El primer encuentro fue un sábado de abril, hace casi 48 años. Hebe siempre declaró que el nacimiento de las Madres no fue en la Plaza sino en la Iglesia Stella Maris de la Marina. Allí se juntaban algunas madres para hablar con el cura Emilio Graselli, secretario del vicario, quien no paraba de ningunearlas. A la salida, Azucena Villaflor dijo: “Basta, tenemos que hacer algo; juntas podemos, pero separadas no vamos a lograr nada. Y tiene que ser en la Plaza de Mayo, donde pasaron las cosas más importante del país”. En el primer encuentro fueron 14. Al año ya eran 200 por ronda.
Hacia 1981, las manifestaciones y reclamos ganaban mayor impulso, cuando ocurrió una importante movilización sindical de la CGT Brasil a la iglesia de San Cayetano. Frente a un clima de “diálogo político” que impulsaba la dictadura ese año, con apoyo de vastos sectores partidarios, las Madres encabezaron la primera Marcha de la Resistencia.
Fue el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos y coincidente con la fecha en la que cuatro años atrás secuestraron a Azucena Villaflor. Así lo explicó Hebe: “Nacieron en 1981 como demostración de enfrentamiento, no de 30 minutos por jueves, sino de 24 horas sin descanso, frente al poder asesino, frente a los cómplices, frente a los traidores”.
Las Madres siempre se definieron a sí mismas como una organización política y no como un organismo de Derechos Humanos. El reclamo central de la marcha fue la “aparición con vida” de los detenidos-desaparecidos. Para Ulises Gorini, autor del libro La rebelión de las Madres, ellas pensaron que “esta vez había llegado el momento de decir palabras más fuertes. Resistir era resistir a la Junta Militar, a sus planes de condicionar el futuro político del país, a echar un manto de olvido sobre los desaparecidos, y a que los partidos y movimientos sociales se transformaran en cómplices de esas maniobras”.
Al llegar la noche del jueves 10, la presencia de policías se multiplicó. Les cortaron la luz de la Plaza. Y durante la madrugada se sumó la lluvia. Pero nada detuvo a las 80 Madres que permanecieron indelebles, con más de mil personas apoyándolas. El periodista francés Jacques Depres les dijo entonces: “Si ustedes permanecen toda la noche ya nunca podrán sacarlas de la Plaza”.
Las Madres terminaron realizando un ayuno en la Catedral de Quilmes que se extendió durante doce días, sorteando visitas nocturnas de uniformados y el cierre de los baños, que resolvieron utilizando los floreros de la basílica.
La Segunda Marcha por la Resistencia llegó meses después de la Guerra de Malvinas. La novedad en 1982 fue la incorporación de las Juventudes Políticas y muchísimas personas que antes no aparecían ahora se sumaban a apoyar, a pesar de una Plaza cercada. “Los comerciantes de la Avenida de Mayo nos hicieron llegar su solidaridad y su ayuda –recordó Hebe–. La casa Modart por ejemplo, nos abrió sus puertas y el propio gerente nos ofreció todo lo que necesitáramos (baño, heladera) sin importarle la ‘imagen’ y ‘los millones en juego’ por dicha ayuda”.
La última Marcha de la Resistencia bajo la dictadura, en septiembre de 1983, trajo iniciativas como las siluetas de cuerpos en tamaño natural y estampadas en papel representando a los desaparecidos, que colmaron el frente de la Catedral Metropolitana, el Cabildo y otros edificios públicos. Eran los NN, los anónimos. Los que el poder quería invisibilizar.
Ya desde 1981 el término “Resistencia” había generado opiniones dispares en organismos de DD.HH. y militantes, como un desafío demasiado explícito al poder. Para 1984, con el gobierno radical, esa discusión escaló, en medio de un clima de tensión con los militares. Pero las Madres siguieron adelante con la Cuarta Marcha de la Resistencia. Cuenta Gorini: “Alfonsín escuchó la palabra resistencia y se alteró. ¿Resistir a qué y a quiénes, si ahora había un poder democrático?, interrogaban desde la Casa Rosada y la UCR”. La estrategia del alfonsinismo fue proponer en paralelo otra movilización callejera “en defensa de la democracia”, en alianza con la APDH, lo que terminaría erosionando internamente a Madres en un proceso que culminaría en 1986 con la escisión y posterior creación de Línea Fundadora. La Marcha de 1984 tuvo ocho mil participantes, casi la mitad de los 15 mil que hubo en 1982.
La quinta, al año siguiente, tuvo una consigna clara: “No al Punto Final”. El Grupo de Artistas Plásticos pintó treinta mil puntos suspensivos en las baldosas de la Plaza de Mayo.
Las Madres hicieron 25 Marchas ininterrumpidas, una por año. Así por ejemplo pasaron “Resistir es combatir” (1988); “No olvidaremos, no perdonaremos” (1989); “Luchar siempre, retroceder jamás” (1991); “Solidaridad y lucha o hambre y represión” (1992); “La única lucha que se pierde es la que se abandona” (1995); “Ya basta de impunidad, de hambre, de desocupación” (1996). La última del siglo XX la realizaron desde el 30 de diciembre de 1999 a las 21, hasta la 0 hora del 1° de enero del 2000. Marcaba el fin del menemismo y el comienzo de un nuevo gobierno. “Sin aceptar museos de la ‘memoria’ –anunciaban–. Sin aceptar juicios por la ‘verdad’ sin condena. Nuestra resistencia es ponerle Vida a la Muerte”.
LA SEGUNDA ETAPA
La Marcha número 25 la corrieron a enero de 2006, para que coincida con los 1500 jueves, el 25 y 26 de ese mes. Esa fue la última, porque “el enemigo no está más en la Casa de Gobierno”, señalaron, con un fuerte apoyo al gobierno de Néstor Kirchner. “La retomaron cuando vino Macri en 2015 –subraya Demetrio Iramain–. Resolvieron marchar el día que asumiera, toda la noche, y después hicieron otra en agosto de 2016; así hasta diciembre de 2019”.
En 2016 la policía “estrenó” el nuevo protocolo de represión con las Madres de Plaza de Mayo. E impidió el ingreso de la organización a la Plaza en más de una ocasión, prohibición que ya había sucedido con Fernando de la Rúa, que ordenó enrejar la Plaza. Las Madres compraron escaleras para saltar las rejas. En diciembre de 2019, días antes de la asunción de Alberto y Cristina, llevaron a cabo la 31a –y última hasta ese momento– Marcha de la Resistencia. Así fue hasta este febrero cruel de 2025, que fueron retomadas por Daniel “Tano” Catalano, secretario general de ATE Capital: “Hoy, frente a un gobierno negacionista y apologista de la dictadura, que promueve discursos de odio, niega identidades y busca anularnos, es más necesario que nunca seguir resistiendo”.
“La llamamos la Primera Marcha de la Resistencia de la Segunda Época, porque ya no la organizan las Madres sino un Sindicato de Trabajadores, que era lo que Hebe quería”, plantea Iramain. Lo dijo Hebe en 2016, cuando las retomaron: “Esta Marcha de la Resistencia ya no es más nuestra, es de ustedes ahora, son quienes la tienen que llevar adelante”.

