Poeta, periodista, docente y especialista en Historia de las Madres. Desde su más temprana juventud Demetrio Iramain militó junto a las Madres de Plaza de Mayo. Estuvo a cargo de proyectos culturales tales como la librería, el café literario y diversas publicaciones de las Madres. Todas esas acciones lo fueron acercando a Hebe, que siempre fue su referente político. Charlas íntimas con Hebe dieron lugar a Hebe y la fábrica de sombreros (editorial GES), biografía y crónica poética de la referente por antonomasia de las
Madres de Plaza de Mayo.
–¿Cuándo comenzó tu militancia en Madres y tu relación con Hebe?
–Yo me acerqué a las Madres hace más de treinta años. Empecé yendo a las marchas de los jueves y de resistencia, participando como un manifestante más. Las marchas eran muy distintas a las de ahora, se marchaba en silencio. No se cantaba. Se marchaba entre las Madres de a dos o de a tres, desperdigadas alrededor del círculo que rodea la pirámide y sin una bandera. Ahora se marcha con una bandera y todos detrás de las Madres. De a poco, fui buscando formas de participar más orgánicamente. Soy poeta, era el año 1994 y llevé un poema a la Casa de las Madres. Luego acompañé en el juicio ético-político al médico torturador Héctor Berges en la plaza central de Quilmes. A partir de entonces, el acercamiento fue mayor. Hacia 1999, las Madres estaban en Yrigoyen al 1400 (a una cuadra de donde están hoy) y abajo había quedado un local vacío. Allí Hebe pensó un espacio cultural para solventar los gastos de la organización. Así nace la librería de las Madres y el café literario Osvaldo Bayer, de la cual quedé a cargo con otros compañeros. Al tiempo, Vicente Zito Lema convoca a intelectuales de la talla de Horacio González, Tato Pavlosky, David Viñas, Osvaldo Bayer, Ricardo Piglia para un seminario. Fue el germen de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo, que se funda en abril del 2000.
–¿Cuál te parece el principal punto de inflexión en el origen de las Madres?
–Hebe decía que el momento más duro de las Madres fue volver a la Plaza después de las desapariciones de Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Eugenia Ponce. Lo primero que se plantea el grupo es: “Estuvimos mal en salir a la calle, porque no logramos nada con nuestros hijos y ahora tenemos a tres compañeras desaparecidas”. Hebe logra convencer a sus compañeras de que no, que lo correcto era salir a las calles. Ella se percata de que las habían secuestrado para escarmentar a ese grupo por el daño que le estaba haciendo a la dictadura. Hebe fue casa por casa de las Madres para decirles que había que volver a la Plaza. Con un terror tremendo, pero con la certeza de que ese era el camino.
–¿Cómo surge la idea de una biografía sobre Hebe?
–La idea fue de la editorial que, al igual que Hebe, quería que saliera rápido. Hebe quería todo para ya. Hebe había organizado en el 2018 un ciclo de charlas en la Casa de las Madres que se llamaba “Mateando con Hebe”. Fue la base del libro. Eso sumado a charlas que mantuve a solas con ella durante la pandemia confluyeron en una especie de crónica poética de su vida. Intenté narrar de dónde viene Hebe, cómo fue su infancia, su adolescencia, su maternidad. Está construido el relato de que Hebe se convierte en lo que fue a partir de la desaparición de sus hijos. Yo afirmo que Hebe se convierte en Hebe con la militancia de sus hijos, no con sus desapariciones. Cuando los hijos desaparecen, ella tiene ya mucho recorrido con ellos y muchas enseñanzas que va a poner en juego para atravesar esas circunstancias trágicas. No fue la desaparición de sus hijos, sino la propia maternidad la que transformó a Hebe en lo que fue.
–¿Por qué titulaste al libro Hebe y la fábrica de sombreros?
–Hebe había nacido en El Dique, localidad muy humilde del partido de Ensenada. En esa localidad había una fábrica de sombreros de la familia Basso-Imperatore que tenía la mayor producción de sombreros de América Latina. En esa fábrica trabajaba el padre de Hebe y la casa de ellos estaba a una cuadra y media de la fábrica. Hebe crecía e iba comprendiendo cómo era el mundo a través del trabajo de su padre: las primeras huelgas en momentos de poca o nula participación sindical. Hebe ve la solidaridad de clase y barrial y también las miserias de la gente. Se hace amiga de la hija del dueño de la fábrica, que estaba postrada por una enfermedad. Hebe iba a verla, pero le generaba cierta ajenidad: una chica con una realidad tan diferente a la suya por la que sentía empatía porque no se podía mover en su cama, pero a la vez era la hija del patrón.
–¿Cuáles fueron tus principales objetivos como voz de Hebe en el libro?
–Mi objetivo fue que la gente comprenda a Hebe en sus posiciones políticas. Que al saber de dónde viene, se dé cuenta de su racionalidad y coherencia. Muchas veces a Hebe se la presenta como una persona muy polémica y mal llevada, de la cual no se entiende por qué dice las cosas que dice. Se la tilda de loca otra vez, como en el El libro intenta dar cuenta de la racionalidad y la ética que Hebe tenía en sus definiciones, en su forma de intervenir públicamente. Claro que era brava. Pero fue parte de la construcción de las Madres: si ellas no hubieran estado en la Plaza todos los jueves del 77 hasta hoy hubieran desaparecido del escenario político. La verdad de las Madres es tan dura, tan cuestionadora e intransigente, que la única garantía que tienen para sostenerla es poner el cuerpo. Por otro lado, quería demostrar que más allá de un coraje fuera de toda discusión, las Madres han generado praxis y teoría política. La socialización de la maternidad, hacer una síntesis de las luchas de sus hijos e hijas y construir algo nuevo es un ejemplo extraordinario.
–¿Cuándo comienza ese proceso?
–Cuando se empezaron a juntar, las Madres se dieron cuenta que no tenían que preguntarse respecto de dónde militaban y qué acciones hacían cada hija/o porque eso podía conspira contra el denominador común de todas ellas que era la ausencia de los hijos. Nunca reivindican: mis hijos militaban en tal o cual organización. Ellas reivindican a todos por igual: son todos desaparecidos y son todos revolucionarios. Esa es una síntesis política que les permitió proyectarse políticamente e intervenir en las diferentes circunstancias desde que irrumpieron en la política.
–¿Cuál es la importancia de Hebe en las luchas de las mujeres?
–Hebe reformuló el rol de la mujer en las sociedades capitalistas de una manera radical. Ella representa la figura de la Madre en política. Sale de la cocina a la Plaza de Mayo y de ahí al mundo para denunciar lo que pasa en la Argentina. Eso, sin dejar de reivindicar su lugar en la cocina porque era una cocinera extraordinaria y vindicaba ese rol de la mujer en la familia. Así, ella ponía en el centro la maternidad, la cocina y la política. Eso le sirvió para resistir la represión. Porque justamente el rol de madre, el núcleo de la familia era lo que supuestamente la dictadura venía a defender porque estaba en riesgo por los comunistas. En ese sentido, Hebe ataca el monopolio y el centro discursivo de la dictadura.

