciar el amistoso de inauguración contra Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. El resultado, un 2 a 2, es simplemente anecdótico. Lo mejor ocurre en las tribunas con el griterío y euforia popular. En el entretiempo, una destacada dama argentina –y amiga del presidente Emilio Meincke– da un discurso: Cecilia Grierson, la primera médica argentina.
LAS PRIMERAS ESTRELLAS
En 1918 obtiene un triunfo que trasciende en la prensa: vence 3 a 0 a Racing Club, campeón de los últimos cinco campeonatos. En 1919 se produce la segunda escisión de nuestro deporte. Al igual que en 1912, la cantidad de equipos merma. Boca Juniors permanece fiel a la Asociación Argentina de Football, que decide sortear nuevamente el fixture y comenzar un nuevo torneo. El 4 de enero de 1920, cuando los boquenses alcanzan los ocho partidos disputados con igual cantidad de triunfos, ya son inalcanzables para sus perseguidores; esa misma tarde se adjudica el Campeonato de Primera División de 1919, al vencer 4 a 0 a Sportivo de Almagro. El 8 de febrero de 1920 llega la segunda estrella. Por la Copa Ibarguren, derrota 1 a 0 al campeón rosarino, Rosario Central. El 26 de mayo de 1920 gana la final de la Copa Competencia de 1919 ante el Club Nacional de Football (Uruguay), logrando así su tercera estrella y primera internacional. En diciembre logra el cuarto título; repite el campeonato de Primera. Todo un récord, cuatro estrellas alcanzadas el mismo año. El plantel tetracampeón lo conforman 28 footballers: Rosario Galeano, Antonio Mancinelli y Américo Tesoriere (arqueros); Bautista Anglese, Dionisio Becaas, Antonio Cortella y José Ortega (backs); Mario Busso, Victorio Cappelletti, Pablo Lapalma, Alfredo López, Alfredo Elli, y Juan Mainardi (halves); Enrique Bertolini, Pablo Bozzo, Enrique Bricchetto, Zoilo Canaveri, Bleo Pedro Fournol, Felipe Galíndez, Alfredo Garasino, Alfredo Martín, Marcelino Martínez, Pedro Miranda, Dante Pertini, Carmelo Pozzo, Antonio Sánchez, Adolfo Taggino y Pedro Valenzano (forwards).
ZARPANDO A LA GLORIA
A fines de la década de 1910, la fama de Boca Juniors ya se ha extendido a numerosos lugares. A los campeonatos obtenidos en 1919 y 1920 se suma la Copa de Honor de 1920, cuya final se disputa el 20 de septiembre de 1923 en el Gran Parque Central de Montevideo, donde Boca vence 2 a 0 a Universal. La lista de títulos continúa: el 27 de abril de 1924 derrota a Huracán y conquista el campeonato correspondiente a la temporada 1923. Poco después, el 8 de junio, se queda con la Copa Ibarguren.
El 6 de julio de 1924 acontece, quizá, uno de los hechos más trascendentales de la década: la inauguración de la cancha de madera en Brandsen 805. La dirigencia venía persiguiendo el sueño de un estadio propio y amplio desde hacía varios años, y en 1922 surge la oportunidad de arrendar un terreno junto a las vías del ferrocarril. Con esfuerzo y dedicación, la institución emprende las obras necesarias para levantar allí un estadio acorde a la evolución del club y su masa de seguidores. Durante dos años, hinchas, socios y vecinos de la barriada observan con entusiasmo el avance de los trabajos, conscientes de que ese espacio pronto se convertirá en el corazón de Boca Juniors. La espera llega a su fin con una jornada histórica, en la que el club finalmente estrena su nuevo hogar, reafirmando su compromiso con el barrio. El año se cierra de la mejor manera: Boca obtiene un nuevo campeonato de Primera División y, como si fuera poco, lo hace de manera invicta, consolidándose como una potencia del fútbol argentino.
Boca Juniors ya ostenta ocho títulos oficiales, dos de ellos internacionales, y su prestigio crece tanto en la Argentina como en Uruguay. Sin embargo, el desafío de expandir su reconocimiento más allá del continente se vuelve ineludible: ha llegado el momento de refrendar su poderío en Europa. Las gestiones para concretar la travesía se extienden durante varios meses, requiriendo esfuerzos de organización, financiamiento y logística sin precedentes en la historia del club. Finalmente, en febrero de 1925, la delegación boquense parte rumbo al Viejo Mundo, dispuesta a medir fuerzas con equipos de España, el antiguo Imperio Alemán (ya convertido en la República de Weimar) y Francia.
El periplo es extenuante, pero los resultados deportivos superan cualquier expectativa. Boca disputa un total de diecinueve encuentros, de los cuales gana quince, empata uno y pierde solo tres, dejando en cada presentación una muestra de su solidez y estilo de juego. La gira se convierte en un hito, no solo por los triunfos obtenidos, sino también por la admiración que despierta en los aficionados europeos, que ven en Boca Juniors a un digno representante sudamericano. Sin embargo, en términos económicos, el saldo es negativo. Los costos del viaje y los ingresos menores a lo esperado generan un déficit considerable. Pero la trascendencia de la experiencia compensa cualquier pérdida material: Boca regresa a Buenos Aires con su prestigio multiplicado y su identidad fortalecida, consolidando la leyenda que lo acompañará por generaciones. Cinco meses de viaje, incontables anécdotas y un impacto imborrable: Boca Juniors ya no es solo un equipo de la Argentina, sino un nombre que empieza a resonar en el mundo del football. En este histórico periplo nace el apodo de “jugador N° 12” para la hinchada. El origen de esta denominación se debe a Victoriano Caffarena, un ferviente simpatizante que acompaña al equipo en su travesía. Su presencia y apoyo a los jugadores en cada partido inspiran la idea de que la hinchada, con su aliento incondicional, es un integrante más del plantel, un jugador adicional que, desde las tribunas, empuja al equipo hacia la victoria.
Así transcurren los primeros veinte años del Club Atlético Boca Juniors, una historia que apenas comienza y que, con el tiempo, se convertirá en un legado imborrable. Lo que nace como el sueño de un grupo de jóvenes en la Plaza Solís pronto se transforma en una institución sólida, con un arraigo popular que crece a pasos agigantados. Por delante, le espera un siglo de hazañas, títulos y gestas que cimentarán su lugar en la cúspide del fútbol mundial.
CIEN AÑOS MÁS
Los dorados años 30 lo encuentran dominando con planteles que marcan una época y le permiten afianzarse entre los clubes más poderosos del país. Luego, en 1940, llega la inauguración de la Bombonera, un estadio que no solo se convierte en su hogar definitivo, sino en un emblema del fútbol argentino y mundial. Su estructura imponente, su acústica vibrante y el latido incesante de su hinchada la transforman en un templo del deporte. En la década del 40, Boca sigue sumando gloria. El equipo de memoria de 1943 y 1944 deslumbra con su juego vistoso y su capacidad goleadora, mientras que la escuadra de pura fuerza de 1954 impone su carácter y temple inalterable en cada encuentro. En los años 60, los títulos se multiplican, con campeonatos inolvidables y festejos memorables frente a River, profundizando una de las rivalidades más apasionantes del fútbol mundial.
El gran salto internacional llega en 1977, cuando, bajo la dirección de Juan Carlos Lorenzo, Boca conquista su primera Copa Libertadores. No conforme con eso, repite la hazaña en 1978 y cierra el año anterior con la histórica Copa Intercontinental de 1977, derrotando al Borussia Mönchengladbach y alcanzando el título de campeón del mundo. Es el punto de inflexión que lo proyecta como un gigante del fútbol sudamericano. Los años 80 quedan marcados por la llegada de Diego Armando Maradona, un talento extraordinario que fascina con la camiseta azul y oro. Su paso es breve, pero suficiente para escribir páginas de gloria y eternizar su vínculo con el club. En la década del 90, Boca vuelve a renacer con el equipo campeón de 1992, que recupera el dominio en el ámbito local y allana el camino para otra era memorable. Con Carlos Bianchi en el banco y jugadores legendarios como Martín Palermo, Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto, Boca vive una de sus etapas más gloriosas. Se adueña del continente con las Copas Libertadores de 2000, 2001 y 2003 y conquista el mundo con las Copas Intercontinentales de 2000 –donde derrota al Real Madrid– y de 2003, superando al Milan en Japón. La mística copera boquense se refuerza, y el club se instala definitivamente entre los más grandes del planeta.
Un siglo y dos décadas de gloria (43.830 días, para el que le gustan las estadísticas), con títulos, ídolos y epopeyas que siguen escribiendo la historia del club más popular de la Argentina y uno de los más grandes del mundo. La pasión de Boca trasciende generaciones, fronteras y épocas, porque su grandeza no se mide solo en trofeos, sino en el fervor de su gente, en su espíritu inquebrantable y en el inconfundible latido de su Bombonera.

